Publicado: 23.07.2014 23:40 |Actualizado: 23.07.2014 23:40

Angrois lucha contra el dolor alejándose mentalmente del trazado de las vías

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Vivir una desdicha de la magnitud del accidente de tren de Santiago, acaecido el 24 de julio del año pasado, puede acarrear multitud de secuelas para supervivientes y familiares de los fallecidos, pero también para los propios vecinos que ayudaron a los viajeros, "sin pensarlo" y con sus propias manos.

El sociólogo José Pérez Vilariño señala que la búsqueda de la supervivencia, capacidad que se considera innata al ser humano para hacer frente a situaciones de esta índole, es la raíz y el cimiento de la sociedad gallega: "Galicia -dice- es un país especialmente construido para la supervivencia".

La capacidad de "luchar por mejorar" y la de "sacrificarse" por el prójimo, sin esperar nada a cambio, es una herramienta de cohesión social muy buena y muy importante, que se justifica y apoya en una educación previa solidaria, que tiene como principio buscar "el bien común" antes que el individual, algo que está muy presente en la cultura tradicional en Galicia.

"La búsqueda del bien común antes que el individual está muy presente en la cultura tradicional en Galicia""Tendieron la mano al desconocido, al que lo necesitó, sin mirar a nada ni a nadie", ilustra el investigador. La experiencia de todas esas manos que actuaron en las labores de ayuda durante esa fatídica jornada supone un episodio "fuera de lo común" y eso cada individuo "lo afronta o lo asume" de una manera distinta, pero todas ellas "muy respetables", sostiene Pérez Vilariño, quien insiste en que "cada uno reaccionamos como podemos".

El sociólogo considera que convertir la "zona cero" en un homenaje con tratamiento memorial a todos los involucrados en esta tragedia es una "marca diferente y positiva", pero "estigmatizar" lo sucedido o "comercializar" con los muertos para otros fines convertiría este lugar en un "despropósito" y sería como transfigurarlo en un "arma política".

Las características de este núcleo poblacional de Angrois, situado a las afueras de la ciudad de Santiago, pero rural, son elementos indispensables de esta actitud solidaria que traspasó fronteras y que sirve de ejemplo, paradigma y patrón para una humanidad que tiene mucho que aprender.

Pero, a la vez, estas particularidades hacen que los sentimientos y las emociones no se exterioricen "por la vía psicológica", apunta el antropólogo Marcial Gondar, "sino que se somatizan". Aunque "el trauma de una muerte produce dolor y angustia en todas las culturas", Gondar manifiesta que, no obstante, la manera de enfrentarse y plantar cara a esa angustia es lo que marca la diferencia entre el mundo tradicional y el mundo moderno.

También subraya que se ha pasado de una sociedad unida en la que los individuos se acompañaban en los traumas, para convertirlos en "más llevaderos", a otra en la que los problemas de cada uno se solucionan en su propia intimidad.

"No hay ninguna pastilla ni ninguna técnica. La verdadera terapia sería un espacio para intercambiar cosas vivencias"Agrega que el cambio social de los últimos años provocó el paso de grupos sociales "muy interactivos" a una sociedad en la que cada casa es "casi una taifa", en la que la independencia es característica común entre ellas. "No hay ninguna pastilla ni ninguna técnica. La verdadera terapia sería un espacio para intercambiar cosas, como las vivencias en común", resalta Gondar.

Ambos expertos coinciden en destacar que, tras vivir una situación de esta envergadura, es normal y habitual quedar "impresionado" y tardar en olvidarlo. Lo cierto es que, ya sea con ayuda o sin ella, superar una tragedia requiere de tiempo, valor y fuerza, además de apoyo de los seres queridos.

Pero lo importante, y lo que señalan estos expertos, es manejar el dolor, no reprimirlo, y utilizarlo como método de superación para que no termine por dominar la vida de aquel que ha tenido que ver de 'tú a tú' tanta amargura y desconsuelo.