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Los cooperantes fueron canjeados en el desierto por su secuestrador

Un vídeo muestra al terrorista Omar Saharaui, libre tras su extradición a Mali, con Vilalta y Pascual

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Albert Vilalta y Roque Pascual fueron liberados el domingo sólo después de que los terroristas comprobaran con sus propios ojos que se había cumplido el trato de excarcelar a Omar Saharui, el mercenario de Al Qaeda condenado en Mauritania por organizar el secuestro y extraditado de inmediato a Mali. Un vídeo grabado por la web mauritana Sahara Media (ver el vídeo difundido en España por TV3) muestra el momento en que ya se ha producido el canje, con Saharaui y los dos cooperantes subidos al mismo todoterreno en un lugar indeterminado del desierto al norte de Mali.

La grabación, de unos 30 segundos, muestra en el asiento del conductor a Saharaui, condenado a 12 años de trabajos forzados y cuya excarcelación fue condición sine qua non para poner fin al secuestro. A su lado, conscientes de que su cautiverio de 267 días acaba de expirar, Vilalta y Pascual sonríen y bromean: “Omar nos llevó a hacer una excursión en el desierto”, dicen. Ya son libres y, junto con el mediador Mustafa Chafi, están a punto de emprender el viaje hacia Burkina Faso. La frase de los cooperantes constata que, de hecho, viajaron un trayecto indeterminado con el hombre que, a cambio de 15.000 euros pagados por Al Qaeda, organizó el 29 de noviembre de 2009 el asalto a la caravana solidaria y la toma como rehenes de Vilalta, Pascual y Alicia Gámez, liberada en marzo.

Ayer, distintos medios reproducían unas declaraciones de Saharaui en las que el mercenario daba pistas de cómo se fraguó el pacto de canje: “El mismo día de mi segundo juicio, agentes mauritanos me dijeron que pronto volverá a Mali”. Saharaui, de 51 años, fue condenado el 11 de agosto en Nuakchott, la capital de Mauritania. El 16, ya había sido extraditado a Mali, donde no tenía ninguna cuenta pendiente con la justicia. El mercenario niega pertenecer a Al Qaeda, aunque no tiene empacho en reconocer que trabaja para AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico), la rama local de la organización; “Yo hago negocios y si uno le vende algo a alguien que es de AQMI, eso no quiere decir que uno sea de AQMI”.

Anteanoche, ajenos ya al infierno vivido en el desierto, Vilalta y Pascual volvían a Barcelona. Mucho más delgados, pero enteros. Capaces de articular un discurso coherente, sentido y lleno de agradecimientos pese a haber pasado 267 días secuestrados. Los dos cooperantes, poco después de aterrizar en El Prat, afirmaron que los secuestradores les trataron “correctamente”, pero quisieron dejar claro que el secuestro “fue duro”.

Los detalles de la dureza de los meses de secuestro empezaron a conocerse ayer. “Comíamos lo que ellos comían y dormíamos donde ellos dormían”, confesó Vilalta, que definió como correcto el trato de los secuestradores “con las limitaciones con las que ellos también viven”.

Alicia Gámez vivió bajo el mismo régimen del 29 de noviembre hasta el 10 de marzo, cuando fue liberada. Desde entonces, Gámez no ha hecho ninguna declaración y compañeros de la ONG Barcelona Acció Solidària (BAS), organizadora de la caravana, confirmaron ayer que estuvo sumida en una depresión. Un portavoz afirmó que el día que la liberaron, Alicia Gámez y sus otros dos compañeros estaban convencidos de que el secuestro había acabado para los tres. Cuando descubrió que sólo la iban a soltar a ella, le sobrevino un sentimiento de culpabilidad que duró hasta el pasado martes.

Albert y Roque también tuvieron contacto con el exterior durante los nueve meses. Los secuestradores les permitían, algunos días, escuchar la radio. Les prohibían escuchar música, pero les dejaban oír noticias. Así se enteraron, por ejemplo, del triunfo de La Roja en el Mundial.

Ayer, Mustafá Chafi, asesor del dictatorial presidente de Burkina Faso, Blaise Compaoré, declaró que “no hubo pago de ningún rescate”, contradiciendo informaciones publicadas por diarios de Mali. El intermediario del Gobierno español también afirmó que temió “por la vida de los dos” el pasado 22 de julio, después de la fracasada operación militar para rescatar a un rehén francés, Michel Germaneau, que acabó siendo ejecutado.

Fue el momento más delicado. La secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez, cada día llamaba a los familiares de Vilalta y Pascual para informar de las negociaciones. Los familiares siempre fueron optimistas. Anteanoche, tanto Roque como Albert agradecieron los esfuerzos del Gobierno español y condensaron así su calvario. “Nos han arrancado de nuestras vidas durante nueve meses”, resumieron.