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Un buen marido, pero un mal vicesecretario

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En política se miente tanto que cuando a alguien se le ocurre decir la verdad nadie le cree. Cuando un político dimite por razones políticas suele decir que lo hace por razones personales, de manera que cuando de verdad lo hace por razones personales todos tienden a pensar que sus verdaderas razones son políticas.

Rafael Velasco dimitió este miércoles como vicesecretario del PSOE andaluz tras haber dimitido el martes como parlamentario. Este miércoles, pues, hizo lo que debería haber hecho el martes y el martes hizo lo que tal vez no debería haber hecho nunca: dimitir de un importante cargo político sin que mediaran razones políticas para hacerlo.

Según lo que sabemos, Velasco deja la política por razones estrictamente personales, es decir, por razones estricta y dolorosamente familiares: por esas razones que sus antecesores dimisionarios solían esgrimir falsamente. De un día para otro, tira por la borda una brillante carrera porque así se lo había prometido a su mujer para salvarla del infierno que estaba llamando a su puerta en forma de titulares periodísticos y soflamas parlamentarias bajo la acusación de que su academia ha recibido un trato de favor en la concesión de ayudas públicas que, por lo demás, nadie ha demostrado. En esta operación gana su familia, pero pierde su partido. Velasco es un buen padre y un buen marido, pero un mal vicesecretario.

El callejón no tenía salida: las cosas se habían puesto de tal forma que Velasco podía ser un buen político sólo a costa de ser un mal marido. Un precio demasiado alto que él no ha querido pagar. Está por ver si el que ya ha empezado a pagar, y ha hecho pagar a otros dejando la política, no es a la postre igual o más alto que aquel que había creído ahorrarse.