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Del invernadero al vertedero

El campo almeriense exige responsabilidades a los políticos

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'Y ahora qué, ¿vendrá la Merkel a compensarnos?', pregunta José Antonio Lirola, un agricultor de Almería que se ha librado por poco del desastre provocado por los políticos alemanes. A él aún le quedan dos semanas para recoger los melones que maduran en su invernadero. Pero basta darse un paseo entre las 30.000 hectáreas de cultivos del Poniente almeriense para ver que es de los pocos que ha tenido algo de suerte. Los camiones que antes de la aparición de la E. coli iban cargados de hortalizas camino de la subasta, ahora se dirigen a los vertederos. Desde el agricultor hasta el transportista, pasando por los trabajadores de las empresas comercializadoras o las fábricas de envases, el sector agrario de Almería bascula entre la desesperación y la indignación. Quieren que alguien arregle el destrozo provocado por una senadora federal alemana.

José Antonio Maldonado, agricultor de 36 años, enseña su plantación de pepinos abandonada. Tiene una hectárea, de la que sacaba 3.000 kilos de hortalizas cada dos días. 'Ya he dejado de regarlos, no merece la pena', dice. Antes del brote surgido en el mercado de Hamburgo, se los pagaban a 55 céntimos el kilo. Ahora, si consigue colocarlos en el mercado nacional, le pagan 10 céntimos. El cierre de los mercados europeos ha provocado el hundimiento de los precios. 'Ayer ni siquiera me dejaron descargarlos', explica. Como él, la mayoría de los agricultores de Almería han recibido sms de sus alhóndigas (subastas) o cooperativas alertándoles de que no llevaran más género.

En Hamburgo, los pepinos se pagan a 55 céntimos el kilo; en España, a 10

'Todos los meses tenemos al menos un análisis y, como los deportistas, también llegan técnicos de la Junta de Andalucía o de nuestra alhóndiga a tomar muestras por sorpresa y nunca ha aparecido esta bacteria', sostiene Maldonado. A su lado está su vecino de finca, José Antonio Peña. Como Maldonado, tenía sembrados de pepinos pero, por suerte, acabó de recogerlos hace unos días y se ha salvado. Peña ya ve una mano negra en todo esto. 'Si hubiera salido de aquí, habría habido muchas más muertes en Almería y mucho antes', sostiene. 'Las grandes distribuidoras han aprovechado para cerrar el mercado alemán a nuestros productos. Algunos dicen que ha sido para favorecer a las hortalizas turcas. ¿No hay muchos millones de turcos en Alemania?', pregunta.

Al salir del invernadero, un camión de otro vecino se detiene. Se llama Francisco Pérez y tiene la indignación pintada en la cara. Va sobre un camión lleno de pepinos. 'Para tirarlos, no hay quien los quiera', lamenta. Lleva ya 12.000 kilos tirados desde el viernes. En su caso, es una variedad de pepino destinada al mercado español. 'Aun así, si quieres intentar venderlo, tienes que hacerle un análisis: cien euros por cada lote', añade.

Francisco ha tirado 12.000 kilos de esta hortaliza desde el viernes pasado

Al visitar las instalaciones de Hortofrutícola Costa de Almería, de la que salieron los dos pepinos analizados en Hamburgo, se comprueba que la mal llamada crisis del pepino se ha extendido como la peste. 'En un día normal, aquí debería de haber 350 personas trabajando', dice el gerente, Enrique Vargas, mostrando una desolada nave llena de maquinaria pero sin gente. Como si el mundo estuviera al revés, cada poco llega un camión frigorífico de los que han tenido que volverse; no cargan, descargan.

La decena de operarios de la empresa que quedan se dedican a bajar del remolque palés de melones amarillos y, en un trabajo absurdo, volcarlos en contenedores. El conductor Antonio Molina cuenta que lleva encima de su camión 9.000 kilos con destino a un vertedero. 'Y ya es el cuarto viaje que doy hoy', explica. Otro de los sectores afectados ha sido precisamente el del transporte. De los centenares de camiones que salían de Almería rumbo a Europa, ayer sólo salieron los que tenían destino a las plazas españolas.

En Almería aún quedaba un mes de cosecha, en especial de sandías y melones. 'Nos han acabado la campaña antes de tiempo', dice el gerente de Costa de Almería. Sólo en su empresa han tirado 500.000 kilos al día y sus 1.500 agricultores no pueden coger fruto hasta nueva orden. 'Hemos tenido que despedir a más de cien personas y veremos qué pasa en los próximos días', lamenta Vargas. 'Nos han crucificado sin pruebas, el problema no ha sido el pepino, apareció esa bacteria en Alemania y les ha sido más fácil acusar al pepino de Almería. Esto no se lo hacen a Holanda o Francia', opina el gerente. Pero piensan exigir responsabilidades. 'Con apoyo o sin apoyo, vamos a llegar al final', dice.