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Andalucía cierra el asador que desafió la ley contra el tabaco

El hostelero insumiso de Marbella, en actitud de mártir de la libertad, aceptó la clausura ante el temor a ser detenido. "No consiento este atropello de un Gobierno terrorista", declaró

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Un asador con 16 trabajadores ubicado en una exclusiva zona residencial al sureste de San Pedro Alcántara, en Marbella, se convirtió ayer en el primer local de España cerrado por incumplir la Ley Antitabaco que entró en vigor el 2 de enero. No fue fácil. El dueño del local, José Eugenio Arias-Camisón, que adoptó la actitud de un mártir de la libertad dispuesto a dar la vida por su oasis de humo, mantuvo hasta el último minuto antes del cierre, poco antes de las 21.00 horas, una actitud retadora e insumisa, llegando a convertir el local en un fortín desde el que incluso vetó el acceso a la Policía Nacional.

El cierre se veía venir. El martes 8 de febrero la Delegación de la Consejería de Salud en Málaga comunicó a Arias-Camisón una propuesta de sanción de 145.000 euros y le advirtió de que se exponía a la clausura del establecimiento. ¿El motivo? Desde que entró en vigor el 2 de enero, Arias-Camisón ha desatendido todos los llamamientos de Salud para que cumpla la ley. En su local permite el consumo de tabaco y se niega a retirar un cartel en el que hace pública exposición de su insumisión.

La reacción de Arias-Camisón a la propuesta de multa fue acusar públicamente a la Junta de prevaricar y adelantar que no pagaría un céntimo ni vetaría el tabaco en su local.

La autoridad sanitaria respondió al desafío informando ayer por la mañana de que por la tarde notificaría en el local el cierre del mismo. La clausura se justifica en el incumplimiento del artículo 35 de la Ley General de Sanidad, de 1986, que considera infracción muy grave 'el incumplimiento reiterado de los requerimientos específicos que formulen las autoridades sanitarias'. En este caso, de las peticiones cursadas para que acatara la ley contra el tabaco.

La secuencia de hechos de la tarde osciló entre lo patético y lo grotesco. Un Berlanga o un Valle Inclán hubieran disfrutado de lo lindo. A las 17.03, dos inspectores de Salud llegaron al establecimiento. Una inspectora le entregó la notificación de cierre con toda formalidad a Eugenio Arias, padre del dueño. El hombre la firmó con un estoico 'no conforme'. La veintena larga de clientes lanzaban proclamas del tipo 'el asador no se cierra' y esgrimían orgullosamente sus cigarros humeantes, convertidos en símbolo de su batalla.

Los inspectores dialogaron con Arias y con el encargado del local, Javier Milla, para que el cierre se hiciera de la forma más pacífica posible. Pero ambos se remitieron a la decisión de José Eugenio Arias-Camisón, el propietario y héroe de los parroquianos, que se encontraba de camino desde Madrid, donde había estado esforzándose en su campaña contra la ley, recogiendo firmas y llamando a la insumisión a sus colegas hosteleros.

Finalmente apareció a las 18.06, media hora después de que se fueran los impotentes inspectores. Nada más llegar aclaró sus numantinas intenciones con una frase bañada en la misma retórica de los medios que han jaleado su determinación insumisa: 'No consiento este atropello por parte de este gobierno marxista, dictatorial y terrorista. No me dictará lo que tengo que hacer'.

La Junta ordenó el cierre tras reafirmar el dueño del local su rebeldía

Convertido ya en un mártir de los derechos civiles por los parroquianos, Arias -que invitó a copas a los clientes y se encendió un orgulloso puro-, añadió: 'Igual tengo que pasar la noche en la cárcel, pero voy a morir matando'. Sobre las 19.00 horas, los inspectores volvieron con dos agentes de la Policía Nacional. El propietario no los dejó entrar por no llevar orden judicial. 'Esto es un local privado', les dijo.

Dentro del mismo se intensificaban la humareda y la algarada de los clientes atrincherados, muchos de ellos habituales del local. De la algarabía nacían gritos como 'dictadores comunistas'.

A las 20.00 horas no estaba nada claro qué iba a pasar. Arias-Camisón seguía enrocado en su no pasarán. Hay una clave que puede ayudar a comprender su postura. El propietario del local sabe que tiene quien jalee su actitud desde las tribunas públicas. Sin ir más lejos, tras recibir el martes 8 de febrero una propuesta de multa de 145.000 euros, fue entrevistado en Intereconomía, donde lo ensalzaron como una víctima del totalitarismo.

'No es un héroe del tabaco, es un héroe de la libertad', resumió el conductor de la tertulia nocturna, que luego lo despidió con un mensaje de ánimo: 'Suerte en su campaña, o en su ofensiva. O en su cruzada'. Luego lo invitaron a recoger firmas en la puerta de la sede de la cadena.

Arias-Camisón llegó a cortar el paso a la Policía mientras dentro se fumaba

Tampoco le dieron la espada ayer sus colegas del sector. El secretario general de la Federación Andaluza de Hostelería, Antonio García, dijo que el cierre es una medida 'desproporcionada', informa Europa Press. El jefe patronal afirmó no estar de acuerdo con las actitudes insumisas, pero 'tampoco con las formas, ni la sanción, ni la ley, que supone una bomba de relojería para el sector'.

Pese a estos apoyos, el asador Guadalmina puso su última copa ayer a las 20.55 horas. Los abogados del hostelero, tras reunirse con los inspectores de la Junta, lo hicieron entrar en razón. Arias-Camisón capituló tras su ceremonial de resistencia envuelta en humo y regada en copas. Antes de las 22.00 horas el acceso al local ya había sido precintado.

El hostelero entró en razón, pero sólo a medias. Sus declaraciones a los periodistas posteriores al cierre evidencian que le queda cruzada para rato: 'La Policía Judicial me obliga a cerrar. Aunque no hay orden, no puedo negarme porque si no tengo que ir a la cárcel y mi idea es seguir luchando'.

Incluso declaró su intención de montar un proyecto al margen de la ley. 'No descarto buscar un local que esté ya montado y reiniciar el negocio, en el que de nuevo permitiré fumar, para luchar así contra este gobierno dictatorial', anunció.