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Creatividad contable en el Ministerio de Defensa

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El Consejo de Ministros del 7 de septiembre aprobó la concesión de un crédito extraordinario al Ministerio de Defensa de 1.782,7 millones de euros para pagar deudas contraídas por adquisiciones de armas. En realidad, el Ministerio tiene un desfase entre el presupuesto y las obligaciones reconocidas de pago de 2.370 millones de euros. A principios de año el Gobierno ya aprobó otro crédito de 309 millones y el Ministerio de Industria ha anunciado que ayudará a Defensa concediendo un crédito de 198 millones  a las industrias de armamento afectadas. Los 80 millones que, de momento, le siguen faltando a Defensa no sabemos cómo los piensa conseguir.

Esta deuda procede de los Programas Especiales de Armamento (PEAS) que, desde 1995,  empezaron con la contratación de compras de aviones de combate EF-2000, helicópteros Tigre, blindados Leopard, fragatas F-100, misiles... Todas estas adquisiciones tenían unos costes iniciales de unos 20.000 millones de euros y un período de pago de entre 15 y 25 años. Con el paso del tiempo, debido a los retrasos en la producción y en el pago de dichos contratos, el monto a pagar se ha incrementando y, según Defensa, en este momento alcanzaría los 32.000 millones. En cuanto al período de pago, Defensa está estudiando atrasarlo entre10 ó 15 años. En definitiva, una deuda sin un horizonte claro, que no se sabe ni cómo ni cuándo podrá ser pagada, y con una situación más que plausible: las armas compradas finalizaran su vida útil y pasarán al desguace antes de haber sido pagadas.

La fabricación de estas armas requiere de inversiones en I+D. Cuando en su día Defensa decidió adquirir una gran cantidad de armas, acordó con el Ministerio de Industria que éste concedería créditos a las mismas en concepto de I+D a un cero por ciento de interés y a retornar en 20 años. Han pasado 16 años desde aquello y las empresas no han retornado los cerca de 16.000 millones que han recibido. Todos son conscientes de que dado que Defensa no tiene liquidez para afrontar sus deudas con las industrias, las empresas no retornarán los créditos recibidos. Éstos acabarán siendo considerados como ayudas o subvenciones a las industrias y, por tanto, pasarán a incrementar el déficit del Estado. De momento, para no incrementar el déficit se imputan como capital pendiente de ingresar.

Desde el Fondo de Contingencias se han transferido a Defensa 754,7 millones de euros para hacer frente a las misiones militares en el exterior (Afganistán, Líbano o aguas de Somalia). Una partida que cada año está dotada con 14,3 millones, cuando esas misiones cuestan al erario público alrededor de 850 millones anuales.

Como sucede cada año, el presupuesto inicial de Defensa dispone de una cierta cuantía (6.316,4 millones en 2012), pero a lo largo del ejercicio Defensa es agraciado con créditos extraordinarios que suplementan su dotación inicial. Muestra de ello son las cifras anteriormente mencionadas. Inicialmente, el presupuesto de Defensa era un 8,8% inferior al del año anterior. Cuando se cierre el ejercicio y lo comparemos con el presupuesto ejecutado, comprobaremos que el presupuesto de Defensa no ha disminuido respecto del año anterior, sino que ha sido incrementado. En definitiva, podemos concluir que el presupuesto de Defensa cada año ha sido infradotado a sabiendas de que el aumento del gasto militar no es bien percibido por la opinión pública, sobre todo cuando el Gobierno reclama austeridad e impone fuertes ajustes en todos los ámbitos.

* Tica Font es directora del Instituto Catalán Internacional por la Paz y miembro del Centre Delás d'Estudis per la Pau