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Detenido un falso secuestrador que estafaba a familias de desaparecidos

El arrestado pedía rescates de 50.000 euros

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La última vez que su familia tuvo noticias de Juan Carlos Díaz Guerrero fue el 12 de febrero de 2011. Desde entonces, el misterio ha rodeado el paradero de este malagueño de 33 años cuyo rastro se perdió en las cercanías de un centro de salud de Marbella. El silencio sólo se rompió a finales de abril, cuando una voz anónima aseguró a su hermana por teléfono que Juan Carlos estaba vivo y en poder de un grupo de delincuentes de países del Este. Exigió 50.000 euros por su liberación.

Aquel supuesto secuestrador no volvió a telefonear, pero la familia ya había denunciado. El 5 de julio, el Grupo de Secuestros de la Policía detuvo a Juan C. G., de 61 años, como presunto autor de aquella llamada y de haber intentado estafar a la familia del desaparecido. Porque Juan Carlos no estaba con él. Nunca lo había estado. El arrestado había intentado sacar tajada de la desesperación de la familia tras ver en la prensa noticias sobre la desaparición.

No era la primera que lo hacía. Un año antes, su víctima había sido supuestamente la familia de Rafael Paulete Aguilera, un hombre de Ayamonte (Huelva) al que se perdió el rastro el 17 de febrero de 2010. Como en el caso de Juan Carlos, telefoneó a su entorno y aseguró que el desaparecido estaba, en realidad, secuestrado. Pidió un rescate de 30.000 euros.

Juan tenía ya entonces un largo historial de reclamaciones judiciales

En aquella ocasión, la jugada le salió redonda. Pese a que la Guardia Civil y la Guardia Republicana de Portugal montaron un dispositivo en la frontera para detener a quien fuera a recoger el dinero, consiguió burlarlo y llevarse el dinero. Los investigadores, al menos, lograron identificarlo.

De hecho, no era un desconocido para la Justicia. Juan tenía ya entonces un largo historial de reclamaciones judiciales y órdenes de detención dictadas por juzgados de Málaga, Huelva, Sevilla, Valladolid, Murcia y Portugal. La estafa era su especialidad, para lo que en ocasiones se hacía pasar incluso por policía o militar y así poder engañar a las víctimas.

Una capacidad para ocultar su identidad que le llevaba a cambiar habitualmente de domicilio y a usar varias identidades falsas. Cuando la policía lo detuvo en Sanlúcar de Guadiana (Huelva), llevaba diez días escondido en un domicilio de esta localidad junto a su pareja. Mientras, Juan Carlos y Rafael siguen desaparecidos.