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Daños colaterales del machismo

Un grupo de hombres mayores, viudos y solteros aprenden las tareas que hacían sus mujeres, madres o hermanas

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Antonio Paloma, de 86 años, nunca ha preparado la cena de Navidad. Pero tampoco nunca hizo de comer, ni la cama, ni la compra, jamás planchó un pantalón ni fregó un plato. Nadie lo enseñó ni él se preocupó por aprender. Hasta que la necesidad lo ha obligado a hacerlo. Su mujer murió hace tres años y sus hijos viven en la capital. Está solo en su pueblo, Valle de Abdalajís (2.908 habitantes, Malága). Por eso decidió apuntarse a un taller de habilidades domésticas, organizado por la Diputación de Málaga y dirigido a hombres mayores que están solos.

'Es verdad que hombres y mujeres deben compartir las tareas, pero a nosotros nos educaron de otra forma', admite mientras prepara una paella sobre una hornilla portátil junto a Pepe Torres, soltero de 63 años, y Antonio Montero, de 70, que tampoco se casó y vive con su hermana. 'El niño que no haga nada', les decían en casa. Y se tomaron la frase al pie de la letra.

La educación es clave: 'El niño que no haga nada', les decían

Otra educación. No hay duda de que quienes sufrieron en sus propias carnes la desigualdad fueron sus mujeres, sus madres y sus hermanas. Pero ¿se han convertido ellos en víctimas de su propio machismo? ¿Son los daños colaterales de la propia desigualdad? 'Al final, todas esas barreras los han convertido en dependientes de las mujeres y ahora se encuentran en una situación difícil y puede que sean víctimas de la desigualdad', responde Fuensanta Fuentes, una de las técnicas sociales que controlan el taller, ya desarrollado en otros pueblos de la provincia.

El objetivo, de hecho, es 'superar las actitudes paralizantes por razón de género', según el director del centro de Servicios Sociales del Guadalhorce-Sierra de las Nieves, Juan Antonio Aguilera, que incide en las dificultades iniciales para captar a esas personas: 'Al principio, tenían miedo al qué dirán, cómo iban a hacer ellos algo que consideran tareas de mujeres, pero poco a poco han ido superando esos prejuicios', explica. Entre este pueblo y Alozaina otro donde se ha desarrollado el curso simultáneamente han participado 30 hombres.

'Al final, todas esas barreras han creado su dependencia de las mujeres'

Las feministas, sin embargo, se niegan a usar la palabra víctimas para estas personas. 'Ellos no han sido discriminados por no hacer unas tareas que las mujeres han tenido que hacer por ellos', explica Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas. No obstante, Besteiro admite que sí han salido perjudicados por la educación patriarcal recibida, algo que les ha 'restado autonomía'.

Ahora, ya marcan derecha la raya del pantalón y saben que para hacer un cocido no necesitan un kilo de carne y que la ropa, cuando termina la lavadora, hay que tenderla. Pero ¿pueden reciclarse hombres con una vida entera de desigualdad a sus espaldas? Francisco Bernal, otro de los técnicos sociales, añade un matiz revelador: 'El resultado del taller es mejor cuando el monitor es un hombre, como en este caso, que cuando los ha enseñado una mujer'.

La regeneración no es fácil. Según las mujeres progresistas, 'una cosa es aprender esas tareas y otra que los hombres interioricen que han estado discriminando a la mujer conscientemente, si se van a convencer de que esas desigualdades no deben producirse en las generaciones futuras; en definitiva, si van a cambiar de mentalidad'.

Ernesto Rico, el profesor, friega una cacerola junto a otro grupo de alumnos que ultima la masa de unos huevos rellenos. 'Lo que más trabajo les cuesta es planchar, ahora espero que lo pongan en práctica', dice. La educación que este joven de 25 años, licenciado en Económicas, ha recibido en casa ha sido diametralmente opuesta a la de estos hombres.

Según explica, su madre siempre le ha inculcado valores de igualdad. 'Es necesario que quienes queremos realmente educar en igualdad, reflexionemos sobre el sexismo interiorizado que arrastramos, lo identifiquemos y nos atrevamos a cuestionarlo, cambiarlo y transmitirlo', afirman Eva de la Peña y Guiomar Montes, de la Fundación Mujeres, en Revista Monitor Educador.

Cualquier esfuerzo por superar la discriminación resulta positivo, pero en la balanza también pesa la comodidad que ha impedido corregir muchos años antes esa discriminación. '¿Víctimas? Me parece peligroso llamar víctimas a las personas, hombres o mujeres, que tienen que aprender a sobrevivir', reflexiona Fátima Arranz, profesora de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid y experta en estudios de género.

Aparte del lastre patriarcal, y salvo casos como el de Ernesto, aún hay muchos jóvenes que no asumen que las tareas de la casa son cosa de dos. 'Si somos iguales, ¿cuál es la diferencia?', reza la última campaña del Ministerio de Igualdad.

Según una encuesta del Instituto de la Mujer, ellas dedican una media de seis horas diarias al ámbito doméstico, frente a las dos horas y 20 minutos utilizadas por ellos. 'La apuesta por la coeducación no existe todavía en este país', critica Besteiro.