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Chaves sirve en bandeja a Griñán el mando del PSOE en Andalucía

El congreso extraordinario para la sucesión será en Sevilla el 12 y 13 de marzo

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El PSOE andaluz puso fecha ayer al congreso que acabará al fin con su bicefalia. El 12 y el 13 de marzo, en Sevilla, José Antonio Griñán, presidente de la Junta de Andalucía, sucederá como secretario general a Manuel Chaves, que cerrará un periodo de 16 años en el cargo marcados por los éxitos electorales y la calma orgánica. 'En 1994, cuando yo asumí la secretaría general, el partido estaba absolutamente dividido y enfrentado. Desde aquel congreso construimos una mayoría sólida', recordó ayer Chaves en la comparecencia en la que hizo oficial su inminente adiós, tras acordarlo la comisión ejecutiva.

Fue la única reivindicación que hizo Chaves de su legado. El resto de sus palabras tuvieron un único propósito: apuntalar el liderazgo de Griñán y cederle todo el protagonismo. Chaves, que vivió en carne propia lo que es asumir las riendas de un partido desangrado por la guerra entre felipistas y guerristas, evidenció ayer que su principal propósito es proteger a toda costa la tan costosamente trabajada unidad. 'Va a ser un congreso tranquilo y Griñán va a concitar una gran unanimidad', adelantó.

Y así será. Salvo sorpresa mayúscula, Griñán se dará un vistoso paseo militar después de que el partido haya acabado aceptando sus prisas por hacerse con el control. Ello no significa que Griñán no haya levantado ampollas desde que, al poco de tomar el poder en abril del pasado año, empezó a sacar a la palestra la espinosa cuestión del liderazgo. La creciente tensión y la expectación mediática obligaron a Chaves y a Griñán a una insólita comparecencia conjunta en noviembre en la que anunciaron un congreso extraordinario, aunque sin especificar fecha. ¿Qué ha ocurrido para adelantar el congreso, algo que el propio Griñán calificaba en septiembre de 'locura'?

Ayer Chaves tuvo que dar la cara ante la prensa para explicar la multitud de pequeñas contradicciones surgidas de un caso que nació como un aparente malentendido y acabó convertido en una crisis larvada. Pese a que el vicepresidente tercero se aferró a la idea de que el debate ha sido 'ficticio', también admitió que la bicefalia es un 'problema' que 'dificulta el desarrollo normal del partido'. 'En la rueda de prensa de noviembre intentamos atajar aquel debate. Y no ha sido así, sigue en los medios', reconoció.

El ex presidente andaluz declaró su 'apoyo incondicional' a su sucesor e hizo expreso que este tendrá manos libres para hacer 'su propio equipo de dirección del partido'.

Chaves no quiso entrar en el futuro reparto de poder, y menos aún en nombres, aunque hay uno que concita toda la atención: Luis Pizarro, actual número dos del partido y hombre de la máxima confianza de Chaves, que podría ahora perder sus galones.

ANTONIO AVENDAÑO

Los socialistas andaluces van a celebrar un congreso extraordinario para resolver de una vez por todas una bicefalia que nunca existió. Parece una paradoja, pero no lo es tanto. Y es que las bicefalias se parecen a los dioses: basta con que alguien crea en ellos para que, como por arte de magia, empiecen a existir. Pocos meses después de ser designado presidente con la unanimidad del partido, José Antonio Griñán empezó a pensar y a sentir que la sombra del todavía secretario general Manuel Chaves era demasiado alargada y que eso suponía un problema porque empequeñecía la imagen del presidente y desconcertaba a la militancia porque esta no acababa de saber quién mandaba de verdad en el partido. A Manuel Chaves le sorprendió –y tal vez le irritó– la percepción de Griñán porque él mismo no pensaba ni sentía que su sombra fuera tan larga ni tan espesa.
Ayer, Chaves admitió que el congreso debía celebrarse para consagrar el liderazgo de Griñán, pero no se olvidó de precisar que la polémica que lo había desencadenado era una “polémica ficticia”. Tal vez había en las palabras de Chaves un reproche implícito y lejano a Griñán por haber creído este en una bicefalia en la que el vicepresidente tercero nunca creyó haber tomado parte alguna. El congreso que hará a Griñán secretario general tiene a su vez un riesgo: el de acabar siendo un congreso ficticio del que salga un líder ficticio. José Antonio Griñán tiene que ocuparse de que eso no ocurra porque, si ocurriera, todo lo que vendría después sí que sería de verdad. Tan de verdad que da miedo.