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Cascos se queja de la pasividad de Rajoy ante los insultos que recibe

El ex ministro denuncia que le están descalificando "con el membrete del PP"

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Francisco Álvarez-Cascos dio ayer un paso más al frente para tratar de convertirse en el candidato del PP de Asturias. Pero para algunos de sus compañeros de partido erró el tiro porque se defendió atacando y culpando a la dirección nacional de falta de contundencia.

El ex ministro de Fomento concedió una entrevista en El Diario Montañés en la que expresó, de nuevo, 'su disponibilidad' para encabezar la lista del PP de cara a las elecciones autonómicas de 2011 al Principado. Y se confesó 'perplejo' por la 'pasividad' de la cúpula conservadora ante 'los insultos' que está recibiendo por parte de sus detractores.

La dirección nacional calla y dice que lo resolverá el comité de garantías

Él, que como ex secretario general del PP conoce bien el funcionamiento del partido, aseguró que 'en toda su historia' no había habido precedentes de descalificaciones 'sin sanción' y que, en este caso, ni siquiera se había producido una llamada de atención hacia algunos dirigentes regionales que le han criticado.

'He sido menospreciado al llamarme galáctico'; he sido tratado despectivamente de sexagenario; he sido insultado como terrorista callejero, y todo ello con membrete del PP', denunció Cascos.

Todos esos comentarios proceden de la misma persona: el alcalde de Oviedo, Gabino de Lorenzo. Los casquistas siempre apuntan hacia el regidor como el cerebro de la operación contra la vuelta del ex hombre fuerte de Aznar y como impulsor de la candidatura alternativa de Isabel Pérez-Espinosa para escenificar así la 'regeneración' del partido frente al pasado que representaría el desembarco de Cascos. La última vez que De Lorenzo se refirió a la crisis interna que vive su formación, comparó la campaña de recogida de firmas en apoyo a Cascos con 'la kale borroka'.

El PP de Asturias no valora sus palabras para 'no entrar en provocaciones'

En la entrevista, Cascos reconoció que le habían sorprendido mucho las declaraciones del regidor: 'Que una persona como yo, que no sólo acepta, sino que defiende que los órganos del partido competentes tomen las decisiones que les corresponde con la máxima libertad, sea censurado en términos de menosprecio, descalificación y de insulto, no deja de causarme perplejidad'.

Al preguntarle si no le extrañaba que Rajoy no tomara cartas en el asunto de una vez por todas, Cascos mantuvo que él no tenía que hacer 'juicios de intenciones sobre los demás'. Según comentó, 'cada uno tiene su responsabilidad' y 'la mía empieza por recordar que no he pedido nada, que no he buscado nada y que acepto lo que los órganos del partido decidan'.

Los que respaldan a Cascos están 'hartos de sentirse vejados' e impacientes por conocer la decisión de su jefe de filas. El nombramiento del candidato en Asturias es el único que le queda pendiente al Partido Popular. Además, resulta curioso que el jefe de la oposición no acuda al Principado desde hace mucho tiempo. Como le ocurre con la Generalitat valenciana, a donde no irá hasta que se despejen los problemas de Francisco Camps con el caso Gürtel, Rajoy prefiere aparecer cuando todo esté ya resuelto.

En la sede nacional del PP preferían ayer no entrar a valorar las palabras de Cascos. A algunos dirigentes ya les pareció, en su momento, que se había equivocado al enviar a la Junta Directiva Nacional una carta en la que revelaba que había mantenido una reunión privada con la vicesecretaria de Organización, Ana Mato. Ayer, esas mismas personas pensaban que se estaba equivocando al alimentar la guerra.

Los que rodean a Rajoy explican que no les corresponde a ellos pronunciarse sobre el cruce de acusaciones. Ese papel es del comité de derechos y garantías nacional. Cuentan que en este órgano hay una persona a la que se le ha encargado que 'recopile' todo lo que denuncian los dos sectores enfrentados y que se instruirá el caso cuando se estime oportuno.

Desde el PP de Asturias tampoco querían decir lo que les había parecido la entrevista. A su juicio, era una forma 'de caer en la provocación'. Eso sí, creen que los que respaldan a Cascos y el propio ex ministro están cada vez 'más nerviosos'.

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