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Defensa retira los cuatro F-18 y el submarino de la guerra de Libia

El Gobierno mantendrá en la operación a 300 militares, a pesar de que la OTAN ha dado por concluida la primera fase de la intervención contra Gadafi

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La victoria de las fuerzas opositoras a Muamar Gadafi en la guerra de Libia ha obligado a la OTAN a reformular su presencia en el país norteafricano, si bien mantendrá su intervención militar por un tiempo indeterminado.

A pies juntillas con la estrategia de la Alianza, la ministra de Defensa anunció ayer cómo se adecuará la presencia española a ese nuevo escenario: el Gobierno retirará los cuatro cazas F-18 que desde el comienzo de la intervención, en marzo, vigilaban el espacio aéreo libio, y no relevará al submarino Tramontana, que en los últimos meses ha contribuido a garantizar el embargo impuesto al país por la ONU.

La operación en Libia tiene un coste mensual de 14,4 millones de euros

Esta decisión no significa que el Ejecutivo prevea un repliegue inminente de sus fuerzas militares de Libia. La retirada a corto plazo no es el escenario que manejaron los países de la Alianza en lareunión de evaluación que mantuvieron en las últimas semanas sobre la operación Unified Protector en el país africano, explicaron fuentes de Defensa. De hecho, permanecerán allí la mayoría de los militares que participaban en la operación.

Aunque España ya no contará en Libia con los 50 efectivos que han trabajado estos últimos seis meses en el pilotaje y el mantenimiento de losF-18, ni con los casi 70 que integraban la tripulación del submarino, mantendrá en la operación a unos 300 militares. 230 forman parte de la fragata Álvaro de Bazán, que integra el contingente encargado de garantizar el embargo de armas a Libia, y otros 70 son el personal que trabaja en los dos aviones de reabastecimiento de combustible en vuelo a aeronaves de la OTAN, y del avión de vigilancia.

Fuentes del departamento que dirige Carme Chacón explicaron que los militares de los F-18 llegarán a España entre el viernes y el sábado. Apuntaron, además, que los efectivos del submarino Tramontana ya están aquí dado que esta semana estaba previsto que se hiciera el relevo del buque, lo que finalmente no ocurrirá.

El nuevo recorrido del desfile impidió que las autoridades oyeran las pitadas

La intervención en Libia, que ha implicado la participación de unos 400 militares españoles y tiene un coste mensual de 14,4 millones de euros, fue autorizada el 22 de marzo por el Congreso. En contra, tan sólo votaron IU, ICV y BNG. Unos días antes, el 18 de marzo, el Consejo de Seguridad de la ONU había adoptado la resolución 1973, que autorizaba a tomar 'todas las medidas necesarias para proteger a la población civil libia de los ataques del régimen de Gadafi'.

El anuncio de Chacón llegó ayer por sorpresa, durante una videoconferencia que mantuvo a primera hora con los mandos de las distintas operaciones en el exterior en las que participan militares españoles, con motivo de la festividad del 12 de octubre.

La jornada de máxima exaltación patriótica tuvo, un año más, el desfile militar como acto central. Las principales autoridades militares y políticas del país se vistieron de gala para dejarse ver en la tradicional parada por el centro de Madrid.

Mas y Patxi López,entre los presidentes autonómicos ausentes

En la tribuna central estuvo el rey que, visiblemente afectado por su reciente operación de tobillo, presidió el desfile junto a su familia. En los asientos que estaban a su derecha y a su izquierda se sentaron, entre otros, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, los presidentes del Congreso y del Senado, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa, Julio Rodríguez, y diez ministros.

En las tribunas contiguas se pudo ver al candidato socialista a la presidencia del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y al presidente del PP, Mariano Rajoy, que se convirtieron en el centro de atención al mantener una conversación de más de 15 minutos. También acudieron al acto el presidente de Asturias, Francisco Alvarez-Cascos; el de Extremadura, José Antonio Monago; el del País Valencià, Alberto Fabra, y las de Castilla-La Mancha y Aragón, María Dolores de Cospedal y Luisa Fernanda Rudi, todos ellos del PP.

No estuvieron ni el presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, ni el lehendakari Patxi López ni los presidentes de la Generalitat catalana, Artur Mas; Balears, José Ramón Bauza; La Rioja, Pedro Sanz; Canarias, Paulino Rivero; Cantabria, Ignacio Diego, y Murcia, Ramón Luis Valcárcel.

El Gobierno se había propuesto 'civilizar' la fiesta del 12 de octubre, según explicaron la semana pasada el ministro de Presidencia, Ramón Jáuregui, y la de Defensa. Para ello incorporaron a la agenda del día aperturas al público de edificios oficiales y museos, así como diferentes actuaciones musicales por Madrid. También cambiaron el recorrido del desfile, explicaron, para que fuese más accesible para los ciudadanos.

Chacón negó que la nueva ubicación de Atocha a Colón, con la plaza de Neptuno como centro neurálgico de la parada militar tratara de evitar las sonadas pitadas al Gobierno registradas en los sucesivos desfiles desde 2005. Pero lo cierto es que el nuevo emplazamiento resultó muy eficaz a la hora de evitar los abucheos, o por lo menos minimizarlos.

La organización pareció estar completamente orientada para impedir los gritos contra Zapatero. La megafonía no anunció la llegada del presidente del Gobierno a la plaza de Neptuno. Las pantallas que se colocaron a lo largo del recorrido exigieron 'respeto' para las autoridades en los momentos más importantes del acto. Incluso el habitual recibimiento de Zapatero y Chacón a los reyes tuvo lugar a unos cien metros de donde se situaba el público.

En Neptuno, donde sólo se colocó a las autoridades y a la prensa, apenas se percibieron los abucheos que dedicó el público al jefe del Ejecutivo cada vez que le enfocaban las cámaras durante el evento. En todo caso, los asistentes coincidieron en que los gritos fueron menores de lo habitual.