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El debate sobre la renovación del PSOE (1)

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El debate abierto ante el próximo Congreso del PSOE es ante todo, lógicamente, un debate de los militantes de ese partido. Sin embargo, es un debate que importa mucho también a quienes no son militantes, incluso a quienes no sean votantes habituales pero se sitúen ideológicamente en la izquierda. La mayoría de los dirigentes socialistas -al menos los que realmente desean una renovación de su partido- se declaran dispuestos a abrir el debate. Pero inviten a ello o no, hay razones para que la gente de izquierdas que no milita en el PSOE -empezando por quienes no le han votado en estas elecciones- tome la palabra para intervenir en este debate, porque afecta a toda la izquierda.

El PSOE es el único partido de gobierno en la izquierda del espectro político 

El PSOE es imprescindible para la izquierda, porque, hoy por hoy, es en la izquierda del espectro político español el único partido de gobierno -es decir, partido con posibilidades reales de gobernar y con capacidad para hacerlo- y, aunque no suficiente, es necesario acceder al Gobierno para cambiar las condiciones que permitan la transformación de la sociedad.

Implica esto que el PSOE sigue siendo un partido de izquierda, no porque la política que ha desarrollado lo sea -lo que puede dudarse y dudan sus propios votantes- sino porque sigue ocupando un espacio en ese sector del espectro político, el de la izquierda socialdemócrata, y en ese sentido, aunque no ejerciese como correspondería a dicho espacio, seguiría siendo identificado por el electorado como un partido de izquierdas. Incluso muchos que sostienen que 'no es un partido de izquierdas' lo dicen en el sentido de que, en su actuación de gobierno, estaría desmintiendo su condición, que en la práctica estaría renegando de ella, o, al menos, poniéndola en suspenso, sea por las circunstancias o por errores en su apreciación -lo que probablemente piensan también muchos de sus militantes-. Juicios que implican su reconocimiento como partido de izquierdas, un partido de izquierdas que, en el Gobierno, no estaba actuando como tal.

La importancia que el PSOE conserva para la izquierda no supone, desde luego, que sea el único partido que desde una posición de izquierdas se pueda votar. Al contrario, la abstención o el voto a otras alternativas, sobre todo cuando se traducen, como ahora, en derrotas electorales, pueden inducir al partido gobernante a reconsiderar sus posturas y abrir debates que de otro modo quizás no se hubieran abierto. ¿Es verosímil que si, al final, contra pronóstico, el PSOE hubiera ganado las elecciones de 2011 -como sucedió en 1993-, habría emprendido una renovación profunda y un replanteamiento serio de sus políticas de gobierno? Si nos guiamos por lo que sucedió tras la inesperada victoria de 1993 -cuando Felipe González dijo que 'había entendido el mensaje'-, hay que pensar que no, que no habría habido ni renovación ni replanteamiento, como no lo hubo entonces.

Sólo hay un punto de partida posible, y es la crítica, el análisis de los errores y de sus causas

En el inicio del debate se ha reprochado al Manifiesto de los 30 realizar una crítica insolidaria de la gestión política de los gobiernos de Zapatero y pretender hacer tabla rasa en el partido; la carta de los 23 reivindicaba la memoria de esa gestión y denunciaba la presunta insolidaridad de los críticos. Pero esta es una discusión carente de sentido y no vale la pena enredarse en ella. La corresponsabilidad no se puede eludir, ni tampoco la solidaridad con quienes han dirigido el partido y el Gobierno; pero el único punto de partida posible es la crítica, el análisis de los errores y de sus causas, y desde ahí, el replanteamiento político global y la renovación del partido.

En el replanteamiento político parecen esenciales cuatro campos: el primero, sin duda, el de la política económica; el segundo, asociado a este, el de la defensa y consolidación de los derechos sociales conquistados; el tercero, el de las libertades civiles, su aplicación efectiva y su desarrollo, y ahora también su defensa; y el cuarto, el de la propia democracia y sus instituciones, para hacerlas más representativas de la voluntad popular y más abiertas a la participación de los ciudadanos.

No puede olvidarse que este replanteamiento se hace desde la doble perspectiva de la oposición actual y del Gobierno futuro. Desde la perspectiva del fututo, ha de ofrecer una alternativa de Gobierno que sea real -alternativa a la derecha y no recambio- y realista -ejecutable y para ser ejecutada-. Desde la perspectiva actual, como oposición, cuando se impone la voluntad de poderes no democráticos y se recortan derechos y libertades según sus intereses o su moral, lo que toca no son los compromisos y las componendas, sino la crítica, la denuncia pública y la movilización ciudadana.

Otro plano del debate es el de la renovación del partido y de su estrategia, de la relación con su base social y su capacidad de movilización. En este plano se plantea al PSOE, ante todo, la necesidad de cambiar su modelo de partido y de relación con su base social. Pero, a la vez, se le plantea, junto a otras fuerzas progresistas, la necesidad de reconstruir una concertación internacional que pueda enfrentar una política alternativa común, en todos los campos, a la que están imponiendo los conservadores que hoy tienen el poder en Europa. El debate está abierto y no podrá cerrarse sin profundos cambios o lo que se cerrará con él será el futuro del PSOE.