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Cerco al sexismo en el deporte

El Gobierno publica una guía para evitar el lenguaje que discrimina a las deportistas

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Más allá del uso universal del masculino en las retransmisiones de las competiciones deportivas, siguen existiendo latiguillos, expresiones y frases hechas que dejan en entredicho la valía de la mujer como deportista. Tener pechos acaba estando por encima de sus méritos profesionales. 'Las deportistas tienen un doble obstáculo, la propia competición y la discriminación, el sometimiento que sufren', explica la directora general del Instituto de la Mujer, Laura Seara.

Acabar con esta discriminación desde el lenguaje es el objetivo del manual Hablamos de deporte, presentado ayer y editado por el Instituto de la Mujer y el Consejo Superior de Deportes.

'Con esta publicación cumplimos la Ley de Igualdad, que en su artículo 14.11 señala de be implantar un lenguaje no sexista en el ámbito administrativo y se debe fomentar en la totalidad de las relaciones sociales, culturales y artísticas', destaca Seara. 'El deporte mueve a muchas personas y a mucha gente joven. Acciones como esta guía se deben extender y visibilizar', añade.

El libro, la séptima entrega de una serie con la que el Instituto de la Mujer pretende aniquilar el lenguaje machista en varios ámbitos, recoge decenas de ejemplos de cómo las deportistas están invisibilizadas. La catedrática de Filología de la Universidad de Alcalá Mercedes Bengoechea, coautora del libro junto a Elida Alfaro y Benilde Vázquez, pone como ejemplo cómo las posiciones en el campo de las jugadoras de fútbol siempre se retransmiten en masculino.

Por ejemplo, Bengoechea explica que se suele decir 'el extremo derecho', cuando basta con poner el adjetivo en femenino. 'Se puede decir 'la extrema derecha o la extremo derecha', insiste Bengoechea. 'El lenguaje es un vehículo de pensamiento. Es necesario nombrarlas para hacerlas visibles', justifica.

Esta experta en el lenguaje y sus usos asegura que la sociedad ya va adaptando los términos a la realidad femenina ('la capitana', 'la jueza de línea'). Pero asegura que los académicos, los profesores universitarios y los directivos del deporte español 'no ven la necesidad de usar términos femeninos, porque no lo ven importante'.

Bengoechea insiste en que es necesario llevar la realidad social al lenguaje para que la Real Academia de la Lengua, que 'todavía no se ha posicionado en muchos términos, los cambie en un futuro'. De hecho, el libro pone como ejemplo cómo el Siglo de las Luces (XVIII) trajo una serie de palabras y expresiones nuevas que definían las costumbres renovadas y objetos que no existían, hoy de uso habitual.

Más allá de la masculinización de las definiciones que se aplican a las deportistas, el manual denuncia las expresiones que anteponen su feminidad a sus méritos profesionales. 'El US Open no verá este año las curvas de la tenista...'; 'corres como una nena'; 'el fútbol es cosa de hombres' y 'no puedo despedir la conexión sin preguntarte si está buena' son algunos ejemplos de trato discriminatorio.

Además, el libro señala determinados estilos verbales que contribuyen al sexismo. Ese es el efecto que produce el hecho de que se suela nombrar a los hombres antes que a las mujeres, lo que contribuye a dar más mérito a ellos.

Otro ejemplo es cuando se cita a las mujeres únicamente por su nombre de pila, a una edad en la que a los hombres ya se les conoce por el apellido. Este mecanismo da a entender que el único ámbito admisible para las mujeres es el familiar o el íntimo. El manual también critica que se haga hincapié de forma habitual a las cualidades estéticas de las deportistas: 'Gemma Mengual embellece la piscina'.

Aunque, dada la repercusión de los mensajes que emiten los medios de comunicación, muchos de los ejemplos a evitar surgen de sus tertulias, tribunas y retransmisiones, el manual no sólo va dirigido a periodistas. También pretende orientar a los directivos deportivos, docentes y a la sociedad en general para que contribuyan a eliminar este trato discriminatorio.