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A los coches compartidos les cuesta arrancar

El 'carsharing' despierta con la crisis, pero el cambio cultural no se consolida

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En Estados Unidos y en muchos países del norte de Europa entendieron hace más de 20 años que el coche no tenía por qué ser únicamente un producto. También podía considerarse un servicio, sobre todo cuando no se utiliza a diario y se acaba convirtiendo en una fuente de gastos. Aparecieron entonces varias empresas de alquiler de vehículos por horas y días en ciudades. Alejado del turístico rent a car, nacía el carsharing.

En España se empezó a hablar de ello en 2005, en Barcelona. En 2008, la capital catalana era la única ciudad con carsharing. Hoy hay diez empresas del sector, pero la idea de no tener un vehículo propio no termina de cuajar.

'El problema del transporte no es económico, sino cultural', cuenta Iker Maguregi, responsable de Ibilkari, una asociación que, con poco más de un año de vida, tiene 400 socios que comparten vehículos en siete municipios de Euskadi. 'Tratamos de promover un uso eficiente del coche, pero es un objetivo a largo plazo, en España somos esclavos del automóvil porque tenemos muy arraigado el sentimiento de propiedad', añade.

Margarita Ruiz, de 59 años, rompió ese esquema mental hace cuatro años. Vendió un todoterreno que tenía aparcado en el garaje y que sólo sacaba a pasear los fines de semana para hacerse socia de Avancar, empresa pionera en el carsharing en España. Ahora paga una cuota anual de 30 euros (más 3,75 euros la hora y 0,24 euros por kilómetro) que le permite usar, cuando quiera, alguno de los 117 coches que la empresa tiene distribuidos en 40 aparcamientos en Barcelona, Sant Cugat, Granollers y Sabadell. Con su tarjeta de socia, abre las puertas del vehículo. Las llaves están en la guantera. 'Me ahorro el seguro, el parking, me olvido de lavar el coche y de pasar la ITV', explica Margarita, 'el coche es de todos, pero lo cuida Avancar', concluye.

Los servicios de esta empresa (5.700 clientes) están pensados para personas que recorran menos de 10.000 kilómetros al año. Josep Sala, director de Avancar, asegura que el ahorro puede oscilar entre los 3.500 y 4.000 euros anuales. 'La crisis nos ha reportado un 30% más de clientes, pero los que ya teníamos gastan menos', explica Sala, que reconoce la dificultad de vender un producto de este tipo: 'Es necesario un cambio de valores en relación con el coche y cualquier cambio cultural es lento, pero la idea va calando', insiste. 'La sociedad está empezando a entender que si usas el coche de vez en cuando no hace falta comprarse uno', concluye.

Eso es precisamente lo que piensa Susana Mendoza, soprano y guía turística de 38 años, que necesita el coche esporádicamente. 'Lo uso para ir adonde no puedo llegar en transporte público: pueblos donde tengo bolos o a los que voy de excursión el fin de semana. A veces lo utilizo también para ir a Ikea o para recoger a amigos en el aeropuerto', explica.

Adriana Aceves, de 30 años, invierte entre 50 y 60 euros para utilizar el coche una vez a la semana. Lo hace en Madrid, gracias a Respiro, la empresa de carsharing que abastece a la capital desde marzo de 2010. Con 19 coches distribuidos por los principales barrios de Madrid, Respiro 'compensa las emisiones de dióxido de carbono de toda su flota', explica Agustín Saralegui, responsable de comunicación de la empresa.

La sostenibilidad es otra de las ventajas de esta iniciativa, que, además de ahorro económico (la cuota anual de Respiro es de 50 euros a partir del segundo año), genera ahorro energético y reduce las emisiones contaminantes. 'Si no tienes coche propio, lo usas cuando lo necesitas de verdad. Por el dinero que te cuesta y por respeto al medio ambiente' , apunta Margarita.