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Un curso acelerado de supervivencia política

Mariano Rajoy.La traición de Barreiro lo dejó fuera de la Xunta y fuera del Congreso.

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Página 38 del libro de Mariano Rajoy En confianza: 'Una vez que acabé el servicio militar, me fui a Pontevedra, y solicité que se me destinara al registro de la propiedad de Padrón. Es en esa época cuando empiezo a implicarme de una manera más directa, al principio muy tímidamente, en la actividad política, a finales de 1980'. Contaba 25 años y eligió las siglas de Alianza Popular, si bien su interpretación de lo que era entonces AP es algo subjetiva: 'En Galicia en el centro derecha la competencia entre UCD y AP marcó mucho las primeras elecciones'.

Lo cierto es que incluir a aquella Alianza Popular infestada de ministros franquistas en algo así como el centro político es mucho incluir. Es obvio, en todo caso, que a Rajoy no lo movía el arribismo, que fue lo que movió a muchos franquistas a afiliarse a UCD porque era el partido con mayores opciones de victoria. En las gallegas del otoño del 81 obtendría su primer cargo político: diputado por Pontevedra, el más joven de la Cámara, aunque él mismo admite que iba en un puesto 'de los de no salir'. UCD estaba convencida de repetir en Galicia los triunfos logrados en otras partes de España, pero no fue así. Y sin embargo, pese a haberse afiliado a AP y no a UCD, es difícil imaginar en aquel joven Rajoy la dureza ideológica que, por ejemplo, ya exhibía y nunca dejaría de exhibir un Aznar, también afiliado a AP.

La traición de Barreiro lo dejó fuera de la Xunta y fuera del Congreso

En ese primer Gobierno de la Xunta Rajoy sería director general de Relaciones Institucionales, luego sería concejal del Ayuntamiento de Pontevedra en 1983 y de ahí saltaría a la Presidencia de la Diputación tres años después, para ir más tarde en las listas al Congreso. Sale elegido, pero por poco tiempo: en el Gobierno gallego, Xosé Luis Barreiro se ha rebelado contra el presidente Gerardo Fernández Albor aliándose con los socialistas; en plena batalla Fraga le pide a Rajoy que vuelva de nuevo a Galicia como vicepresidente de la Xunta, renunciando a su acta de diputado. Pero la suerte estaba echada: la pinza entre el PSOE y Barreiro arrebató el poder a AP y Rajoy se quedó a la intemperie: sin el Congreso y sin la Xunta. En su libro cuenta que aquellos episodios le dejaron 'otra lección para el futuro', y relata también que fue injustamente 'apartado desde Madrid en 1985 de la presidencia de Pontevedra tras ganar un congreso'. Lo de injustamente no lo dice, pero lo da a entender. Como ocurre, por cierto, en tantas páginas de su programa electoral. Decir las cosas sin decirlas es su forma de hacerse entender.

Al quedarse compuesto y sin cargo regresó a su plaza de registrador, esta vez en Santa Pola. Pero también por poco tiempo. El partido volvió a llamarlo. En 1989 AP se transfigura en PP y Rajoy se convierte en uno de los elegidos del círculo de Aznar: llega a vicesecretario general en 1990 por recomendación nada menos que de Francisco Álvarez-Cascos, hoy su enemigo declarado. Como canta el gran Rubén Blades: 'La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay, ay'. Unos lo llaman sorpresas y otros lo llaman lecciones, pero en realidad son la misma cosa.