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Camps aparta del poder a su último enemigo interno

Joaquín Ripoll, presidente de la Diputación de Alicante y último líder zaplanista, no repetirá en su cargo

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El presidente valenciano y líder del PP autonómico Francisco Camps acabó ayer con su mayor enemigo interno. José Joaquín Ripoll, el último zaplanista, perdió cualquier posibilidad de repetir como presidente de la Diputación de Alicante. En una suerte de emboscada política, los concejales y alcaldes afines a Camps en la comarca por la que Ripoll es concejal, L'Alacantí, presentaron una lista de diputados provinciales en las que el todavía presidente provincial no figuraba.

Hicieron pública la maniobra el sábado, con el anuncio añadido de que habían conseguido los suficientes avales como para que al presidente provincial le fuera imposible recoger los apoyos para presentar una lista alternativa. Ripoll intentó negociar una lista de consenso, pero los partidarios de Camps ni se inmutaron. Ni siquiera integraron en la lista definitiva, aprobada ayer, a ninguno de los afines del grupo rival.

La cúpula del PP valenciano le había prometido el puesto en campaña

Ripoll queda, pues, defenestrado, tras ejercer de piedra en el zapato del presidente desde que este llegó al poder en 2003. Desde su cargo de presidente provincial, ha encabezado la resistencia de gran parte del PP alicantino al poder orgánico de Camps, que a su vez ha ido apartando minuciosamente a todos los dirigentes afines a su antecesor en el cargo, Eduardo Zaplana.

El cénit del poder de Ripoll llegó en diciembre de 2008, cuando ganó el congreso provincial de su partido frente a la lista presentada por los afines a Camps. Debió su triunfo a sólo cinco votos de diferencia, pero le bastaron para humillar a su jefe de filas autonómico. Camps tuvo que mantener la sonrisa en el escenario mientras los afines a Ripoll presumían de 'lealtad y honor' o reivindicaban la figura de Eduardo Zaplana.

Desde el congreso de Orihuela a la defenestración de ayer, varias circunstancias se han reunido para que la posición de Ripoll quede tan debilitada como para que un solo empujón de Camps lo haya tumbado. En primer lugar, el estallido del escándalo Brugal en julio de 2010, por el que el presidente provincial permaneció varias horas detenido, y por el que sigue imputado.

También ha contribuido que varios de sus colaboradores, cansados de que la dirección regional los marginara de forma sistemática de los puestos de poder, hayan abandonado el partido para sumarse a otras formaciones. El caso paradigmático es el de Gema Amor, presidenta local del PP de Benidorm, a cuyo éxito al frente de otro partido se atribuye que los conservadores hayan perdido este Ayuntamiento.

Además, las elecciones del 22 de mayo trajeron malas noticias para Ripoll. En las principales ciudades gobernadas por sus afines, Alcoy, Orihuela y Villena, el PP perdió la mayoría absoluta y, con ella, el Gobierno. Sin embargo, el presidente provincial confiaba en seguir ocupando su cargo al frente de la Diputación. Así lo había pactado antes de las elecciones con la cúpula campista, que accedió a asegurarle este puesto para evitar conflictos preelectorales.

Ayer, Ripoll vio cómo este pacto se convirtió en papel mojado. En los últimos días, de dura negociación por salvar su posición, no ha conseguido el apoyo de la dirección nacional del PP, que por la mañana confirmó a Efe que daba manos libres a Camps. Anoche, el todavía presidente de la Diputación abandonó su actitud combativa y se rindió, al menos públicamente: 'Sólo les diré que hay que saber ganar y hay que saber perder. La única decisión que he tomado es la de dedicar más tiempo a mi mujer', afirmó, y se fue sin contestar a las preguntas de la prensa sobre si esa frase significa que abandona la política.