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Dos cara a cara mejor que uno

PSOE y PP pactan un único debate y arriesgan lo justo. Los expertos prefieren más citas y con más partidos  

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Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy cerraron un acuerdo para contrastar sus candidaturas ante las cámaras de televisión, el próximo 7 de noviembre, pero PSOE y PP discrepan sobre el número de debates que querían. El aspirante socialista sostenía el pasado martes que ha aceptado sólo uno porque 'la alternativa era cero', pero dijo ser partidario de celebrar más encuentros. El portavoz del PP, Esteban González Pons, recordó que Rubalcaba había tenido 'en su mano proponer los que ha querido y no lo ha propuesto porque a lo mejor realmente tampoco quería'.

En 34 años y diez elecciones generales sólo se han celebrado cuatro cara a cara, dos en 1993 y dos en 2008. A la excepcionalidad de estos duelos en España, el investigador del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC José Fernández Albertos añade otra peculiaridad: que sean a dos bandas. 'A nadie se le ocurriría excluir a la tercera opción política aunque no tengan posibilidades de alcanzar la presidencia en Gran Bretaña o Estados Unidos'.

'Cuantos más se celebren, mejor para los ciudadanos', apunta Guillem Rico

Los expertos subrayan que los encuentros y los participantes son escasos. 'Cuantos más debates se celebren, mejor, sobre todo para los ciudadanos, que tienen la oportunidad de conocer los puntos de vista de los candidatos y cómo discuten sobre ellos', defiende Guillem Rico, especialista en el estudio del comportamiento electoral y doctor en Ciencia Política por la Universidad Autónoma de Madrid.

Los cara a cara aportan mucha información a los votantes de los candidatos, explica el politólogo Ramón Cotarelo. 'La mezcla entre comunicación verbal y no verbal es explosiva', señala el catedrático, recordando momentos de los duelos entre Felipe González y José María Aznar en 1993 o el de las últimas presidenciales en Francia entre Nicolas Sarkozy y Ségolène Royal, en 2007.

En su opinión, la celebración de estos debates es 'absolutamente decisiva'. Y añade: 'Quien sale de perdedor pide todos los debates que sean necesarios y no pone condiciones para su celebración. Y a la inversa'. Según Cotarelo, los conservadores han aceptado porque 'rechazarlos tiene muy mala prensa. Se ha instalado que es más democrático participar y podría ser utilizado por el PSOE para hacer un discurso acusándoles de cobardes'.

Según Fernández Albertos, los sondeos restan a la cita 'incentivos' 

No obstante, cree que el 'PP tiene pánico a los debates'. Entre otras razones, porque, 'si metes la pata y Rajoy lo hace con frecuencia, los 14 puntos de diferencia se pueden volatilizar'. Respecto a Rubalcaba que parte en los sondeos como perdedor, Cotarelo cree que acepta el debate con las condiciones fijadas por el PP porque cree en sus posibilidades 'de llevar a Rajoy a temas que no están pactados'.

La victoria del PP que pronostican los sondeos hace que 'la celebración de un debate no tenga incentivos para los conservadores, destaca Rico, convencido de que el partido liderado por Rajoy tiene 'más que perder que ganar'.

Parecido análisis hace Fernández Albertos, que apunta a una inicial pérdida de atractivo, si bien luego destaca que tiene sentido que se celebre. Interesa a los dos candidatos, al PSOE para presentarse como una alternativa a la mayoría absoluta del PP, que pronostican las encuestas, y al PP porque no se vería bien que se negase a debatir con el PSOE.

No obstante, minimiza los efectos que tendrá el debate entre Rubalcaba y Rajoy. 'Las preferencias están tan asentadas fundamentadas en la crisis y la capacidad de los candidatos para gestionar el Estado del bienestar, que no creo que un error pueda dar la vuelta a las encuestas'.

En este sentido, el investigador del CSIC recuerda el trabajo realizado sobre el impacto de los debates entre José Luis Rodríguez Zapatero y Rajoy en 2008, en un escenario de más incertidumbre. 'El CIS introdujo algunas preguntas sobre el seguimiento y, aunque muy pocos reconocían haber cambiado su voto (un 2%), estimamos que Zapatero subió entre dos y seis puntosporcentuales con el debate'.

El escepticismo de Fernández Albertos sobre la influencia de los debates en los ciudadanos se incrementa por el formato de los cara a cara. 'Son mítines encorsetados. Esto dificulta que sucedan cosas que puedan sorprender a la opinión pública' y modificar la intención de voto de los electores.

Ramón Cotarelo sostiene que 'el PP tiene pánico a los debates'

En esta línea apunta también Rico, pero incidiendo en el papel de los medios. 'Me sorprende porque parece que aceptan las condiciones que marcan los partidos y no hay posibilidad de que intervengan los periodistas'. Que PSOE y PP pacten todo le lleva a cuestionarse los beneficios del cara a cara a los ciudadanos. 'Creo que ganan poco'.

Cotarelo critica esa 'manía' que tienen los partidos de pactarlo todo y lo achaca, sobre todo, al 'temor que tiene la derecha a la espontaneidad'. Y más con un candidato como Rajoy. Según el catedrático, 'no da bien, tiene pocos reflejos y no quiere dar a conocer lo que va a hacer'.

El éxito de audiencia de los cuatro debates electorales es indiscutible –entre 10 y 13 millones–. En 1993, los dos de Felipe González y José María Aznar fueron seguidos por el 61,98% y el 75,4% de los espectadores. Quince años después, vieron los duelos entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy el 59,1% y el 56,3% de los televidentes.

Sin duda, señalan los expertos, el cara a cara es un acto clave en la campaña electoral, porque en poco tiempo y fácilmente los candidatos llegan a un gran número de potenciales votantes. Y, aunque en general suelen mantener su voto, hay un pequeño porcentaje que cambia. Según el CIS, en 2008 lo hicieron el 2% de los encuestados.