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Un barrio a la espera de su gran oportunidad

Los desmanes en las obras del AVE Madrid-Barcelona han llevado el Gornal a las portadas pero sus gentes luchan para no ser mala noticia

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En 1957 Paco Candel, que acuñó el concepto de los 'otros catalanes', escribió su primera novela de éxito, Donde la ciudad cambia su nombre. Hasta mediados de los 70 el barrio del Gornal no existía; eran huertos y alguna masía pero los paisajes urbanos que él retrató no distan mucho de lo que ha sido este joven barrio social de l'Hospitalet, vecina de Barcelona.

El Gornal y sus 10.000 almas están encajonados entre la Gran Vía y las vías de la obsoleta red de Cercanías de Renfe y de un AVE que ya está en Barcelona con los cuatro años de retraso preceptivos. Sus bloques, de 14 plantas, alternan monótonamente el verde y el rojo en la decoración. No hay infravivienda pero la sensación de 'aislamiento' marca a sus humildes vecinos -con destacada presencia gitana e ínfimo porcentaje de inmigrantes- y dificulta asentar los servicios.

Hace 5 años que les ha tocado la china de las obras: Barro, polvo, camiones y mucho, pero que mucho, ruido... Primero la Gran Vía, ahora el AVE y mañana la Avinguda Vilanova para cubrir Cercanías. En esta última actuación, que acabará en 2011 y convertirá en historia los puentes que les unen con Bellvitge, vecinos y Ayuntamiento, gobernado por un PSC con mayorías absolutas exorbitantes, tienen depositadas sus esperanzas de cambiar el sino de un barrio sin demasiados problemas de convivencia y que es lo que más se asemeja a un pueblo en todo el impersonal cinturón rojo de Barcelona.

Como en una zona rural 

Así lo explican miembros de la Coordinadora de Entidades, que reúne a 16 y es la interlocutora de la administración. Teresa y Cinta, del Grup de Dones, María, de la parroquia, y José y Pedro, 'sólo vecinos', reciben a Público en el centro cívico y, en un aula para adultos, explican como niños con zapatos nuevos qué les han prometido después de años 'pasándolas canutas'. Como si fuera una zona rural han cerrado tres de los cuatro colegios. Los padres prefieren centros concertados y otras zonas. En su única escuela el 60% de niños son gitanos y un 30% magrebíes. Les fastidia, explica Teresa, aparecer 'siempre en negativo'.

Pero escuece más la falta de unidad en el Gornal 'por motivos personales o políticos'. Señalan a José Otero, de la Plataforma de Afectados del AVE, y a Juan Álvarez, de la Asociación de Vecinos Carmen Amaya. Los dos anfitriones del fichaje del PP, el millonario Pizarro, cuando visitó el barrio lanzan sapos y culebras tildando a los de la Coordinadora de 'estómagos agradecidos'. La división está servida.

Otero, a quien es tan fácil ver en un mitin del PP oyendo a Rajoy como en uno del PSC protestando pancarta en mano, explica que hay grietas -'se sellan con silicona y pintan'- en los bloques y que el barrio está plagado de socavones y tuberías reventadas por unas 'obras ilegales'. Los sensores para detectar si los edificios se mueven no dan motivo para la alarma pero él pronostica que hay movimientos y los habrá 'durante diez años'.

Más contundente aún es Álvarez cargando contra el Ayuntamiento por pedir 'el nombre de los socios de las entidades para subvencionarlas', denunciando mobbing inmobiliario y que hay pisos sociales vacíos. Su discurso es duro y lo saben. Pero sentados en la mesa de uno de los bares del barrio que nutren su pobre red comercial advierten: 'Es cuestión de esperar, el tiempo nos dará la razón'. Entre tanto no paran. Otero muestra el Gornal desde la azotea de un bloque y se dirige a la vecina del ático que le ha dejado las llaves para que 'esté atenta' porqué llegarán 'malas noticias de las obras'. La señora, harta y preocupada, pide detalles. Otero, envuelto en un hábil halo de misterio, la obliga a conformase con un 'ya les contaremos cuando podamos'. Seguramente tienen razón quienes dicen que se ha fallado en la información y que cuando se ha querido remediarlo era tarde. Ahora sólo cabe confiar en que los equipamientos prometidos sean realidad y con ellos llegue, al fin, la oportunidad.

Las instituciones, con el consistorio al frente, y los vecinos han acordado un plan para compensar al barrio. Pese a que la teniente de alcalde, la socialista Núria Marín, recuerda que, por su aislamiento, el Gornal ya goza de una ratio alta de equipamientos destaca que se trabaja en proyectos, incluso a nivel europeo, para potenciar sus redes sociales y comerciales.

Hay comprometidos, además de la cobertura de vías para ganar 80.000 metros cuadrados de zona de paseo, 7.000 metros más en equipamientos: un polideportivo, un centro de salud nuevo, una residencia de día y una estación de metro. Marín explica que el polideportivo tendrá mucho impacto porqué forzará a otros vecinos de l'Hospitalet a ir al Gornal para usarlo, cosa que hasta ahora era al revés. Sólo los del Gornal cruzaban las vías. Cuando todo acabe nadie lo hará.