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Barcelona acoge la visita con frialdad

El majestuoso interior de la Sagrada Familia contrasta con la tibia respuesta callejera

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La visita de Benedicto XVI culminó ayer con la consagración de una nueva basílica, la novena de Barcelona, que supone la confirmación definitiva de la Sagrada Familia como el símbolo arquitectónico-religioso de la ciudad. Sin embargo, el Papa dejó poca huella entre los ciudadanos.

El pontífice congregó pocas multitudes, sobre todo durante el veloz recorrido desde el Palacio Episcopal hasta la Sagrada Familia. La repercusión de la visita del Papa contrasta con la de su antecesor, Juan Pablo II, hace 28 años. La Iglesia, aunque haya acentuado el mensaje más introspectivo y dogmático, sigue siendo la misma que entonces. El mundo, sin embargo, ha cambiado. Y el Papa, también. Si Juan Pablo II emprendió entonces un movimiento reaccionario de expansión universal, Benedicto XVI aspira ahora a reconvertir a toda costa la Europa laica.

Durante todo el día se sucedieron los actos de protesta al viaje papal

El Papa polaco reunió en 1982 a 100.000 personas en un foro pagano como era el Camp Nou. Además, su viaje contó con una campaña y un lema, 'Totus tuus'. Tan sólo unas banderolas de plástico con un lacónico 'Bienvenido' recibieron a Benedicto XVI ayer. Tampoco ayudó al éxito que Ratzinger circulase en el papamóvil a una velocidad que sólo permitía que la gente viera al pontífice en un parpadeo.

La frialdad callejera se convirtió en calidez en el interior de la Sagrada Familia. El templo mostró al mundo el esplendor de su nave completa, con las intrincadas columnas pensadas por Gaudí como árboles que se ramifican. En medio de la ceremonia, el obispo de Barcelona, Lluís Maria Sistachs, mostró a los 15.000 asistentes la bula papal que certificaba la consagración de la Sagrada Familia, el templo más visitado de Barcelona y cuyas obras de construcción se sufragan con donaciones privadas y con las entradas de los visitantes.

El templo fue consagrado 20 años antes de la fecha del fin de las obras

La obra más ambiciosa del modernista Gaudí es desde ayer una basílica, 128 años después de iniciarse su construcción y, como mínimo, 20 años antes de su finalización, prevista para el 2030. Aún falta levantar 10 de las 18 torres previstas, pero los trabajos pendientes son sobre todo exteriores.

La Sagrada Familia demostró durante la ceremonia tener una buena acústica y una iluminación, que se activó solamente después de consagrar el altar, espectacular. La ceremonia, con la presencia de los reyes de España, terminó con el rezo del Angelus frente a la fachada del nacimiento, que es la entrada principal al templo.

Las protestas de los críticos fueron numerosas a lo largo de la mañana, aunque tampoco estuvieron muy concurridas. Todas ellas transcurrieron sin incidentes serios pese a que en más de una ocasión coincidieron partidarios y detractores de la visita. Frente a la Catedral, el colectivo homosexual organizó una besada bajo el lema 'Yo no te espero' cuando Benedicto XVI abandonaba el Palacio Episcopal.

Otras manifestaciones contra la visita se sucedieron durante la mañana. Una convocatoria feminista fue secundada por la CNT. 'La virgen del Rocío es un tío', gritaban los asistentes, que luego se juntaron con otros colectivos bajo el lema 'Dejémonos de hostias'.