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"La corrupción de la época del PP es un lastre para mi Gobierno"

Entrevista a Francesc Antich, president del Govern Balear. Su principal preocupación es que los múltiples escándalos que afectan al Ejecutivo de su predecesor, Jaume Matas (PP), no empañen la imagen de Bal

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A Francesc Antich no se le ve especialmente contento de tener al PP inmerso en un lodazal de casos de corrupción y sin prácticamente tiempo de hacer oposición. Preferiría pasar página lo más rápido posible para afrontar los retos que la crisis económica plantea para el potente sector turístico balear. Pero también advierte de que todos y cada uno de los casos que aparezcan deben ser esclarecidos hasta el final.

¿Desde la oposición no detectaron la magnitud de la corrupción que carcomía a la Administración del PP? Actualmente hay una decena de causas abiertas y 31 cargos del PP imputados.

Nosotros hemos dicho muchas veces que un modelo de gestión como el del PP que se basa en la especulación es un campo abonado para la corrupción, es un modelo que no tiene en cuenta el interés general. Ahora vemos que se están investigando casos en temas de urbanismo, mala gestión de los recursos públicos... Pero al final, independientemente de que los casos de corrupción se tienen que investigar y juzgar, se tienen que poner los filtros para que no ocurran. Por eso es tan importante el modelo de gestión. Se está viendo ahora con la crisis que vuelve a ser la hora de la política, de lo público. Eso sí, lo público con una participación clara del sector privado. La idea es aplicar gobernanza compartida pero también planificación para dar estabilidad a un modelo que no dé posibilidades a aquello de a río revuelto, ganancia de pescadores.

¿Se trata de casos aislados o responden a un cierto clima generalizado que permitía esa corrupción?

La verdad es que es difícil de decir, si bien hay una cosa clara y es que la corrupción afectaba a muchas áreas distintas en temas lo suficientemente importantes. Creo que hay que hacer mucho trabajo dentro de los partidos a la hora de colocar gente en las instituciones. Hay gente que va a la política porque la política le entusiasma y tiene la ilusión de trabajar desde lo público, pero también hay gente que va pura y simplemente por ocupar un cargo, y no quiero ir más allá. Tal vez a nivel de organización se abusó demasiado en este sentido en el PP. Sé de gente en algún pueblo que cuando ha visto que el PP no gobernaba ya en la comunidad ha dejado sus cargos en los ayuntamientos.

¿Está diciendo que el PP se convirtió en una especie de polo de atracción para los corruptos?

Da esa impresión. Pero cualquier fuerza puede tener problemas. Por eso digo que hay que tener siempre los ojos abiertos. La mejor política es que los controles funcionen, pero para eso también tiene que haber voluntad política, y en esta legislatura hemos creado la figura del interventor delegado para que en cada consellería haya más controles a la hora de gestionar, y a la vez hemos revisado todas las distintas auditorías que se han hecho. Ha sido gracias a estas auditorias que hemos sabido de los desastres que se hacían con dinero público, y no solo por una mala gestión si no que en muchos casos han acabado con una causa penal. En este sentido mi propuesta ha sido crear todas las fórmulas necesarias para impedir eso. También estamos estudiando una ley para las empresas públicas y los consorcios, para que tengan más controles y más transparencia, y a la vez cuando descubrimos algo irregular cumplimos con nuestra obligación de llevarlo ante los jueces.

¿No hubo esa voluntad de control durante el gobierno de Matas?

Por los casos que van saliendo da la impresión de que no se hicieron todos los esfuerzos necesarios.

¿Usted ha hablado con el señor Matas?

No, la verdad es que desde que se fue a EEUU no hemos hablado

¿Teme que todos estos escándalos afecten a la imagen de las Baleares?

Espero que no, porque las Islas Baleares son una potencia en muchos temas, y no sólo por esta situación que yo diría que es coyuntural. Ahora bien, tampoco podemos estar pendientes de eso, lo primero es aclarar todos los casos, la ciudadanía tiene todo el derecho a saber cómo se ha gestionado su dinero.

Usted preside un Gobierno que ahora mismo depende del voto de un diputado imputado en varios casos y que ha sido suspendido por su partido, Unió Mallorquina, y ahora mismo está en el grupo mixto. ¿Se ha planteado avanzar las elecciones?

En estos momentos sería una auténtica irresponsabilidad cuando estamos pasando por una coyuntura económica muy difícil. La sociedad necesita más que nunca un Gobierno en activo, no un proceso electoral. Pero es verdad que tenemos una situación complicada en el Parlamento y los grupos que apoyan al Govern no pueden hacer nada.

¿Y cómo piensa gobernar?

El presidente hizo una determinada petición al partido de este señor, la fuerza política actuó, lo suspendió, y la verdad es que el escaño es de su propiedad. Yo he pedido al partido de la oposición que sean responsables y nadie intente utilizar esta situación. Nuestra idea sería poder sumar más apoyos para aprobar los presupuestos, y lo intentaremos a través de las comisiones que habrá a partir de la semana que viene.

En este contexto tan difícil, la sensación de que en cualquier momento puede haber otro sobresalto judicial, ¿es una espada de Damocles para su Gobierno?

Algunos temas se están viendo ahora, como el del Palma Arena... Pero en relación con miembros del Govern no tengo ningún temor.

Ha citado usted un caso que podría llegar a involucrar al mismo Jaume Matas.  ¿Le preocuparía que se llegase a ese extremo?

Cualquier cosa que afecte la imagen de la política y las instituciones me preocupa, y cuanto más arriba involucra más todavía por el impacto que tiene ante la ciudadanía. Pero en este caso hemos de dejar trabajar a la Fiscalía; ellos son los que tienen la competencia, y yo no soy partidario de avanzar posibilidades. Yo lo único que sé es que en el caso del Palma Arena hay dificultades para explicar algunas adjudicaciones que se hicieron, y hay algún tema de sobrecoste que se está analizando. Lo más importante es aclararlo y saber qué ha pasado.

¿Todos esos casos de corrupción han sido un lastre para su Ejecutivo?

Son un lastre. Hemos tenido que pasar mucho tiempo aclarando las cuentas porque la situación que encontramos, además del gran endeudamiento que se había practicado, era complicada en aquellas
áreas donde más dinero se habían gastado. Encontramos obras, como la del metro, que hemos tenido que reformar porque estaba mal hecha a pesar de unas inversiones grandiosas, el Palma Arena, las autopistas de Ibiza... Eso nos ha ocupado durante mucho tiempo, porque es muy difícil iniciar un proyecto nuevo sin saber exactamente con qué recursos cuentas.

¿Cómo son ahora sus relaciones con Unió Mallorquina?

Las relaciones con UM son buenas. Ha habido un relevo en el liderazgo y hay una buena relación con la nueva ejecutiva, aunque en los momentos de cambio siempre hay algunas dificultades. Yo estoy muy satisfecho de la gente de UM que está en mi Ejecutivo, especialmente, de Miquel Nadal en Turismo.

Pero usted sabe que esta formación despierta recelos y sospechas en sectores de la izquierda...

Todas las fuerzas representan lo que representan, ellos son de centro y practican políticas moderadas, pero al final lo que importa es lo que pactamos. El camino está escrito, hay un pacto con los objetivos y las políticas del Govern. Debate hay, y mal si no lo hubiera porque significaría que las fuerzas políticas no están lo vivas que deberían estar. Pero nos hemos puesto de acuerdo en cosas importantes como la Ley de Vivienda, que por primera vez permitirá que tengamos una política de vivienda pública, o la eliminación de 1.604 hectáreas de suelo que estaba previsto urbanizar y construir en terrenos de especial valor natural.

Su primer Govern fracasó cuando intentó imponer una ecotasa al sector hotelero, que le declaró la guerra... ¿Cómo son sus relaciones ahora con el sector?

Se suele decir que de los tropiezos se aprende más que de los éxitos. La ecotasa era un instrumento para conseguir dinero para invertir en el medio ambiente, pero tuvimos dificultades para llegar a todo el sector turístico, y no sólo a los establecimientos más fáciles de gravar, que eran los hoteles. En estos momentos hemos valorado que para afrontar la mejora económica de este país no podemos estar enfrentados a los agentes económicos, y por tanto ya tenemos un punto de partida completamente diferente. No entro en quien fue culpable de aquel enfrentamiento. El primer gran mensaje que he enviado en esta legislatura es que el trabajo lo tenemos que hacer codo con codo con los agentes sociales y económicos.

¿Cuáles son las claves de ese cambio de modelo económico que propugna?

Para diseñar el nuevo modelo hay que tener en cuenta el papel crucial del sector turístico, que directa o indirectamente representa el 80% del PIB. Hay que pensar en el sector en sentido amplio, y poniendo el énfasis en las nuevas tecnologías, como hemos hecho en el Parc Bit, donde hemos creado un cluster [alianza] que se llama Turistec y maneja tres millones de plazas fuera de las Islas Baleares en materia turística. Hemos conseguido que Microsoft se instale en Parc Bit y abra la primera oficina que tendrá en el mundo que se dedicará al turismo. Hemos puesto en marcha un plan renove para mejorar las instalaciones hoteleras. Es muy importante que el sector turístico aproveche la crisis para modernizarse.

En estos momentos se está negociando el nuevo sistema de financiación autonómica. Su comunidad es la más perjudicada ahora, con hasta mil euros menos de recursos per cápita que otras comunidades...

No hay duda de que somos la comunidad más perjudicada por el sistema de financiación general y hasta ahora ha estado mal financiada también en lo que respecta a las inversiones del Estado. Por tanto, las Islas Baleares ha sido históricamente la comunidad más maltratada por los gobiernos estatales. Hay dos cifras que lo indican: estamos 22 puntos por debajo de la media en cuanto a la financiación autonómica, y una inversión estatal hasta la última legislatura que rondaba el 0,7%, o sea, que el Estado estaba haciendo cooperación internacional con las Baleares.

Y ese déficit de infraestructuras, ¿se ha ido corrigiendo?

Es verdad que ya hemos cerrado algunos acuerdos en esta materia, y en los próximos siete años, de acuerdo con nuestro Estatuto, tendremos una inversión de 2.800 millones de euros. Eso supone 400 millones al año, cuando antes se invertían sólo 250 ó 260.

Si la inversión está resuelta, ahora le falta la financiación.

Todo apuntaba a que este año teníamos que pactar el nuevo sistema, y nosotros no hemos perdido la esperanza, es más, creemos que tiene que ser así, y se lo solicitamos al Estado, porque si hay una comunidad perjudicada somos nosotros, a mucha distancia de las otras.

¿No teme que lo acusen de insolidario?

Las Islas Baleares tienen bien claro que dentro del sistema debe regir un principio de solidaridad; lo que no queremos es que esa solidaridad se haga como se está haciendo ahora en relación al dinero que debería servir para cubrir nuestras necesidades. Nosotros hemos estado practicando solidaridad con otras comunidades con un dinero que era imprescindible para cubrir nuestras necesidades básicas, y eso es una cosa que no se puede aguantar. No podemos aguantar que la educación, los servicios sociales o la sanidad no tengan aquí los recursos necesarios cuando nosotros enviamos dinero a otras comunidades.

Para usted, ¿cuál es el mínimo aceptable?

Muy fácil, que Baleares esté en la media de financiación de las CCAA. Es lo que hemos planteado a Madrid. Tiene que haber un sistema que no sea injusto y que se readapte. No puede ser que comunidades como la nuestra, que ha tenido un crecimiento de población brutal, no reciba dinero para atenderla. Es como si no existiese, pero necesita escuelas y médicos igual que el resto.

El debate de la financiación coincide con el 30 aniversario de la Constitución...

Aunque la Constitución no lo diga es evidente que el Estado de las Autonomías tiene una vocación federalizante clarísima. Y tenemos una pieza que es el Senado, que necesita una reforma para ser una institución mucho más territorial. Y luego tiene que haber capacidad de convenios y colaboraciones entre CCAA. Ahora mismo hemos puesto en marcha una eurorregión con Catalunya y territorios del sur de Francia para tener más fuerza ante Bruselas. También trabajamos con las islas del Mediterráneo, Sicilia, Cerdeña y Córcega, para tener otra eurorregión. Al final parece que sea más fácil montar eurorregiones que colaborar dentro de España. Es algo absurdo.