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La década zapaterista

Aniversario. Hoy se cumplen 10 años de la elección de José Luis Rodríguez Zapatero como secretario general del PSOE 

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Catalunya es el factor que conecta de modo circular el décimo aniversario de la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al liderazgo el PSOE, que se cumple hoy, con el comienzo más remoto del relato que llevó al Palacio de la Moncloa a su actual inquilino. Podría decirse que todo empezó en aquella comunidad, que diez años más tarde vuelve a desempeñar un papel influyente en la trayectoria del político leonés por la crisis abierta a causa de la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la reforma del Estatut.

En agosto de 1997, Zapatero estaba más que satisfecho con haber entrado como vocal en la ejecutiva federal del PSOE en representación de Castilla y León. Joaquín Almunia había sustituido a Felipe González y el debate abierto en el socialismo por aquellas fechas era quién encabezaría la candidatura del PSC para intentar desbancar a Jordi Pujol de la Presidencia de la Generalitat. Y, en la fecha reseñada, pasó prácticamente desapercibido que un desconocido Zapatero apostara públicamente por Pasqual Maragall, entonces alcalde de Barcelona, como la persona más idónea para derrotar la fórmula 'agotada' de Pujol. Maragall cedió aquel año la alcaldía a su primer teniente de alcalde, se fue a Roma a reflexionar y en 1998 anunció que sería el candidato del PSC en las elecciones autonómicas de 1999.

El PSOE eligió a su líder en una votación entre cuatro candidatos

Por aquel entonces Zapatero y Maragall no habían tenido ningún trato personal y seguramente ninguno de los dos recuerde la anécdota de aquella declaración. Pero tres años más tarde se repitió la historia, aunque los protagonistas intercambiaron sus papeles. Cuando el PSOE se convirtió en un barco a la deriva en busca de un capitán que lo pilotara, tras la dimisión irrevocable con la que Almunia reaccionó a su derrota sin paliativos frente a José María Aznar, Maragall que no había podido desbancar a Pujol, pero se había convertido en un referente indiscutible al ganarlo en votos señaló a Zapatero como 'la esperanza blanca' de su partido.

Maragall y Zapatero conectaron a través de sus raíces republicanas, su concepción liberal del socialismo y su visión plural de España. La sintonía era tal que hizo concebir al catalán la esperanza de ver cumplido su sueño de un reencuentro entre las dos almas genéticas de España (la catalano-aragonesa y la castellano-leonesa). La suya fue la primera muestra de apoyo público y expreso que recibió Zapatero de una personalidad de su partido para disputar el liderazgo a José Bono, Matilde Fernández y Rosa Díez, los otros tres candidatos que concurrieron al 35º congreso del PSOE.

Aunque los socialistas catalanes han reivindicado con frecuencia que fue su apoyo el que decidió la elección de Zapatero, no menos determinante fue la ruptura de la disciplina de voto de Andalucía. Manuel Chaves, que lideraba la federación que aportó más delegados al congreso al tiempo que encabezaba la gestora que dirigió la transición, había apostado inicialmente por Bono, como la inmensa mayoría de los notables del partido, pero acabó dando libertad de voto a los suyos después de recibir un mensaje de Felipe González: 'Quizás nos hemos equivocado de candidato'.

Un desconocido diputado de León ganó por nueve votos a Bono

Con todo, puestos a identificar los nueve votos que decantaron el resultado, habría que buscarlos entre los guerristas, que repartieron los suyos entre su candidata, Matilde Fernández, y Zapatero, guiados por el objetivo prioritario de evitar el triunfo de un Bono que atemorizaba. El manchego, tras alistarse durante años entre los partidarios de Alfonso Guerra, se había convertido tiempo atrás en estandarte del antiguerrismo.

El triunfo de Zapatero, aunque sorprendió a la inmensa mayoría, fue en gran medida una consecuencia lógica de acontecimientos anteriores. González, derrotado por Aznar después de casi 14 años como presidente del Gobierno, renunció a seguir al frente del PSOE tras 23 años como secretario general y señaló como sucesor a Almunia. Aunque este fue elegido por los delegados que participaron en el 34º congreso, aquella circunstancia le restó legitimidad y, para despojarlo de esta sombra, a Alfredo Pérez Rubalcaba se le ocurrió que sometiera su candidatura electoral a un proceso de elecciones primarias.

La victoria en aquel proceso de José Borrell, en 1998, contra el aparato y los pronósticos, fue premonitoria de lo que iba a ocurrir en 2000. Las estructuras dirigentes seguían ancladas en las secuelas de la larga guerra fratricida entre los partidarios de González y los de Guerra mientras que la militancia reclamaba un cambio generacional que llevara aire fresco al partido y construyera un nuevo proyecto político. Los militantes revocaron en votación directa la elección que habían hecho González y los barones. La posterior renuncia de Borrell a la candidatura electoral, forzada por un presunto fraude fiscal de dos colaboradores en la Secretaría de Estado de Hacienda y algunas maniobras del aparato, convirtió la ilusión que había despertado Borrell en una frustración de la que muchos se resarcirían votando a Zapatero.

El encarnado por él fue el triunfo de una 'partida de aventureros', según la expresión que utilizaba Bono para referirse al grupo de Nueva Vía que aupó a Zapatero. Aquella pandilla le ganó el pulso tirando de sus móviles y de sus coches, incluso viajando en autobús mientras que el castellano-manchego disponía de todos los recursos de un presidente autonómico.

González empezó apoyando a Bono y acabó queriendo el triunfo de Zapatero

Fue también la confirmación de que, como se había demostrado con el fallido liderazgo de Antonio Hernández-Mancha en Alianza Popular, el insoslayable centro de la política está en el Parlamento. Zapatero era diputado y Bono no. Y una demostración del poder de la palabra. Bono sólo había ofrecido sacrificio y Zapatero, que habló a continuación, prometió esperanza. En el discurso con el que se presentó a los congresistas, a los que había propuesto un 'cambio tranquilo', lo primero que les dijo fue: 'No estamos tan mal'. Y concluyó: 'Os propongo una apuesta por la autoestima, la esperanza y la ambición de victoria'.

Tras su elección como secretario general, dijo a los congresistas: 'Os convoco a una nueva esperanza, la esperanza del 2004'. Y la hizo realidad. En el tiempo récord de una legislatura, llevó a su partido desde la oposición al poder.

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