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Camps se doctora entre gritos de "chorizo"

Recibe el cum laude por una tesis sobre la reforma electoral que no encajaría en la Constitución

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¡A la carrera! ¡Columna de a uno! ¡Detrás de ellos!'. El pelotón policial atraviesa al trote el parking de la Universidad Miguel Hernández de Elche y rodea a un centenar de estudiantes apiñados frente al edificio Torre Tamarit. Esperan a Francisco Camps, quien debe acudir de un momento a otro para presentar su tesis doctoral. '¡Fuera corruptos de la universidad!', corean mientras uno de ellos sacude al viento un chorizo de cantimpalo a modo de batuta. 'Cómo robar y salir impune, esa debería ser su tesis, ¿no cree usted?', intenta, sin éxito, dialogar otro alumno con un agente tapado hasta los ojos por una gordísima braga negra.

En ese instante, se escucha el relincho lejano de un motor y un coche azulón zigzaguea por el aparcamiento desierto. '¡Mirad, por ahí viene la bandada de chorizos!'. Tras la voz de alerta, el cordón policial se tensa y estrangula la masa de manifestantes. Los periodistas corretean hasta la parte trasera del edificio. Camps desciende del auto y se sumerge en el coágulo de informadores, guardaespaldas y algunos espontáneos que le increpan. '¿Te has pagado el traje que llevas?', le pregunta alguien desde un lateral. '¿Quién ha dicho eso?', refunfuña Camps y se abre paso entre la muchedumbre como un Moisés que separara la aguas del Mar Rojo. En la otra orilla, Juan Luis retrocede tras contemplar los ojos desafiantes del ex president: 'Ha dicho usted una cosa que no es cierta y tiene que pedir perdón inmediatamente'.

El jefe del Consell Consultiu, que dirigió su tesis, llama a Garzón

El percance ha calentado los ánimos. '¡Hipócrita! ¡Sinvergüenza!', se escuchan voces. Vicente Garrido, director de la tesis de Camps y presidente del Consejo Jurídico Consultivo situado a dedo por su pupilo cuando este presidía el Consell, tropieza y se revuelve: 'Aquí el único sinvergüenza es Garzón, que es un delincuente'. Y prosigue con el aullido: 'Sí, sí, un delincuente. Y la sentencia que lo inhabilita es ejemplar. Lo digo como jurista'. Camps le mira y le sonríe. 'Me encanta ver cómo está lleno de estudiantes, todos ellos educados, académicamente preparados, magníficos y majísimos, que nos acompañan', concluye con una carcajada lacónica.

Una vez dentro del edificio, el expresident recibe el aplauso de su hueste. Son los mismos que le acompañaron minuto a minuto, durante un mes y medio, en la sala de vistas del llamado juicio de los trajes, donde fue juzgado y absuelto, el pasado 25 de enero, por un tribunal popular, que no apreció que recibiera prendas de la Gürtel ni que influyera en la desviación de más de siete millones en contratos públicos a la trama corrupta.

Se trata de su mujer, Isabel Bas, del presidente de Les Corts, su intimísimo Juan Cotino, o las exconsellers Belén Juste o Trinidad Miró, quien asegura con ojos resplandecientes: 'Es que nos pone el lío...'. El grupo lo cierra un breve cortejo alicantino, encabezado por la alcaldesa de la ciudad, Sonia Castedo, salpicada por el caso Brugal, y el exalcalde de Torrevieja, el longevo imputado por corrupción Pedro Ángel Hernández Mateo.

'¿Te has pagado el traje que llevas?', le pregunta un estudiante

'Propuestas para la reforma del sistema electoral'. Camps lee lacónicamente el título de su tesis y despliega el grueso volumen de 700 páginas. Entonces, un grito agujerea la ceremonia. '¡Esto es un paripé, señores. Que hable de corrupción, que es de lo que más sabe este hombre!'. El estudiante acaba expulsado de la sala a empujones. Tras el percance, el expresident se anuda la voz con una tosecilla y expone sus propuestas de 'regeneración del sistema democrático'. Camps aboga por reformar la Constitución e introducir un régimen uninominal con listas abiertas: 350 diputados, 350 circunscripciones. Un procedimiento que profundizaría en el bipartidismo y que no encaja en la Constitución.

La exposición dura cerca de dos horas y finaliza con 'sobresaliente cum laude'. 'Estoy conmocionado, es uno de los momentos más emotivos de toda mi vida', expresa Camps. Mientras, en la calle, la Policía carga contra los concentrados. Se desenfundan porras, alumnos ruedan por el suelo (uno de ellos es detenido) y hasta la diputada de Compromís Mireia Mollà acaba a empellones con los agentes. Cuando muestra su carnet de parlamentaria, el policía, ajeno a los preceptos de la regeneración democrática, le reprende: '¡Esa credencial me la paso yo por el culo!'.