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Del sentimiento de culpa a la fraternidad por la injusticia

La historia común, los niños y la lengua explican los vínculos con el Sáhara

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Año 1975. Seis días antes de la muerte de Francisco Franco, España cede a Mauritania y Marruecos el control sobre buena parte del territorio del Sáhara Occidental, después de la demostración de fuerza de Rabat, que impulsó la denominada Marcha Verde. La oposición al franquismo se aglutina entonces en torno a una decisión que se interpreta como un abandono al pueblo saharaui. La llegada de la democracia no resuelve el conflicto. Los sucesivos gobiernos no satisfacen cierto difuso sentimiento de culpa que cala en determinados sectores en España, que consideran una 'vergüenza' la actuación en la antigua colonia, que no gustó tampoco a los militares allí destinados en 1975.

Año 2010. Marruecos utiliza la fuerza en un campamento de refugiados, lo que genera en España una nueva ola de solidaridad con el Sáhara, tras la huelga de hambre de Aminatou Haidar. ¿Qué ha pasado en 35 años? ¿Por qué se siguen manteniendo lazos sólidos entre ambos pueblos? Tres factores influyen, según Miguel Castro, secretario general de la coordinadora de asociaciones solidarias con el Sáhara. Los vínculos históricos (España gestiona esa zona desde finales del siglo XIX), el programa Vacaciones en Paz (cada verano entre 7.000 y 10.000 niños saharauis vienen a España) y el idioma (el español sigue siendo una lengua de uso común en El Aaiún). Castro argumenta que sobre todo los niños han transformado ese sentimiento original de culpa en fraternidad ante la contemplación de una injusticia, un pueblo sin futuro.

Cada verano entre 7.000 y 10.000 niños saharauis vienen a España

César Rufino y su mujer, Paqui Godoy, acogieron hace cinco años en Sevilla a una niña saharaui, llamada Hasina. 'Entonces, el problema del Sáhara Occidental era para nosotros lo mismo que para casi todo el mundo: una leve bruma en la conciencia del español medio. Con Hasina, dejó de ser un aburrimiento, una deuda olvidada e impagada, para convertirse en una injusticia sentida como propia, en un delito de lesa humanidad vivido en las propias carnes, de algún extraño modo'.

La misma idea la expresa de otra manera José Manuel Mariscal, diputado andaluz de IU, el partido que aún ondea la bandera que la izquierda izó en 1975: 'Es una combinación de lo que supone la responsabilidad histórica del Gobierno y de la traición diaria que el Gobierno causa al pueblo saharaui. Esa mezcla genera una quemazón interna que hace que la gente en España sienta una mayor sensibilidad'.

Añade Castro: 'Vas a verlos. Están tomando té en un campamento, gente con estudios, sin futuro'. Rufino coincide: 'Dicen que los saharauis dan más de lo que reciben; no lo sé. Nos han dado una verdad: el mundo sería mucho más bello, soportable y feliz si nos tomáramos la molestia de conocernos los unos a los otros'.