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Cuenta atrás para resolver una violación impune

Un ciudadano pide al fiscal que reabra un caso y analice las pruebas

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Veinte años tenía M. J. G. cuando la violaron el 25 de noviembre de 1991, delante de su novio, en un descampado de Blanes (Girona). Dentro de ocho meses habrán pasado 20 años sin que ninguno de los dos violadores haya sido identificado. Es también lo que tarda el delito en prescribir y de no ser por el ciudadano barcelonés Manuel Borraz (L'Hospitalet de Llobregat, 1961), que lleva una década reclamando justicia para un inocente condenado por error, la impunidad se confirmará definitivamente. La Fiscalía podría ahora interrumpir esa prescripción si reabre el caso.

Borraz, que lleva más de una década investigando minuciosamente el caso, solicitó el pasado miércoles a la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya que ordene analizar unas muestras del delito que se conservan en el Instituto Nacional de Toxicología desde finales de 1991. En su escrito señala al violador con el que debería cotejarse el análisis. Se trata del sospechoso que maneja la Guardia Civil desde hace 15 años: Antonio García Carbonell, condenado a más de 250 años por siete violaciones cometidas entre 1991 y 1995, y que desde entonces está preso.

El inocente sobre el que Borraz ha acumulado ingente información, reclamaciones y rigurosos análisis es Ahmed Tommouhi. Se trata de un albañil marroquí que estuvo 15 años preso hasta 2006 acusado de tres violaciones y un robo (el Tribunal Supremo reconoció su error en una de las violaciones). La Justicia le sentenció con una única prueba en su contra: el señalamiento en rueda de reconocimiento por parte de algunas de las víctimas de las violaciones cometidas en el otoño de 1991. Un tribunal presidido por Margarita Robles lo condenó sin entender que los análisis de semen lo exculpaban .

Los análisis de ADN, sin embargo, sí sirvieron para demostrar en otra ocasión que Tommouhi había sido confundido con Antonio García Carbonell, al que la Guardia Civil detuvo cuatro años después (1995) y con el que guarda un gran parecido físico. El Supremo revocó una de las condenas (por una violación cometida en 1997 Olesa de Montserrat, Barcelona). Tres años después, y ante la imposibilidad de hallar nuevas evidencias científicas que sirvieran para revisar las otras tres causas por las que estaba condenado Tommouhi, el TS recomendó al Gobierno que lo indultara. Tommouhi, sin embargo, cumplió íntegra la pena junto a Abderrazak Mounib, un compatriota suyo al que no conocía antes de su detención pero que fue condenado con él en dos de los casos y que murió en la cárcel en abril de 2000.

Fue a través de esas investigaciones como Borraz dio con este caso que ahora reclama reabrir. Las víctimas de Blanes también señalaron, por error, a uno de los marroquíes condenados por la violación de Olesa, en este caso a Abderrazak Mounib. Como se demostró ya entonces, era imposible: la noche de autos de Blanes, tanto Mounib como Tommouhi estaban ya en la cárcel. Las muestras cayeron en el olvido y cuando el fiscal ordenó rastrear si García Carbonell tenía que ver con alguna otra violación de 1991, olvidó incluir este caso en su escrito.

"Nunca se habían analizado, así que me dije que quizá había todavía una posibilidad", contó ayer este licenciado en Telecomunicaciones. Borraz supo que las muestras aún se conservaban en Toxicología leyendo Justicia poética (Seix Barral, 2010), un libro sobre el caso escrito por el autor de este artículo. El mérito de descubrir que podría no haber prescrito, sin embargo, es exclusivamente suyo. Un cabo suelto que podría servir para identificar al otro autor de las seis violaciones de 1995 por las que García Carbonell fue condenado en solitario.

Así insiste en defenderlo ahora, incluso después de que el juzgado lo haya considerado prescrito en un auto del pasado 20 de enero. "Se trata simplemente de leer los artículos y de ver cuál hay que aplicar para ver que el juzgado no tiene razón", afirma. El artículo 180.2 del Código Penal, en efecto, reconoce un supuesto en el que el delito de violación prescribiría a los 20 años, y no a los 15 como cree el juzgado. Esto ocurre cuando haya sido cometida por dos autores. Y ese es, justamente, el caso de la violación cometida en Blanes en 1991.