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La crisis pone el láser médico en manos inexpertas

Los facultativos alertan de los daños causados en locales de depilación sin personal cualificado

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Nieves Salamanca no se lo pensó dos veces tras ver cómo se le habían quedado las piernas. Denunció a quien le quemó 'de las ingles a los tobillos' con la depilación láser y, tras tres años de juicios, ha conseguido que le den la razón. La Audiencia Provincial de Valladolid condenó hace dos semanas al centro de estética de la ciudad castellana que le causó las quemaduras a pagarle 13.028 euros.

Un bolsillo medio vacío eclipsa la evidencia de que lo barato sale caro. La crisis ha hecho proliferar el número de establecimientos sin personal cualificado que realizan técnicas que pueden poner en peligro la salud del usuario. La generalización de gimnasios y peluquerías que ofertan depilación con láser es el ejemplo más novedoso y visible de esta tendencia, que aprovecha el hecho de que el uso de estos aparatos no esté regulado.

«Quedé como si me hubieran apagado un cigarrillo», dice una afectada

También son cada vez más los centros que realizan tratamientos de rejuvenecimiento y estética sin contar con profesionales capacitados para ello. En el peor de los casos, ni siquiera utilizan productos autorizados por las autoridades sanitarias.

Aunque no existen cifras oficiales de la dimensión del fenómeno, las asociaciones de usuarios, de pacientes y las sociedades médicas aseguran notar el aumento. También en el organismo del Ayuntamiento de Madrid encargado de las inspecciones lo han notado.

A diferencia de los tratamientos de estética con técnicas de relleno, el uso generalizado de los láseres de depilación no está regulado. Usuarios y profesionales reclaman al Ministerio de Sanidad que tome cartas en el asunto. Unos y otros denuncian que la alegalidad pone en peligro la salud de los ciudadanos.

Los expertos insisten en que un médico debe controlar el láser

Botox en clandestinidad

La aplicación de toxina botulínica se ha extendido, según advierten los profesionales. Pero el hecho de que su uso sí esté restringido relega el ejercicio irregular de esta actividad a la clandestinidad y la hace por tanto más invisible. Este producto lo debe aplicar un médico y sólo se puede adquirir a través e una farmacia hospitalaria, según insiste el presidente de la Sociedad Española de Cirugía Plástica y Reparadora (Secpre), Ezequiel Rodríguez. Por eso, destaca, el uso indiscriminado de esta sustancia, que se utiliza sobre todo para rellenar zonas con arrugas, 'es una infracción aún más grave'.

A diferencia de los establecimientos que aplican el láser, cuyo uso está por legislar, la policía sí tiene capacidad de detener al responsable de un centro que aplique toxina botulínica sin ser médico y cerrar el establecimiento. La aplicación de productos no autorizados o el uso incorrecto pueden provocar que la paciente la mayoría de usuarios son mujeres sufra un bloqueo de los impulsos nerviosos a los músculos. Como consecuencia, su rostro puede acabar deformándose, apareciendo los párpados caídos o daños en los labios, y puede sufrir visión doble, cefaleas o problemas para hablar y tragar.

Los médicos denuncian el uso indiscriminado de toxina botulínica

En el caso del láser, las quemaduras graves, ampollas dolorosas y marcas irreversibles son los problemas que denuncian centenares de mujeres en los numerosos foros de internet creados entorno a esta negligencia. 'Me quemaron las piernas (...), incluso he estado con depresión', denuncia una de las afectadas. 'Me acabo de hacer el labio superior, estoy preocupada, mi piel está enrojecida y me han salido unas pequeñas arrugas', confiesa otra mujer, que solicita al resto de usuarias del foro que le aconsejen un abogado para denunciar la negligencia.

Nieves Salamanca, de 36 años, inició el tratamiento en diciembre de 2003. En verano hizo una pausa y a la vuelta de las vacaciones, en octubre, se sometió a su sexta sesión de depilación láser. Nieves estaba morena y su vello apenas se distinguía de su piel. Ese contraste es necesario para que el láser detecte el folículo del pelo (la raíz) y lo queme, consiguiendo que nunca vuelva a crecer. 'La chica subió la potencia al aparato. Sentía un dolor que no podía aguantar y cuando salí, tenía las piernas quemadas', explica Nieves. 'Tenía quemaduras de segundo grado, mis ingles y piernas estaban como si alguien me hubiera ido apagando un cigarro', relata. La trabajadora que le aplicó el láser no estaba cualificada para ello. 'En ningún momento, antes de someterme al tratamiento, me hicieron un análisis de mi tipo de piel. Allí no había ningún médico', denuncia Nieves.

Los dermatólogos, los médicos de estética y las asociaciones de consumidores insisten en que el láser no lo puede utilizar cualquiera. La dermatóloga Maria Teresa Gutiérrez Salmerón, de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEPV), insiste en que antes de aplicar el láser es necesario que un profesional sanitario haga un estudio médico previo del tipo de piel del paciente y elabore una historia clínica. Al riesgo por quemaduras, esta doctora añade que los láseres, aplicados sobre determinadas manchas cutáneas y lunares, pueden generar cáncer de piel.

No existe ninguna normativa que delimite la potencia a aplicar

La realidad muestra que cada vez más centros se toman a la ligera este peligro. 'El láser es buenísimo para la piel. No sólo sirve para depilar, también lo aplico para quitar manchas y estrías. La piel queda mucho más tersa', asegura la responsable de un céntrico establecimiento de belleza en el corazón de Madrid. Cuando la usuaria le pregunta por los posibles efectos secundarios, la mujer quita hierro al asunto.

Lo mismo ocurre en un par de centros de dos conocidas cadenas de peluquería situados en Madrid. 'Lo aplicamos nosotras, regulamos la potencia en función del tipo de piel', intenta tranquilizar una trabajadora de uno de los centros, que reconoce que lo mismo peina que aplica el aparato, 'de los más novedosos del mercado'. En su caso, el estudio previo de la piel que reclaman los médicos se queda en observar su pigmentación.

'Por supuesto, nos aseguramos de que la paciente no tome medicación que pueda provocar efectos secundarios al aplicar el láser', concluye otra peluquera con una formación en estética que no aclara. En su centro, ocho sesiones de depilación láser de medias piernas cuesta 600 euros.

La diferencia es notable cuando se va a un centro especializado, con profesionales cualificados. Tras media hora escuchando los pros y los contras de este tipo de depilación, la interesada sale del centro con un presupuesto: 800 euros por ocho sesiones, de rodilla para abajo. La responsable del centro le ha asegurado que no aplicará el láser sin haberse cerciorado de que no le causará efectos secundarios.

Existe una distinción ambigua entre láseres médicos y estéticos. La frontera entre unos y otros no está delimitada. Los láseres médicos tienen una luz más potente: más eficaz para acabar con el vello pero también para provocar quemaduras más graves, en caso de un mal uso. Cuando se trata de láseres médicos, sí se determina que debe ser un facultativo quien los aplique.

El problema es que no se ha determinado el límite de potencia que distingue a unos de otros. Son las empresas que fabrican los láseres quienes etiquetan en los aparatos si estos son de uso médico o estético. Pero nadie controla que las indicaciones corresponden a la realidad, porque no se ha determinado qué potencia máxima puede tener un láser estético. El fabricante decide. Nadie supervisa si una empresa vende láseres potentes bajo el epígrafe de estéticos a un centro con personal no cualificado.

Consuelo Garrastazu, jefa del departamento de Salud Ambiental del Ayuntamiento de Madrid, el organismo encargado de inspeccionar los centros de estética, explica que al no estar regulado el uso del láser, la inspección se centra en constatar que los aparatos son adecuados, las prácticas no suponen un riesgo para el usuario y que los centros que publicitan un seguimiento médico del tratamiento estén autorizados como centro sanitario. 'Es necesaria una normativa. Siempre debería haber un seguimiento médico', defiende.

'En general, las cadenas de estética compran láseres baratos y poco potentes', dice la doctora Petra Vega, vocal de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME). Pero reconoce que aún teniendo una luz más débil, los láseres estéticos no son inofensivos.

La doctora Concha Obregón, portavoz de la SEME coincide con su compañera. Por ello, exige que los use personal cualificado, que podría ser un esteticista que contara con la supervisión de un médico.

Todos los médicos consultados coinciden en que por sus centros pasan cada mes decenas de mujeres que fueron quemadas en centros sin especialistas. En esos casos, como facultativos, primero les tienen que tratar las quemaduras, para luego intentar volver a hacer el tratamiento correctamente.

La presidenta de la Asociación el Defensor del Paciente, Carmen Flores, asegura que en el último año ha detectado un aumento que no acierta a cuantificar. 'Es necesario que el Gobierno legisle ya', insiste. El portavoz de la asociación de consumidores Facua, Rubén Sánchez, también exige que se legisle ya. 'El consumidor debe saber qué tipo de láser se le está aplicando', reclama. También insiste en que se realicen más inspecciones a los centros.

La depilación láser consiste en matar el vello de raíz, quemándolo con la luz del láser. Este capta los folículos de cada pelo y los destruye, de forma que ese vello nunca vuelve a salir. Para detectar cada pelo, el láser necesita que haya suficiente contraste de color entre la piel de la o el usuario y el pelo. Por ello, en principio, el tratamiento es más eficaz en las personas con la piel muy blanca y el vello muy oscuro. Quien maneja el láser puede regularlo, poniéndole más o menos potencia, en función de las características de cada usuario. La clave está en regular el aparato de forma que capte el folículo de cada pelo pero no llegue a quemar la piel. Cuando se aplica una potencia excesiva, el láser quema toda la zona de alrededor del pelo, sin que por ello haya acabado con su folículo. Así, donde hubo un pelo, queda una ampolla. Cuando la quemadura se cura, la piel queda salpicada de pequeñas manchas blancas. 

También son cada vez más visibles los establecimientos que hacen blanqueamientos dentales y ortodoncias. La proliferación de estos centros ha ido de la mano del aumento del número de quejas por tratamientos con un resultado nefasto. En ello coinciden la agrupación de consumidores Facua y la Asociación el Defensor del Paciente. 'En muchas ocasiones el que ve al paciente es más un comercial que un profesional de la salud y quiere hacer al cliente mucho más de lo que necesita', explica el portavoz de Facua, Rubén Sánchez. Los odontólogos están especialmente preocupados por la situación. Consideran que ni el blanqueamiento de dientes ni, sobre todo, el diseño y aplicación de prótesis y ortodoncias para corregir la colocación de los dientes deben correr a cargo de personas sin la cualificación adecuada. El peligro, insisten, es de salud pública. Para evitar que haya centros que den gato por liebre, el Consejo General de Colegios de Odontólogos incluso contrata a detectives para que identifiquen a los centros que cometen fraude. 'Incluso se están anunciando blanqueamientos dentales en gimnasios', denuncia el presidente de los odontólogos, Alfonso Villa-Vigil. 'O no ponen las dosis suficientes de líquido blanqueador, o en el peor de los casos, usan productos que no están autorizados, con el peligro que ello supone', prosigue.