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El 'delfín' Feijóo consigue la mayoría absoluta para Rajoy y sus recortes

El líder gallego se coloca como alternativa de futuro al presidente del Gobierno. Descalabro de socialistas y BNG, y potente irrupción de la coalición de izquierdas que lideran Beiras y Esquerda Unida-IU

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Hace semanas que el PP manejaba unas encuestas que situaban a Alberto Núñez Feijóo por encima de los 40 escaños, aunque se guardaban mucho de hacerlas públicas. Estaban convencidos, sobre todo, de que, al margen de la valoración que los gallegos hicieran de las políticas de austeridad de la Xunta, la suya sería una victoria personal de su candidato. Y así ha sido.

Precisamente, los dos políticos cuya imagen estaba mejor valorada en todas las encuestas (Feijóo y Xosé Manuel Beiras) son los únicos que tienen motivos para estar satisfechos tras el 21 de octubre. El PP ha obtenido 41 escaños frente a los 38 de 2009. Un 45,72% de los votos (46,68% hace casi cuatro años), 653.934 papeletas (135.493 menos). La coalición Alternativa Galega de Esquerdas (AGE) de quien fuera líder del BNG aparece en el Parlamento con 9 y desplaza a su anterior formación, que baja y se sitúa en los 7 escaños desde los 12 de hace tres años.

El candidato socialista, por su parte, no pudo ser más explícito y, en su comparecencia, a las 21.58 horas, Pachi Vázquez realizó un llamamiento directo a la calle de Ferraz, que vino a decir: 'O cambiamos o desaparecemos', como explicó un miembro del PSdeG a Público por teléfono. La marca socialista está 'destrozada' (pasa de 25 a 18 escaños) y desde hoy, sostiene trágicamente la misma fuente, sólo se puede ir 'a peor'. Vázquez no dimitió, pero todo apunta a que no seguirá al frente de los socialistas gallegos a medio plazo.

 'O cambiamos o desaparecemos', explica un miembro del PSdeG

En la sede del PP de Galicia la satisfacción y el alivio eran visibles y completos. La sombra del descalabro andaluz el pasado marzo planeó sobre todos ellos durante la campaña, por lo que, a pesar de las buenas encuestas internas, no las tenían todas consigo. El desgaste del Gobierno central es más que palpable y el del jefe del Ejecutivo –gallego, además–, podía convertirse en una rémora para Feijóo, aunque finalmente, la fuerza de su candidatura se impuso en la noche del 21-O.

De la misma forma que ahora, el presidente de la Xunta pasa a convertirse –'reafirmarse', en opinión de varios integrantes del PP– en la principal baza de futuro para el partido: Rajoy siempre tuvo especial predilección por Feijóo, que lo ha apoyado contra viento y marea en las peores etapas de su liderazgo en la oposición y le devolvió el Gobierno de Galicia en el peor momento político del hoy jefe del Ejecutivo (2009).

El PP gallego es consciente de que su líder podría no cumplir los cuatro años de legislatura al frente de la Xunta. Lo vaticinaban antes de las elecciones y lo confirman ahora: es muy improbable que Feijóo acceda al Gobierno en una próxima remodelación que se adivina aún más cercana tras una primera tanda de elecciones –falta el 25-N de Catalunya– y un rescate de la economía española que ya se asume con más tranquilidad.

A dos años vista, el presidente puede perfilarse como el sucesor de Rajoy

Es más posible, sin embargo, que a dos años vista, el presidente de la Xunta empiece a perfilarse nítidamente como el sucesor de Mariano Rajoy. De momento, en lo que coinciden los compañeros de Feijóo, es en que éste puede estar tranquilo un tiempo, con plena legitimidad para montar su Gabinete y continuar con sus políticas, amén de reforzar a Rajoy en las suyas y en su partido, que no es poco.

La sede de O Hórreo (el Parlamento gallego) sí ha salido renovada del 21-O, porque desde 1993, lo habitaban solamente tres fuerzas políticas: PP, PSdeG y BNG. Ahora, serán cuatro y una de ellas, además, la AGE de Xosé Manuel Beiras (exlíder del BNG, con quien la formación nacionalista tuvo sus mejores resultados en 1997 con 18 escaños). El candidato de la Alternativa Galega de Esquerda (donde se integran Esquerda Unida-IU, Equo y Espazo Ecosocialista) regresa por la puerta grande a ocupar un escaño, tras haber superado al primer intento a su antigua formación política, de donde había salido no precisamente contento como portavoz en 2005.

Beiras ha evitado centrar su campaña en el nacionalismo de su etapa anterior y la ha llevado, sobre todo y con éxito, por la senda a la izquierda de la izquierda. Su política pasará ahora, con 9 escaños y el 13,99% de los votos (200.101 papeletas, con el 100% escrutado), por afianzar a su electorado e ir captando a los descontentos de PSdeG, BNG y la abstención de izquierdas, la mayoritaria. A partir de ahí, tiene cuatro años para, como él barrunta, 'desenmascarar' a la derecha y buscar a un sucesor o sucesora a su medida.

Beiras regresa por la puerta grande y contribuye al batacazo de su expartido, el BNG 

Por su parte, los dos grandes derrotados de la jornada del 21-O miran hacia las direcciones de sus partidos (PSOE y BNG) con el interrogante que pinta la debacle en la cara. Al PSdeG sólo le queda renovarse por completo, pero Pachi Vázquez (18 escaños, 293.671 sufragios, el 20,53%, frente al 31,02% de 2009) ya lanzó ayer un aviso a la sede federal de Ferraz pidiendo 'reflexión' para todos por la derrota de la marca socialista. Su intención es irse, pero no pretende marcharse solo.

Su candidatura fue apoyada de forma titubeante y tardía por la ejecutiva socialista cuando ya no le quedaba más remedio y los del PSdeG creen que eso les ha perjudicado. Junto a ello, también, la falta de apoyos general al socialismo español, cuya base de votos se ha repartido entre la abstención y la AGE.

Francisco Jorquera es un candidato nuevo para el BNG (7 escaños, 10,16% de sufragios, frente al 16,01% de 2009, el peor resultado desde 1989) y podría resistir más tiempo al frente de la formación si esta no da con una alternativa tan curtida como el exparlamentario nacional. Antes de cambiar de candidato, en realidad, el Bloque Nacionalista Galego entiende que debe volver su mirada hacia sus propias entrañas y deshacer las luchas intestinas que, a la vista está, la carcomen por fuera.