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Botar, más que votar

  

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La Real Academia Española (RAE) define en la primera acepción del verbo botar así: 1. tr. Arrojar, tirar, echar fuera a alguien o algo.

Viene a cuento porque las encuestas internas de los partidos siguen indicando que brillan por su ausencia ya no digamos corrimientos importantes de votos sino pequeños movimientos. Quizá, como algunos expertos afirman, porque los indecisos arrastrarán su duda hamletiana hasta el último día. O, tal vez, porque en estas elecciones la gente está decidida a botar, más que votar. Si se prefiere: votar botando.

El sentido del voto de los electores progresistas se va a dispersar

Botar en unas elecciones es, por supuesto, un ejercicio democrático. Pero da la impresión de que las tendencias subyacentes en la sociedad española, y sobre todo las tendencias que afectan a un vasto espectro de votantes socialistas y de izquierda, sugieren que la gente quiere botar a los partidos tradicionales.

Los votantes de centro que daban su apoyo al partido socialista protagonizarán una importante fuga hacia el PP. Van a botar, en el sentido del castigo, al PSOE del Gobierno.

Pero los electores progresistas se van a dispersar. Cuando los resultados entre las dos grandes fuerzas políticas se anticipan apretados, entonces juega el voto útil. Pero cuando sabes lo que con casi total seguridad va a ocurrir, el voto útil consiste en votar por lo que crees. Botas a los que habías votado y ahora en esta nueva oportunidad votas por la fuerza que más se acerca a lo que piensas.

La gente empieza a descreer del sufragio como herramienta para influir

En el fondo, lo que pasa es que, en este espectro progresista, la gente ha empezado a descreer del voto como herramienta para influir, ya no digamos cambiar, sencillamente influir. Según el sociólogo norteamericano Immanuel Wallerstein la razón de este desencanto es que los partidos socialdemócratas se han 'desplazado de manera firme a la derecha, reduciendo su apoyo al Welfare State (Estado del bienestar) y aceptando que el papel de los gobiernos reformistas debe reducirse considerablemente'. Afirma, pues, que 'la solución socialdemócrata se ha convertido en una ilusión. La cuestión es cuál será el reemplazo para la vasta mayoría de la población mundial'.

En su reciente libro, José V. Sevilla (El declive de la socialdemocracia. RBA) advierte del 'dominio de la esfera de la economía en la política democrática, cuyo mermado poder viene a corroborar el ocaso de la socialdemocracia', y propone un 'nuevo compromiso entre capitalismo y democracia' que 'debería consistir en el reconocimiento del papel esencial del espacio político democrático como moderador del sistema económico y decisor en última instancia'. Con todo, Sevilla, exsecretario de Hacienda en el primer Gobierno de Felipe González, no oculta su escepticismo.

Este nuevo compromiso es lo que intenta Rubalcaba. Ayer, Pepa Bueno, en TVE, planteó a Rubalcaba, precisamente, que la izquierda no supo en Reino Unido, en Portugal y, por lo que dicen las encuestas, en España dar una respuesta a la crisis. Rubalcaba vino a decir, al explicar la crisis en la eurozona, que 'es la política, estúpido', y que hay que explicarle a Angela Merkel y a Bruselas que no se puede seguir en esta situación. Claro que aquellos que quieren votar botando dirán: a buenas horas, mangas verdes.