Publicado: 23.01.2014 07:00 |Actualizado: 23.01.2014 07:00

Bajarse los pantalones para no apretarse el cinturón

La plataforma Berri Otxoak mantiene una singular campaña de denuncia contra los recortes en políticas sociales de Iñigo Urkullu y Mariano Rajoy

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Llevan unos 15.000 euros en multas. En pocos meses enfrentarán el enésimo juicio de faltas por sus habituales protestas. No hace mucho, algunos de ellos fueron criminalizados a través de unas octavillas anónimas. Pero no se callan ni tampoco se visten. Este miércoles, los militantes del colectivo social Berri Otxoak volvieron a recorrer las principales calles de Bilbao para criticar los recortes del presidente Mariano Rajoy y del lehendakari Iñigo Urkullu.

Tanto el jefe de La Moncloa como el responsable del Gobierno vasco formaron parte de la protesta, al menos de forma figuarada, que tuvo lugar bajo una fina llovizna que acabó en una molesta lluvia. Ataviados de romanos, ambos políticos -caretas de por medio- se dedicaron a fustigar a "personas afectadas por el desempleo, la crisis y las dificultades para llegar a fin de mes".

Era una particular versión de la religiosa "penitencia de los picaos", en la que sus participantes se fustigan durante una procesión. En este caso, el dolor lo provocaban Rajoy y Urkullu.  "Con esta protesta queremos denunciar los recortes en materia de derechos sociales, unas medidas que no sólo son aplicadas por el Gobierno español: aquí también habrá importantes tijeretazos en los presupuestos del Ejecutivo vasco", afirma a Público uno de los fundadores de Berri Otxoak, Juan Carlos Becerra. Hoy le ha tocado disfrazarse de romano, lo que se traduce en un pequeño taparrabos de tela blanca.

En 1992 el Ayuntamiento de Barakaldo cerró el local donde se reunía un colectivo por los derechos sociales

Hace casi 22 años, Becerra fue uno de los tantos militantes sociales de Barakaldo que, de la noche a la mañana, se quedó sin lugar de reunión. En agosto de 1992, el Ayuntamiento -entonces y ahora en manos del PSE- entró al local municipal que había cedido en los 80 a varios colectivos del pueblo, cogió sus enseres y los tiró en un vertedero.

Sin imaginarlo, el alcalde de turno acababa de dar el empujón necesario para el nacimiento de Berri Otxoak, un grupo centrado en la lucha contra la exclusión social. Dos décadas después, sus integrantes han sido identificados por la Ertzaintza en multitud de ocasiones. La mayoría de las veces, como ha ocurrido este miércoles, iban ligeros de ropa.

"Algunos de nosotros provenimos del movimiento insumiso, que solía caracterizarse por realizar unas acciones imaginativas que despertaban simpatía entre la población", explica Becerra. Siguiendo ese ejemplo, los miembros de Berri Otxoak se desnudaron por primera vez en público en 1999.

Ocurrió en el hall del ayuntamiento de Barakaldo, cuyas paredes jamás habían acogido la presencia de personas en paños menores. Para este activista, se trata de la protesta más recordada. "Denunciábamos el caso de una mujer que se había separado y que no podía cobrar ayudas porque su marido seguía empadronado en la misma casa", relata. "Era una situación muy injusta, dado que él tenía trabajo y ella no", puntualiza.

"Igual no consigues cambiar la macroeconomía, pero sí el día a día" Pocas horas después de que se desvistieran en las dependencias municipales, la Diputación de Bizkaia admitió que cerca de 200 mujeres sufrían ese mismo problema y anunció que elevaría una propuesta al Gobierno vasco para que modificase la ley, tal como finalmente ocurrió.

Los manifestantes en calzoncillos acababan de ganar su primera batalla. "Ahí te das cuenta de la trascendencia que puede tener una protesta. Igual no consigues cambiar la macroeconomía, pero en el día a día sí puedes conseguir mejoras en la calidad de vida", resume Becerra.

El portavoz de este colectivo también recuerda la última amenaza de sanción a raíz de sus acciones. En esta ocasión, les acusan de ocupar unas oficinas de Lanbide -el servicio vasco de empleo- en Bilbao. Aún no saben a cuánto ascenderá la multa, pero calculan que no bajará de 300 euros por participante. Si el juez lo estimase oportuno, incluso podría llegar hasta los 3.000 euros. "Cuando hacemos ese tipo de cosas sabemos que traerá aparejado que venga la Ertzaintza, te identifique y, normalmente, que todo acabe con una multa. De todas maneras, tenemos claro que nunca nos vamos a esconder: queremos hacer nuestros actos de forma pública, por lo que asumimos las consecuencias", explica.

Hace algo más de dos meses, esa inquebrantable voluntad los hizo protagonistas de otro singular episodio. Poco después de que esta plataforma difundiera unos carteles en los que denunciaban los sueldos anuales del actual alcalde socialista de Barakaldo, Alfonso García -86.404 euros-, y de la concejala de Acción Social, Amaya Rojas -83.058 euros-, en esa misma localidad aparecieron unos panfletos anónimos con datos sobre las ayudas que percibían Becerra y otro integrante de Berri Otxoak.

Según aseguran algunos vecinos, esas octavillas fueron lanzadas desde un coche por dos personas que llevaban el rostro cubierto. "Si tienen que llegar a ese extremo para desacreditarnos, queda confirmado que estamos molestando, lo cual nos da aún más impulso para seguir con nuestra labor", subraya Becerra.

"El 8% de los vecinos de Barakaldo sufren pobreza severa" Además de repartir panfletos y protagonizar llamativas manifestaciones -hace algunas semanas colocaron varias tazas de wáter frente a la sede del PNV y se sentaron sobre ellas con los pantalones bajados, denunciando así que los recortes "son una mierda"-, Berri Otxoak se encarga de mantener una oficina de información sobre ayudas sociales que funciona desde hace 17 años en Barakaldo.

"El lunes pasado pasaron por allí 14 personas, cada una con un drama detrás", comenta su portavoz. De acuerdo a las cifras que manejan los responsables de este servicio, el número de potenciales usuarios irá en aumento: "el 8% de los vecinos de Barakaldo sufren situaciones de pobreza severa; 4.500 personas se acercaron al Banco de Alimentos en 2013; 30 familias perciben alimentos de la organización evangélica Beraca semanalmente; el comedor social de Cáritas atiende todos los días a 65 personas; cada semana cinco familias de la localidad son desahuciadas de sus viviendas", señalan en una nota difundida esta misma semana.

Estas dramáticas cifras son sólo parte de las reivindicaciones planteadas en la manifestación de este miércoles, que acabó frente a las oficinas de Lanbide en Bilbao. En el camino estuvieron acompañados por una patrulla de la Policía Municipal, mientras que la Ertzaintza se encargó de vigilarles tanto al comienzo como al final de la marcha. Al igual que en otras ocasiones, no faltaron los transeúntes que se detuvieron para fotografiarles con sus móviles. Poco antes de recoger la pancarta, uno de los jóvenes que hacía de romano comenzó a toser. "Otro más con neumonía", bromeó uno de sus compañeros. Al otro lado de la calle, los policías no movieron ni un solo músculo de la cara.