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Cambios en la coyuntura política

La crisis de Gobierno ha animado al electorado socialista, pero el efecto puede ser reversible

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Tras la formación de un nuevo Gobierno, las intenciones de voto a favor del PSOE, que habían estado cayendo continuamente desde hace nueve meses, suben de golpe tres puntos, lo que, en la estimación de la tendencia de voto, supone una mejoría de cuatro y el acortamiento de la distancia respecto al PP en cinco puntos y medio.

Dos cuestiones tienen especial interés en el análisis de este cambio: en qué sectores del electorado se ha producido el cambio y qué relación tiene con las imágenes de los líderes.

El crecimiento del PSOE se da entre los votantes cualificados y más expuestos a los medios

Sobre la primera cuestión, la comparación entre este Publiscopio político y el del mes anterior es iluminadora. Casi todo el crecimiento de estas últimas dos semanas en las intenciones de voto al PSOE se ha producido dentro de la clientela electoral socialista, y, sobre todo, en sectores de población cuyas opiniones políticas están más y más inmediatamente expuestas al impacto mediático.

Por edades, es en los dos estratos en los que ha predominado el voto socialista durante los últimos años donde se concentra ahora todo su crecimiento: entre los jóvenes (las intenciones de voto al PSOE pasan de 16% a 20%) y, sobre todo, en el grupo de 45-59 años (donde suben ocho puntos esas intenciones, de 15% a 23%). Crecimiento que en ambos grupos se produce en mayor grado entre los varones, más expuestos a las opiniones políticas de los medios.

La influencia del impacto mediático en el cambio siempre dentro de la clientela electoral socialista se constata también en la comparación por grupos ocupacionales y niveles de formación. El crecimiento de la intención de voto al PSOE se produce entre los técnicos, cuadros y profesionales y entre los electores con estudios universitarios (entre 3 y 5 puntos más), mientras que no crece significativamente esa intención de voto ni entre los obreros y los empleados administrativos y comerciales, ni entre los jubilados, ni, en general, entre los electores con estudios de nivel inferior, todos ellos menos interesados en las novedades mediáticas del escenario político.

Para que el Ejecutivo no se queme, hacen falta nuevas políticas y que se escuche otro discurso

La prueba más directa de que todo, o casi todo, el crecimiento de las intenciones de voto se ha producido dentro del electorado del PSOE la tenemos en los análisis territoriales y por posicionamiento político. Entre las comunidades mayores, el crecimiento se localiza en las que tradicionalmente ha sido más fuerte el voto socialista: en Andalucía (+4%) y en Catalunya (+5%), mientras ese crecimiento es débil en Madrid (+2%) y nulo en el País Valencià.

Según la ubicación política, casi todo el crecimiento se produce entre los que se declaran de izquierdas (+4%, de 35% a 39%), aunque también en el reducido contingente de votantes centristas (+5%, de 3% a 8%). Y es especialmente notable la subida de la intención de voto al PSOE entre quienes declaran una identidad nacional distinta de la española, exclusiva o principalmente: su porcentaje pasa de 7% a 18%.

El indicador más claro de la naturaleza del cambio está en la fidelidad de voto, cuya caída era continua hasta ahora: del Publiscopio de octubre a este la fidelidad de los votantes socialistas ha subido de 41% a 48%. Pero es interesante observar que estos siete puntos salen sobre todo de la bolsa de abstencionistas e indecisos que, aunque sigue siendo mucho mayor que la de cualquier otro partido, disminuye cinco puntos (de 36% a 31%).

Fuera de esa bolsa, sólo otros dos puntos se recuperan de votantes socialistas que pensaban pasarse a un voto nacionalista en las próximas elecciones. En cambio, no se han movido en absoluto los votos fugados al Partido Popular (8,5 puntos), a Izquierda Unida (4,5 puntos) y a UPyD (2-2,5 puntos).

La segunda cuestión de interés es la relación de las intenciones de voto con las imágenes de los líderes. Los datos del Publiscopio indican que, actualmente, en el caso del PSOE y Zapatero, esa relación es débil. La recuperación de aproximadamente un tercio de las intenciones de voto socialistas va acompañada por una muy ligera, casi nula, recuperación de imagen del presidente. Sube sólo una décima la media de valoración y no crecen significativamente ni la confianza ni la aprobación. Es decir, dejan de caer los indicadores de imagen, pero sin salir de la sima en la que se encuentran. Las imágenes de los líderes tienen una inercia mucho mayor que las intenciones de voto, son mucho menos sensibles a los episodios coyunturales y se recuperan con mayor dificultad.

Parece claro el carácter coyuntural y, por ello, transitorio y reversible del efecto que se ha producido en las tendencias de voto durante estas últimas dos semanas. El cambio de Gobierno ha sido una piedra que ha movido superficialmente las aguas en el estanque del electorado socialista. Para que esa movilización se amplifique y no se apague en breve plazo, y más aún para que condense y atraiga los votos que se han evaporado hacia otros partidos, no basta desde luego con ese cambio de caras.

Es indispensable que se vean cambios en las políticas y se escuche un discurso distinto, lo uno y lo otro. Si no los hay, o no los ven los votantes, el nuevo Gobierno de Rodríguez Zapatero se quemará más aún que el anterior, por la frustración de las ilusiones que ha generado, y las tendencias electorales refluirán. Si hubiera esos cambios, y se vieran, podríamos estar este mes en el punto de inflexión de la curva, donde las tendencias cambian de sentido y el resultado de las elecciones futuras vuelve a estar en el aire.

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