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Batasuna insiste en que la salida es un proceso de paz

En el entorno de Otegi se cree que es necesario preparar el camino hacia el diálogo pese a que el Gobierno no esté por la labor

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La izquierda abertzale representada por Batasuna seguirá los próximos meses la hoja de ruta marcada para intentar abrir un nuevo proceso de paz. Los interlocutores consultados ayer coincidieron en remarcar la necesidad de seguir con ese planteamiento por encima de las dificultades puntuales y pese a considerar que el Gobierno socialista no está hoy por hoy en esa clave.

La declaración realizada ayer mismo por el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, tras la caída del tercer jefe militar en cinco meses, en contra de abrir otro proceso de diálogo en el futuro, tampoco ha causado mayor sorpresa en la ilegalizada Batasuna.“Eso es lo de siempre. Yo no sé cómo está ETA. Lo que sí sé es que, aparte de ETA, aquí hay un conflicto político y que para conseguir la paz en Euskadi será necesaria la buena voluntad de todos en un proceso de diálogo, como ha ocurrido en otros conflictos en cualquier parte del mundo”, señaló un dirigente abertzale cercano a la línea de Arnaldo Otegi.

El ex portavoz de la ilegalizada Batasuna ha recuperado los últimos meses cierto protagonismo y liderazgo, en comparecencias públicas medidas, que aprovecha para defender que el último proceso de paz sirvió para poner sobre la mesa todas las “piezas” necesarias para lograr la paz y una solución definitiva al “conflicto vasco”. “Sólo hay que ordenarlas”, acostumbra a decir.

Esta misma semana volvió a marcar la pauta en esa dirección. Después de que ETA difundiera el pasado domingo, con motivo del Aberri Eguna, un comunicado en el que amenazaba al futuro Gobierno vasco de Patxi López, Otegi tomaba distancias de algún modo, en una entrevista en Radio Euskadi, asegurando que “el cambio de Gobierno no es el elemento esencial y, por tanto, no estamos ni más lejos ni más cerca de un proceso de paz”.

El ex portavoz de Batasuna trabaja, pues, en esa línea junto a otros históricos de la izquierda abertzale, como Rafa Díez Usabiaga. Ayer, asistieron juntos de nuevo a un acto organizado por el colectivo de familiares de presos de ETA Etxerat, en Durango, para denunciar la política de dispersión de los reclusos de la banda, iniciada hace 20 años.

Durante las últimas semanas, ha vuelto a coger fuerza el debate abierto en las cárceles sobre la “lucha armada”. Según las fuentes consultadas en la izquierda abertzale, la posición que mantengan los presos en las cárceles puede resultar definitiva para asistir al final de la violencia. Durante los últimos años, las discrepancias con la línea actual de ETA se han ido destapando casi de forma individual entre dirigentes y activistas relevantes en los años 80, como Francisco Mujika Garmendia, Pakito, José Luis Álvarez, Txelis, Kepa Pikabea, José Luis Urrusolo y Carmen Gisasola, entre otros.

Los defensores del final de la violencia en la izquierda abertzale consideran, no obstante, que si el Gobierno pusiera fin a la dispersión y permitiera la concentración de los reclusos en cárceles de Euskadi, facilitaría un debate más abierto entre ellos, como ocurrió en Irlanda con el IRA. Ayer, en el acto de Durango, el colectivo de presos de ETA (EPPK) difundió un texto en el que decía que seguirán “firmes” ante “el juego sucio de la dispersión”.

En este contexto, la ilegalizada Batasuna trabaja en la idea de formar una alianza con otras fuerzas abertzales para propiciar un proceso de paz ante un futuro más que incierto para sus intereses. Necesita buscar una solución para estar presente en las elecciones municipales y forales de 2011 si no quiere evitar una mayor pérdida de su masa social. En las elecciones vascas del 1 de marzo, sumó 101.000 votos nulos, 50.000 menos que los logrados en los comicios autonómicos en 2005 con EHAK.

Hay otras dos certezas. Aralar se ha convertido en una vía de escape para los militantes descontentos con la estrategia actual, y el desapego de las bases con la violencia aumenta año tras año. Según datos del Euskobarómetro, desde la ruptura del alto el fuego, en junio de 2007, un 66% de los votantes de la izquierda abertzale ilegalizada desaprueba la violencia. Según un documento interno difundido ayer por TVE, el diagnóstico es que “la actividad se ha reducido a mínimos” y “hay peligro de que se intensifique la desmovilización”.