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"Todo puede ser un arma: no hay reglas"

Un violento sistema de lucha israelí penetra en España

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Un bolígrafo, un puñado de monedas, unas llaves, un teléfono móvil o un vaso. Cualquier cosa vale, llegado el momento. 'Todo puede ser un arma: no hay reglas, todo vale. El practicante de Krav Maga no está limitado por normas y empleará para la defensa cualquier recurso, incluso gritar, escupir o fingir pánico', reza la web de una de las cuatro asociaciones aglutinantes en España del Krav Maga, una traducción para la lucha callejera de las técnicas usadas por las fuerzas de defensa y los servicios de seguridad de Israel.

El Krav Maga no es un deporte: no tiene competición. Ni un arte marcial: no tiene ornamentación ni filosofía subyacente. Su fundador, Imi Lichtenfeld, comenzó a desarrollarlo en grupos paramilitares durante la lucha de Israel por la independencia, alcanzada en 1948. Cuando se fundó su ejército, incorporó y adaptó a las necesidades militares las técnicas de combate cuerpo a cuerpo desarrolladas durante los largos años de lucha.

'Aquí vale todo, como en una pelea callejera', ilustra un instructor

Eso es Krav Maga, 'lucha de contacto', en hebreo. Su Federación Internacional, presente en España, promociona esta disciplina con el reclamo de que 'enseña cómo neutralizar a un terrorista con una granada de mano o con un arma larga de fuego'. En España está ganando adeptos, entre ellos, numerosos policías, guardias civiles, escoltas y vigilantes de seguridad, atraídos por una disciplina en la que se predispone al alumno a reaccionar atacando ante alguien que desenfunda un arma o saca una navaja. 'En España se imparte en unos 60 centros. Sólo en el último año se han sumado 20', asegura Oskar Curro, presidente de la Asociación Española de Krav Maga, que explica que este auge ha provocado otro paralelo, y no cuantificado, de intrusismo. Y añade: 'El tirón tiene que ver con el prestigio de Israel en temas de seguridad'.

Oskar enseña Krav Maga en el gimnasio Aquarea, en Madrid, ciudad que concentra el grueso de la oferta. 'Vale todo: morder o dar cabezazos o una patada en los genitales, como en una pelea callejera', explica. A la clase puede acudir cualquier mayor de 16 años. Entre los alumnos abundan militares, escoltas y funcionarios de prisiones. 'Lo hacemos para sentirnos más seguros', dice Gustavo, que decidió aprender después de que un ladrón le entrara en casa. También hay un grupo compuesto por mujeres víctimas de violencia de género. 'Se les enseña sobre todo a pegar en los genitales y en los ojos', cuenta Oskar.

'El Krav Maga busca el camino más corto hasta el resultado. En el taekwondo se tarda años en llegar a lo que en Krav Maga se quiere aprender con el mínimo recorrido', reflexiona Antonio Castro, presidente de la Asociación Española de Artes Marciales Coreanas: 'Para policías o escoltas puede servir. Pero, con todo respeto, no veo su utilidad para un ciudadano de a pie'.

'Hay que sacar la agresividad del alumno, por poca que sea', añade

Aunque hay profesores de Krav Maga en España desde 2002, su auge se viene produciendo en los tres últimos años. David Vallejo empezó en septiembre a impartirlo en tres centros de Sevilla. En el Kyohan Dojo, unos 15 alumnos, la mayoría hombres menores de 40, combinan ejercicios aeróbicos con otros en los que aprenden a lanzar el codo a la barbilla o a doblegar a un rival en una pelea en el suelo. 'En dos o tres meses trabajaremos con palos y simulaciones de pistolas', cuenta David, apasionado de las artes marciales que proviene del kárate y que imparte también cursos específicos para policías.

Pronto comenzará con clases en las que se somete a los alumnos a situaciones de estrés, como la de tener que defenderse a oscuras de un ataque. 'Hay que sacar la agresividad del alumno, por poca y escondida que esté, para que se encienda cuando la situación lo exija', cuenta David.