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Aparcada la batalla contra las lenguas cooficiales en el Senado

El PP mantendrá por ahora la posibilidad de usar el catalán, el gallego y el euskera en los debates de las mociones en el pleno. Alega que su "prioridad" debe ser sacar a España de la crisis, y no introducir un element

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Cómo cambian las tornas. Lo que ayer era “pintoresco”, poco más o menos que un “espantoso ridículo”, “a nivel mundial”, y un “disparate”, hoy no pasa de ser un episodio normal y digerible. Quizá algo incómodo. Poco más.

No hay nada como ganar unas elecciones por mayoría absoluta para tamizar (o borrar) los prejuicios anteriores. En abril de 2010, cuando el PSOE y los nacionalistas decidieron poner en marcha la maquinaria para modificar el Reglamento del Senado y permitir el uso de las lenguas cooficiales en el debate de mociones en el pleno, el PP barruntó casi el advenimiento de las siete plagas. Hasta que finalizó la tramitación, lo tachó de cambio “innecesario”, que haría del Senado “la Cámara de la versión original subtitulada”, un lío en el que el PSOE se metía por la “debilidad del Gobierno” y por la “presión” del PSC. Hablar en euskera, catalán o gallego era dar “un paso más en el desprestigio del Senado”. Por no hablar de dineros: el PP lo tachó de dispendio, de una iniciativa “altamente gravosa”. Y eso que el uso de las lenguas supuso sólo el 0,63% del Presupuesto de la Cámara Alta en 2011. O sea, 350.000 euros de un total de 55,1 millones.

Los conservadores están dispuestos a reforzar el carácter territorial de la Cámara Alta

El PP ya está en el poder, gobierna con holgura el Senado y corteja a CiU. Y, pese a las pataletas del pasado, no prevé dar marcha atrás ni sacar por ahora las lenguas del pleno. Ayer jueves, su portavoz en la Cámara, Xosé Manuel Barreiro, un reconocido gallego de pro –“Aprendí gallego antes que castellano y no soy sospechoso de no defender mi lengua”–, lo confirmó. “Ese debate [el de revertir el uso de los idiomas cooficiales] no se ha planteado, no es prioritario. Y si sale, ya daremos nuestra opinión. Si fruto del análisis de costes, se llega a una conclusión, ya se verá”, dijo en un desayuno con periodistas en el Senado.

Barreiro destacó que él estuvo también en contra de aquella modificación del Reglamento que entró en vigor en 2011 y validó los argumentos de siempre de su partido: no es necesario, los senadores hablan entre ellos en castellano, y quienes mejor defienden el papel de sus lenguas son las propias autonomías. 'Y si el argumento es que es la Cámara de representación territorial, ya se hablaban las lenguas en la Comisión General de las Comunidades Autónomas' desde 2005, reforma que sí contó con el apoyo del PP. Además, denostó la “hipocresía” del PSOE, que no quiso ver al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero enfundarse el pinganillo. La fórmula sigue sin gustar, pero no toca revisarla ahora, ya que la “prioridad” es la crisis. “No daríamos buena imagen si empezáramos a discutir de este asunto que nos divide, con la que está cayendo”, arguyeron tanto Barreiro como su número dos en el grupo, Antolín Sanz.

Sí pueden llegar cambios por otro flanco: el PP está dispuesto a afrontar la reforma del Senado, para que la tramitación de iniciativas de carácter territorial arranque allí, y no en el Congreso. Tocar la Constitución para modificar la elección de senadores –el punto conflictivo– o hacer que le sea más complicado a la Cámara Baja tumbar los vetos a las leyes salidos del Senado es harina de otro costal. Una tarea que por ahora seguirá fuera de agenda.

Se prevé que Rajoy emule a Zapatero y acuda a las sesiones de control en el pleno del Senado

Por el momento, lo inmediato es la organización de la Cámara: en dos semanas, el 24 de enero, habrá pleno y se constituirán las comisiones (para acomodarlas a la estructura del Gobierno) y la Diputación Permanente. Lo previsto es que el PSOE presida la de Presupuestos –y sólo esa– y que el PP ceda la jefatura de una de ellas a CiU y otra tal vez al PNV. No a Entesa pel Progrés de Catalunya (suma de PSC e ICV). Se desgajará Cultura de Educación y pervivirá Igualdad, al tiempo que desaparece la de Ciencia e Innovación, pues se subsumirá en la nueva de Economía. También se separan las dos áreas que gestiona Miguel Arias Cañete: existirá una Comisión de Medio Ambiente y Cambio Climático –que deja de ser una comisión mixta Congreso-Senado– y otra de Agricultura, Pesca y Alimentación. En total, habrá 23 comisiones, según los cálculos Barreiro y Sanz.  

Última cuestión: la sesión de control. ¿Acudirá Mariano Rajoy una vez al mes al pleno del Senado, a someterse a las preguntas de la oposición, siguiendo la costumbre que implantó Zapatero desde 2004? Barreiro avanzó que sí, que así será. 'No tengo duda de que el presidente del Gobierno lo mantendrá', señaló.