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El largo camino para evitar un embarazo no deseado

Un recorrido por varias farmacias confirma las dificultades para hacerse con la píldora postcoital

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'¿Es para ti?', pregunta la farmacéutica mientras mira de arriba a abajo a quien la solicita, una mujer de 30 años. 'Voy a ver...' y se mete en la rebotica. Poco después, sale con una cajetilla de Norlevo (laboratorios Chiesi), la marca de la píldora del día después que más se vende en España. 'Sólo la doy a gente que conozco o que veo que es adulta. A las chicas jóvenes les pido receta. Tengo otros compañeros que directamente no la dan. Tenemos muy pocas cajas', argumenta.

Un año después de que el Ministerio de Sanidad aprobara una norma para que la conocida como píldora del día después se pudiera vender en las farmacias sin necesidad de presentar una receta médica, conseguir el fármaco se puede convertir en un auténtico via crucis.

Uno de los ejemplos más claros de la dificultad de encontrarla se da en la céntrica calle Princesa, en Madrid. Allí empezará su periplo cualquier cualquier chica, pongamos de 18 años, que necesita con urgencia tomar la píldora que evitará un embarazo que no puede ni quiere asumir.

Unos metros más adelante, calle abajo, la farmacéutica se muestra desconcertada cuando se le pide una marca concreta de píldora poscoital. 'No me suena... ¿Qué es Norlevo?', pregunta. La mujer se siente obligada entonces a soltar las palabras que no quería mencionar, para evitar las miradas del resto de personas que esperan frente al mostrador: 'Es la píldora del día después'.

La boticaria mira la base de datos del ordenador. 'No la tengo', asegura. 'Y si se la pido, ¿cuándo me la podrán traer?', pregunta la mujer. Entonces, se acabó el paripé y la farmacéutica muestra todas sus cartas. 'No, nosotros la píldora del día después no la vendemos. Aquí no'. Tampoco sabe indicar en qué farmacia la dispensan.

Finalmente, tras pasar por delante de un par de farmacias cerradas, la mujer encuentra otra farmacia. 'Sí, en seguida', dice la farmacéutica. Cuando la cliente le revela cuánto le ha costado encontrar la píldora en la zona, la farmacéutica le dice que conoce la situación. 'Vienen muchas chicas pidiendo la píldora. Dicen que se recorren la calle y no la encuentran', reconoce.

Las excusas de los farmacéuticos objetores se repiten en casi la mitad de las boticas de la calle Goya, también en Madrid. 'No la tenemos', asegura la farmacéutica después de echar una ojeada rápida a su base de datos electrónica. 'No la puedo pedir', prosigue tras la pregunta correspondiente de la clienta. 'Mira a lo largo de la calle, a ver si la tuvieran', revela incómoda.

Tras andar unos metros, la parada en otra farmacia acaba con el mismo resultado. Esta vez es un no rotundo. 'No la tengo y no te la puedo conseguir. Los dueños no quieren venderla', confiesa la farmacéutica. Una vez más, emplaza a la mujer a continuar con su búsqueda. 'Mira a ver calle arriba'.

Las excusas se repiten en otras farmacias de la zona. 'Pues no me quedan... No tenemos. La hemos pedido pero no nos la han mandado', justifica otra boticaria. Una vez más, cuando la mujer le pregunta si se la podría conseguir en unas horas, la farmacéutica se sincera con ambigüedad: 'Bueno, te la podría pedir a ver si la traen, pero suelen tardar mucho en llegar', advierte.

En los municipios pequeños que tienen una una sola farmacia, el problema de suministro no se visibiliza. Las mujeres, temerosas de que su problema acabe en los corrillos de vecinos o, mucho peor, llegue a oídos de su familia, suelen acudir a localidades próximas para guardar el anonimato.

María, treintañera de un pueblo de Castellón de poco más de 3.000 habitantes, explica que hasta hace poco, en la farmacia del pueblo ni siquiera vendían preservativos. 'Ahora, nadie sabe si venden o no la píldora, porque nadie va a ir a pedirla allí', explica. De esta forma, los boticarios de las localidades pequeñas que desean objetar ni siquiera se ven en la encrucijada de tener que explicar por qué no disponen de la píldora poscoital.