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La culpa de todo es de... Jordi Sevilla

Carlos Fabra lee un folio ante los periodistas en el que achaca todos sus males al ex ministro socialista

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Flanqueado por su chófer, sus guardaespaldas y una avanzadilla de fieles, Carlos Fabra arribó ayer a las 10.50 horas a la puerta de los juzgados de Nules. Dentro le esperaba el juez Jacobo Pin, el noveno magistrado en asumir la larguísima instrucción de un caso que ha dejado también a cinco fiscales por el camino y que, ahora, parece entrar en su recta final. Parece. Pero las sorpresas, avisan los entendidos, nunca deben descartarse con Fabra.

Al líder del PP en Castellón se le tiene por hombre campechano. Que a veces se enfada y llama 'hijos de puta' a sus rivales o amenaza con mearse en la sede de Izquierda Unida. Que se preocupa por los suyos. Un hombre a quien uno de los fabristas congregados ayer ante los juzgados de Nules definió como su amigo 'don Carlos'. 'Estamos aquí porque somos amigos de don Carlos', dijo el hombre, la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta, el puro en la izquierda.

Así que, antes de encararse al juez Pin, Carlos Fabra se paró ante los periodistas, dio los buenos días y les dijo con voz cálida que les había echado de menos. Repuesto tras la operación que le impidió declarar en mayo y a la que se había sometido en Madrid, donde su yerno, Juan José Güemes, fue hasta mayo consejero de Sanidad, Fabra se detuvo y leyó el folio que traía preparado.

Y resultó que el folio encerraba una novedosa acusación: la culpa de todo es de Jordi Sevilla, ex ministro socialista de Administraciones Públicas y ex diputado por Castellón. 'El único compromiso que los socialistas han cumplido en esta provincia silabeó Fabra es el que en la campaña electoral de 2004 hizo el señor Sevilla cuando anunció que si ganaban las elecciones, me mandaría a la Fiscalía Anticorrupción. ¡Y vaya si lo ha hecho!'.

'Estamos aquí porque somos amigos de don Carlos'

Era el antepenúltimo párrafo del folio. Apenas se oía ahora el '¡Presidente, presidente!' que habían coreado a pulmón sus alcaldes, sus concejales, sus diputados provinciales, alguna parlamentaria autonómica, la treintena de cargos públicos y demás partidarios que acudieron allí en defensa de un hombre que se proclama 'inocente'.

A diez metros, seguían gritando diez militantes de Esquerra Unida tras una pancarta: 'Contra la corrupción, justicia', era el lema. A esas alturas, Fabra iba ya contando que es una lástima que el PSOE no se ocupe de las infraestructuras de Castellón en vez de ocuparse de él. Y un fabrista estalló: '¡Terroristas!', se oyó gritar en dirección a la pancarta. Fabra continuó leyendo. El grito volvió a sonar, ahora con una desconcertante variación: '¡Terroristas! ¡A la huelga!'.