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¿Qué fue del primer 15-M?

Algunos de los rostros que impulsaron en España el movimiento de los indignados relatan a 'Público' cómo viven su activismo poco más de un año y medio después del

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La primera asamblea del 15-M celebrada en la Puerta del Sol de Madrid, el 15 de mayo de 2011. @toofasttofall

Las redes comenzaron a tejerse en internet, al calor de la primavera árabe y de una grave crisis económica aderezada con una clase política cada vez más desacreditada. Los mimbres para el éxito de la manifestación ya estaban puestos. La convocatoria fue masiva. Tras ella, unos cuantos rezagados decidieron reunirse en una plaza. Muchos no se conocían. Querían hacer algo, pero no sabían el qué. De repente, alguien sacó un megáfono. El resto –no más de cincuenta personas– se animaron con un grito inocente, pero que acabó por ser una de las señas de identidad de lo que, días más tarde, la prensa internacional denominó spanishrevolution. '¡Esta noche nadie se marcha!', gritaron. Y no se marcharon. Era la noche del 15 de mayo de 2011 y la plaza la Puerta del Sol de Madrid. Lo que ocurrió después ha sido recogido en infinidad de artículos periodísticos, estudios científicos, documentales, libros e incluso películas. Pero, ¿qué ha pasado con las personas que comenzaron a dar forma al 15-M antes de que se llamara 15-M?

Mucho ha llovido desde entonces: pequeñas y grandes concentraciones, miles de asambleas, encontronazos con policías y políticos, dos huelgas generales y varios procesos electorales marcados por el éxito de los conservadores, el hundimiento del PSOE y el renacimiento de los partidos que están a su izquierda. Algunos de los rostros que impulsaron en España el movimiento de los indignados relatan a Público cómo viven su activismo poco más de un año y medio después del estallido de la protesta. Todos intentan sacudirse la carga de representar a un movimiento que no oculta su reparo a los personalismos e insisten en que, aunque fueron ellos, la mecha podría haberla encendido cualquiera. De hecho, ellos son sólo una pequeña representación de la multitud de personas y sensibilidades que han convergido en el 15-M desde su eclosión. 

La frustración o la falta de tiempo ha llevado a algunos a reducir su activismoActivistas curtidos en el movimiento, estudiantil y vecinal o los centros sociales okupados se mezclaron en lo que los medios etiquetaron como 15-M con defensores de la cultura libre en internet o ciudadanos que nunca se habían planteado que el suelo de las plazas también podía ser un buen lugar para hablar de política e intentar cambiar las cosas. De los primeros, relatan algunos de los rostros más reconocidos de la protesta, siguen casi todos. De los otros, algunos siguen a todo gas y otros han reducido la intensidad de su incipiente activismo por 'frustración', 'desencanto' o 'falta de tiempo'.

Juan Cobo y Fabio Gándara son ejemplos de esto último. Antes del 15-M no habían participado en un movimiento social y ambos fueron portavoces y, por tanto, caras muy visibles del 15-M desde la acampada de la Puerta del Sol y Democracia Real Ya (DRY), respectivamente. Participaron en debates radiofónicos y televisivos, concedieron entrevistas, hicieron declaraciones a medios nacionales e internacionales. Ahora están alejados de la primera línea, aunque, aseguran, viven su activismo de otra manera. Juan, fotógrafo de 28 años, cambió de ciudad a finales de 2011. 'Voy a algunas convocatorias, pero ya no estoy tan implicado entre otras cosas porque no tengo tanto tiempo. Aprendí mucho. Del 15-M hay cosas que no me gustan, otras me encantan. Lo que es seguro es que mucho de lo bueno que llegó entonces lo hizo para quedarse', asegura.

Fabio, por su parte, creador del grupo de Facebook que dio lugar a DRY –promotora de la primera gran movilización– decidió apartarse cuando su apuesta, junto a otros compañeros, por revestir a la plataforma de una forma jurídica y convertirla en asociación provocó una gran fractura en el grupo. 'Fueron muchos meses de trabajo duro. La tensión y las críticas me quemaron un poco y por eso decidí apartarme', señala. Licenciado en Derecho y Políticas, fue acusado desde dentro del 15-M de querer copar demasiado protagonismo. Ahora trabaja como promotor de campañas en Change.org, una plataforma de activismo online. Cree que el movimiento perdió 'inclusividad' cuando la gente 'con más experiencia' intentó llevar al 15-M a sus propuestas concretas. 'Cada uno quiso vender su libro y eso generó rechazo', asegura. 

Activistas inician la difusión de la acampada con esta improvisada infraestructura el 16 de mayo de 2011. @toofasttofall

Nicolás, que prefiere que no dar su apellido, fue a la manifestación del 15 de mayo solo. Nunca había participado en un movimiento social. Cuando llegó a su casa en Leganés empezó a ver en las redes sociales que había gente dispuesta  quedarse esa noche en la plaza. Tomó un par de lonas que tenía por su casa y cogió el coche de vuelta a Madrid. Suyas son algunas de las pocas imágenes que hay de la primera acampada del 15-M. A través de su cuenta de Twitter también difundió fotografías del desalojo de la noche del lunes 16 que prendió la mecha definitiva. Nicolás, que trabaja en una agencia de publicidad, también admite que ha reducido su activismo. Y reconoce que no es el único. 'Hay gente que no supo dosificar. Después de años de letargo dedicaron cuerpo y alma a esta causa. Muchos se frustraron al no ver resultados inmediatos', asegura. 

Javier Miranda, joven de 26 años implicado ahora en el montaje de una cooperativa sobre arquitectura sostenible, no llegó de nuevas al 15-M. Fue a la manifestación y también se quedó a dormir parte de la primera noche de acampada. Llevaba tiempo participando en el Patio Maravillas, un conocido centro social okupado del madrileño barrio de Malasaña, y en iniciativas alternativas como BiciCrítica, un colectivo de ciclistas urbanos que se manifiesta una vez al mes para reivindicar el uso de la bicicleta como medio de transporte. En el Patio fue donde los integrantes de DRY hicieron sus últimas asambleas antes de la primera gran manifestación. 'El 15-M fue un soplo de aire fresco para la ranciedad del activismo, que exportó algunos de sus vicios a la acampada. La parte buena es que la gente más bregada tras años de militancia lidió con problemas como los asuntos legales o la permanencia', señala. Él contempla el activismo como una forma de vida, pero reconoce que ha visto frustración en muchas de las personas con las que ha compartido charlas y asambleas en el último año y medio. 'No es todo una gran victoria o nada. El proceso natural del cambio social se compone de pequeños logros. Uno de los problemas del 15-M ha sido precisamente la marca, se crearon estructuras demasiado rígidas y una burocracia excesiva', asegura. Y entre esos vicios importados, Javier rescata especialmente uno: 'No se puede aplicar a una asamblea de 1.000 personas el método de la de un centro social en la que participamos veinte'. 

'No es todo una gran victoria o nada. El cambio social se compone de pequeños logros', dice Nicolás

Clara, abogada de 29 años que prefiere que se publique sólo su nombre de pila, fue, junto a otra compañera, la primera persona que medió con la Policía para mantener la recién creada acampada de la Puerta del Sol. 'Agente, vamos a pasar la noche de forma pacífica, no vamos a hacer ruido y no vamos a ensuciar nada', recuerda que le dijeron a un policía. Ella ya llevaba años participando en el movimiento estudiantil o en las plataformas que luchaban por el derecho a la vivienda en plena burbuja inmobiliaria. Asegura que tiene ejemplos 'muy potentes' de gente que 'antes se consideraba apolítica' y que ahora son 'cimientos fundamentales' del movimiento. En mayo de 2011, Clara trabajaba en un importante despacho de abogados. Lo dejó y ahora coordina la asesoría jurídica de un sindicato relacionado con la propiedad intelectual, un tema del que es experta. Licenciada en Derecho y Economía, asegura que, por su aspecto, nadie diría que el 15-M le ha calado hasta la médula. 'Soy la típica que le gusta a las madres para sus hijos', dice entre risas. 'Lo mejor del 15-M es que nos hemos conocido y hemos entendido que se trata de una lucha global', asevera. 

Nadie se atreve a negar que la lucha contra el drama de los desahucios es uno de los grandes logros del 15-M. También el hecho de haber hecho de las discusiones políticas algo habitual. Y eso es algo en lo que también coinciden todas las personas consultadas para este reportaje. 'El éxito del 15-M ha cristalizado en movimientos como el stop desahucios', asegura Javier, que señala que tras las protestas de mayo también hay más gente que se ha acercado a los movimientos alternativos. Clara, por su parte, cree que otra de las victorias de su particular revolución es haber contribuido a eliminar la connotación negativa de determinados términos. 'Cada vez hay más gente que piensa que radicales son los que recortan derechos o modifican a su antojo la Constitución, no los que estamos luchando en la calle', señala. Fabio, por su parte, cree que el 15-M también ha contribuido a poner en el debate público determinados aspectos que antes estaban relegados a grupos secundarios o ambientes académicos. 'Se ha dado visibilidad a asuntos como el fraude fiscal. Es algo sobre lo que ahora la gente tiene más conciencia'. Nicolás, por otro lado, cree que el 15-M también ha fomentado la empatía. 'Creo que ahora a todos nos cuesta un poco menos ponernos en el lugar del otro', sentencia. 

Pancarta vista en la Puerta del Sol de Madrid el 16 de mayo de 2011. PAULA DÍAZ