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A la caza del etarra 'Txeroki'

Interior da prioridad a la captura del jefe de los ‘comandos’. Los detenidos tras la tregua coinciden en señalarle como el dirigente que fija los objetivos.

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No es el número 1 de ETA. Ni siquiera el jefe de su aparato militar. Es, eso sí, el jefe de los comandos. El que acude a dar las últimas instrucciones a los terroristas que van a cruzar la frontera. Quizá por ello, Miguel de Garikoitz Aspiazu Rubina, más conocido como Txeroki, Gari Patillas y Arrano, se ha convertido a sus 34 años de edad en el principal objetivo del Ministerio del Interior. Y aunque las páginas web de todos los cuerpos policiales incluyen desde hace tiempo su imagen en primer lugar entre las de los terroristas más buscados, el departamento que dirige Alfredo Pérez Rubalcaba ha decidido en los últimos meses dar prioridad absoluta a su captura.

De hecho, Fernando Trapero y Raúl Centeno, los dos guardias civiles asesinados el 1 de diciembre en Francia, fueron tiroteados cuando acababan de colocar microcámaras para intentar localizarle en una zona del País Vasco francés donde se creía que Txeroki acudía a dar las últimas instrucciones a los terroristas que se disponen a entrar en España.

Obsesionado con su seguridad, Garikoitz Aspiazu tiene un corto pero intenso historial dentro de la banda. Fuentes policiales aún le recuerdan a finales de los noventa como uno de los habituales de las algaradas callejeras en Bilbao. Alto y fuerte –estudio hasta tercero en el Instituto vasco de Educación Física–, era habitual verle en los ambientes abertzales de la capital vizcaína, en uno de cuyos bares solía servir copas.

Novia de familia bien

Allí conoció a su novia, Amaia Urizar de Paz, una chica de buena familia y chalet con piscina, a la que terminó involucrando en sus actividades. Y allí contacto ETA con él, que le incorporó primero como legal y, a finales de 2001, le encargó dirigir un comando, el Olaia, donde tuvo oportunidad de demostrar su obsesión por atentar cuanto más mejor.

En los seis meses que estuvo en activo el comando, colocó coches cargados de explosivos, envió paquete bomba, ideó carros repletos de dinamita y pegó tiros. En concreto, los que acabaron el 7 de noviembre de 2001 con la vida del juez José María Lidón, un atentado que le permitió ganar galones cuando en mayo de 2002 vuelve a cruzar la frontera para huir.

En Francia, Aspiazu se convirtió a partir de ese momento en instructor de los pistoleros y en el hombre de confianza de otro joven etarra, Gorka Palacios, convertido entonces en el jefe de los comandos por la sucesivas caídas de otros miembros de la dirección. Tiempo de clandestinidad al otro de la frontera que no le impidieron recibir la visita de su novia Amaia, a la que incluso propuso tener un hijo.

La caída de Gorka Palacios en 2003 terminó por catapultar a Txeroki a su actual posición dentro del organigrama de ETA. Un poder que quiso plasmar desde el primer momento en espectaculares atentados. Así, encargó introducir en Madrid una furgoneta cargada con 500 kilos de explosivos quince días antes de las elecciones del 14 de marzo de 2004.

El fracaso de este intento, le llevó a enviar semanas después a Palma de Mallorca al etarra Javier Pérez Aldunate -al que había enviado una carta en la que le exigía “poner patas arriba a un enemigo uniformado”– para asesinar al Rey con un rifle de mira telescópica. Volvió a fracasar.

Con una ETA pendiente de los contactos que mantenían en secreto PSE y Batasuna, Txeroki se atrevió en 2004 a criticar en una carta al resto de dirección por desviarse de la línea marcada tras la tregua de 1998. La reacción no se hizo esperar. Fue sometido a un consejo de guerra en el que se le exigió pedir perdón por el tono de la misiva o, en su defecto, abandonar sus cargos. El joven etarra se retractó y mantuvo su puesto.

Foto desnudo

Durante el alto el fuego, Aspiazu se mantuvo en un segundo plano hasta que en el verano de 2006, cuando el proceso de paz comenzó a tambalearse, organizó el atentado de la T-4. Desde entonces, sus fracasos, en forma de comandos desarticulados y atentados frustrados, se han sucedido. Sin embargo, su mayor éxito ha sido conseguir no ser detenido.

Los expertos antiterroristas todavía tienen la foto de él que localizaron en la vivienda de un aspirante a etarra al que detuvieron hace tiempo. La imagen muestra a Txeroki  con el pelo recogido en una coleta, rodeado de amigos y desnudo. Ahora quieren sustituirla por la de su captura.