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Cómo combaten otros países la obesidad infantil

Un repaso a las normativas sanitarias que se aplican en Reino Unido, Francia, Alemania y Estados Unidos

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  EEUU

 En EEUU, el 19% de los niños de entre 6 y 11 años, y el 18% de los adolescentes de entre 12 y 19 años son obesos. Obama ha lanzado una campaña en las escuelas para combatir estos porcentajes. Así, el Gobierno recomienda a los centros que las comidas no incluyan más de 30% en calorías procedentes de grasas y 10% de grasas saturadas. Pese a ello, el ‘lobby' de la industria alimenticia hizo fracasar recientemente el intento del alcalde de Nueva York de imponer una tasa sobre los bebidas con más calorías. Isabel Piquer

 El Gobierno de Alemania lanzó su plan contra la obesidad infantil y juvenil en 2005, cuando puso en marcha su plan para corregir tendencias alimentarias erróneas. Este plan incluye el reparto gratuito diario de fruta y verdura en las escuelas. Los niños con sobrepeso participan en un programa con dietistas a su servicio, además de una tabla de ejercicios para que los desarrolle en un complejo deportivo o en la escuela, y que ha sido previamente adaptada a sus necesidades de forma que el crío no se desmotive. El servicio es indefinido y sólo cuesta 50 euros. Patricia Baelo

 Francia aprobó en 2005 una legislación por la que se prohibieron los máquinas automáticas de chucherías en las escuelas maternas y primarias, y que estas fueron sustituidas por cestas de fruta. Ello contribuyó a que la obesidad infantil de los más pequeños regresara sólo dos años después a los mismos niveles que en 1999. Pero, desde entonces, el nuevo Gobierno que entró en funciones en 2007 se ha negado a dar más pasos adelante, y siete asociaciones de familias y padres de alumnos de primer plano criticaron su inacción a primeros de julio. Andrés Pérez

El Gobierno británico decidió intervenir en la alimentación de los colegios e institutos hace ocho años con un plan para imponer una dieta sana en todos los centros. En 2005, creó el School Food Trust (SFT). Este organismo independiente ha sido el encargado de crear una política clara de alimentación y nutrición de aplicación obligatoria. Las escuelas tuvieron que adaptar tanto las instalaciones como el personal de cocina y las comidas que ofrecían a una serie de estándares muy exigentes para frenar la mala alimentación y la obesidad infantil.

El SFT desarrolla desde entonces el proyecto Healthy Schools, que controla desde el aporte calórico que debe tener cada comida, hasta la idoneidad de ofrecer desayunos equilibrados a los estudiantes que entren a las horas más tempranas, pasando por la obligatoriedad de sustituir las máquinas expendedoras en los centros de educación primaria por tiendas que ofrezcan comida saludable.

El objetivo era que en 2010 todos los centros debían estar ya aplicando las normas o, al menos, haber dado los primeros pasos para hacerlo, cosa que no se ha conseguido. 

En lo que se refiere a bollería industrial, refrescos y snacks, las pautas del Healthy Schools son claras. Se deben sustituir por fruta, zumos o barritas energéticas bajas en grasas saturadas. De hecho, desde 2003, varios colegios empezaron a introducir la healthy snack policy, que obligaba a padres y niños a sustituir los típicos bollos de los recreos por piezas de fruta.

En el caso de los alumnos que lleven su comida de casa, el SFT recomienda a los directores que informen a los padres de las calorías que deberían estar consumiendo sus hijos y pongan a su alcance una serie de menús de ejemplo que les sirvan de guía.

El empeño por inculcar una alimentación saludable a los más pequeños no ha obtenido, sin embargo, buenos resultados. En Inglaterra, el 29 % de los niños de entre 2 y 15 años son obesos hoy según las estadísticas oficiales.

Y aunque supone un descenso del 2% con respecto al año anterior, desde 1995 los datos de obesidad infantil no han dejado de aumentar. En los últimos 15 años ha crecido un 5,7% en el caso de los niños y un 3% en el de las niñas.

Daniel del Pino