Publicado: 04.04.2015 00:01 |Actualizado: 04.04.2015 09:51

El yihadismo parasita la desigualdad de Melilla

La ciudad autónoma es considerada un semillero de combatientes que parten a Irak o Siria. Con un 30% de paro y altos índices de fracaso escolar, la exclusión social se convierte en el mejor aliado del integrismo en un enclave estratégico al norte de África

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YIHADISTA

Un supuesto yihadista detenido en una operación antiterrorista en Melilla en 2014- EFE

MELILLA.- “El Estado Islámico es en camino”. La frase aperece escrita en un mural sobre fondo azul celeste en una de las principales vías de la Cañada de Hidum, en Melilla. Es, con diferencia, el barrio más pobre de la ciudad, con altas tasas de desempleo y un fracaso escolar casi pleno. No sólo lo demuestra la deficiente conjugación del verbo en dicha amenazante pintada, también sirven de indicio los esqueletos de casas a medio terminar o el trazado angosto y laberíntico de sus callejuelas, delimitadas al azar por una construcción ilegal y desordenada conforme fue ampliándose el campamento de regulares marroquíes a los que Franco dio permiso para instalarse a cambio de que los moros invadieran la España republicana.

Pocos son los vecinos de otros distritos que caminan entre ese mosaico de colores vivos que reflejan las fachadas. La delincuencia es la otra cara de la moneda de una desigualdad y pobreza crónicas en este suburbio de aplastante mayoría musulmana, aunque de nacionalidad española desde hace pocas generaciones. Pero no son los robos o el tráfico de drogas lo que más preocupa a sus habitantes. Las últimas operaciones de la Policía y la Guardia Civil contra supuestas redes de captación de yihadistas en Melilla han tenido como escenario la cañada Hidum o las barriadas colindantes, El Cuerno y las 400 viviendas.

Todo gira en torno a “la mezquita blanca” o “de los afganos”, cuya pared sin ornamento alguno es de un color anaranjado, pese a su sobrenombre. Al Salam (la paz) es el apelativo oficial de este lugar de rezo para los musulmanes más ortodoxos, que portan una barba muy poblada, sin bigote y visten túnica. Practican el wahhabismo, una corriente suní del siglo XVIII muy rigorista en la aplicación de la Sharia (ley islámica) y patrocinada por la monarquía saudí. No puede acceder a ella nadie que no pertenezca a su comunidad, y mucho menos, la prensa. Los últimos reportajes televisivos sobre el yihadismo en Ceuta y Melilla han crispado los ánimos y han generado un gran temor por parte de los religiosos a dar la cara. Desde la reforma de la ley antiterrorista del pasado año, cualquiera podría ser detenido por una frase sacada de contexto, y más aún con la vigilancia policial a la que esta mezquita se ve sometida frente a las otras 13 de la ciudad autónoma.

“Nadie, ni un solo habitante de Melilla se ha ido a combatir a Siria

Nadie, ni un solo habitante de Melilla se ha ido a combatir a Siria. Únicamente hay una persona en paradero desconocido, y su hermano fue arrestado en la última redada”, puntualiza Mohamed Busian, abogado de cuatro de los siete detenidos en una operación conjunta en Marruecos, Málaga y la ciudad autónoma. Permanecen todavía en la cárcel acusados de trabajar en una red de captación de combatientes para al califato proclamado en Siria y norte de Irak por Abu Bakr al Baghadadi. Las palabras de Busian chocan frontalmente con la información suministrada por el Ministerio del Interior, con los datos del Real Instituto Elcano o los del Consejo Asesor de Seguridad Exterior de Estados Unidos (OSAC), que sitúan un importante foco de exportación de combatientes en Melilla y Ceuta. El letrado niega tales acusaciones y critica un derecho penal “a la carta o de autor”, acciones demasiado preventivas que llevan a prisión a gente “inofensiva”.

Visible radicalización

Busian no niega que una parte de la población musulmana de Melilla se haya “radicalizado”, al menos en términos religiosos. La ciudad es la tercera de Europa con más paro, un 30% según Eurostat, y “de los parados, el 99% son musulmanes, sobre todo jóvenes”, sin estudios, sin expectativas y, en el caso de la Cañada, con dos opciones que pivotan entre ser un “agua” - apelativo que reciben los muchachos que vigila las esquinas para los traficantes- o pasar el día en la mezquita, a falta de otros espacios. “Lo que hay aquí es paro, exclusión social, pobreza, fracaso escolar…”, dice, todo un caldo de cultivo para la ortodoxia islámica.

En eso coincide con el informe del Instituto Elcano de 2014, que aseguraba que “la radicalización ha prendido entre sus comunidades musulmanas si atendemos a indicadores como la presencia de residentes en escenarios de yihad o la de células yihadistas dedicados a su reclutamiento”. Pero también se puede constatar en el día a día.



cañada melilla

Vista general de la Cañada Hidum de Melilla. -JAIRO VARGAS

De unos años a esta parte, los melillenses –musulmanes o no– se cruzan en la calle con no pocas mujeres de las que sólo pueden ver los ojos. El Niqab, al que se añaden guantes, desfila por las barriadas deprimidas tanto como las barbas y túnicas que, no hace tanto, fumaban hachís, bebían cerveza y se prodigaban por las discotecas. Una especie de “moda afgana” que está sorprendiendo a todos en una ciudad con mayoría musulmana. “Aquí siempre ha existido el Islam, pero no esta rama”, destaca Samir Tieb, portavoz de la Comisión Islámica de Melilla, una agrupación de varias organizaciones religiosas locales. Cuenta Tieb que no puede “negar que haya elementos incontrolados” que acaben empuñando un arma en Siria, pero también apunta con precisión: “Son jóvenes sin trabajo, sin cultura, que leen un librito y ven algún vídeo en Internet y ya creen que entienden el Islam”.

“Son jóvenes sin trabajo, sin cultura, que leen un librito y ven algún vídeo en Internet
y ya creen que entienden
el Islam”

Marginación y pobreza son palabras que también salen de la boca de Tieb: “Esto no tiene nada que ver con el Islam”, afirma, sino con un “apartheid contra la población musulmana”. Y es que la concepción colonial de este enclave nunca dejó de existir. Desde que en 1986 la población española clamara en la calle contra el decreto que concedía la nacionalidad a sus vecinos musulmanes, éstos no han dejado de proliferar. El problema es que el pastel económico sigue siendo el mismo, y se reparte desde Madrid, no desde Rabat.

El Instituto Elcano asegura en su reporte que el demográfico es otro gran riesgo a medio plazo que acabará por originar un “conflicto político”. Las elecciones de 1995 dieron representación electoral por primera vez a partidos musulmanes en Ceuta y Melilla. La población española se defiende del avance apoyando al PP, pero Coalición Por Melilla continúa aumentado, de tal forma que “la fragmentación étnica del voto constituye un factor añadido al riesgo de fractura social a medio plazo”, recoge el informe. Y lo cierto es que dicho escenario coincide bastante con el que dibuja Mohamed Busian, el abogado de los supuestos yihadistas.

Para él, estas operaciones policiales forman parte de una “campaña de criminalización” para evitar que “una mayoría que ya es social se convierta en mayoría política”. Resulta paradójico, sin embargo, que la parte de la población, supuestamente, criminalizada sea la que permita al PP seguir gobernando la ciudad autónoma. El partido de Imbroda obtiene mayorías en barrios de población musulmana por la alta abstención de éstos, ya que según la doctrina wahhabita, votar –como beber alcohol o fumar– es haram (pecado).

Todos los datos son ciertos, pero también lo es que Melilla es una pequeña isla en Marruecos, un país del que han salido entre 1.500 y 2.000 ‘caballeros’ del Estado Islámico. Sin ir más lejos, la ciudad de Nador, a sólo 12 kilómetros de la ciudad autónoma, ha exportado alrededor de 500 de estos. La población joven no tiene más alternativa que el paro o enfrentarse a la Policía cuando su barrio queda fuera de un plan de empleo con subsidios. Paro, pobreza, analfabetismo, restos de colonialismo y, ahora también, yihadismo. Esa es la simbiosis de la Melilla del siglo XXI.