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Dimite el número dos de IU tras ser imputado por acoso sexual

Reneses se aparta para defenderse y no dañar ni a su organización ni a Cayo Lara, pero no deja su escaño en Madrid

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La llama comenzó a prender el jueves, cuando trascendió que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) imputaba al número dos de Cayo Lara por presunto acoso sexual. Ayer sábado, al cabo de menos de 48 horas, y antes de que el incendio amenazara con propagarse dentro y fuera de Izquierda Unida, se levantó un cortafuegos: el propio afectado, Miguel Reneses, se quitó de en medio. Anunció que suspendía “cautelar y temporalmente” su cargo como secretario federal de Organización. Nada dijo de su acta como diputado autonómico.

La decisión la ofició ante la Presidencia Ejecutiva Federal, el órgano intermedio de mando que ayer se reunía. Pero todo se había acabado de cocinar en la noche del viernes. Entonces, y como había avanzado Público, Lara y Reneses habían reunido al núcleo duro de la dirección (José Luis Centella, Lola Sánchez, Marga Ferré, Amanda Meyer, Willy Meyer, Ramón Luque y Fernando Sánchez). En ese foro, el número dos adelantó su voluntad de dimitir. En las horas previas, según su entorno, había cruzado llamadas con sus compañeros. En la cúpula inquietaba que un asunto “tan sensible” para IU como una acusación de acoso sexual a una compañera se desbordara y acabara afectando a la federación y a su coordinador, pese al pleno “convencimiento” de la “inocencia” de Reneses.

Ayer, ante la Presidencia, el dirigente también alegó que en él “siempre” ha “primado la defensa de la organización” frente a su interés particular. Y por eso daba un paso atrás.

El ya exnúmero dos denuncia la 'cacería política' de grupos internos 'con intereses espurios'

Por ello y para “demostrar” su “inocencia” frente a las “calumnias” vertidas contra él 'que datan de una década atrás' y la “cacería política personal” perpetrada por “grupos políticos internos y con intereses espurios” y “claramente planificada”. A medida que Reneses avanzaba en la lectura de su comunicado [léelo aquí íntegro], la voz se le nublaba. Cuando concluyó, no hubo aplausos. Sólo un espeso silencio. No por la falta de apoyo a su decisión –en el debate posterior, dirigentes de todas las familias aprobaron su renuncia–, sino por lo incómodo de las circunstancias.

Lara le sucedió en el atril. Aagradeció a su ya exnúmero dos su “valiente” decisión, que le “ennoblece” ante IU. Deseó 'fervientemente' que la Justicia actúe “con más agilidad, eficacia y celeridad que nunca”, para que el tema “no se enquiste” y “Miguel pueda demostrar su inocencia y retomar sus funciones de secretario de Organización”. “Tienes nuestro respaldo y apoyo”, remachó, conciso. Misma línea de defensa que la empleada por Willy Meyer, eurodiputado y hombre también del núcleo duro.

Por ahora, no se cubrirá la vacante de Reneses, y sus tareas las asumirá la dirección de forma colegiada, toda vez que se espera que el proceso judicial termine pronto y se le pueda rehabilitar si es declarado inocente y porque apenas resta tiempo para la X Asamblea Federal, prevista para octubre.

Se activa ahora la batalla en Madrid entre el sector de Reneses y el de Ángel Pérez, portavoz de IU en la capital

La Presidencia se dio por satisfecha con la decisión, e incluso aprobó por práctica unanimidad (31 votos a favor, 0 en contra y una abstención) el informe político de Lara, que en su intervención final situó el gesto de Reneses como un 'listón' que ya quedará para siempre marcado en IU. Y la Presidencia también respaldó por 30 síes, ningún voto en contra y dos abstenciones la propuesta de Convocatoria Social. Izquierda Abierta –los afines a Gaspar Llamazares– entendía que Reneses también debía ceder el acta de diputado en la Asamblea de Madrid. Su círculo lo descartó. Tal decisión sí que sería “irreversible”, un castigo muy duro para quien creen “inocente” y una cabeza demasiado valiosa para los enemigos. 'Miguel ha puesto el listón alto. Ha asumido responsabilidades políticas. Pensaban que se iba a enrocar en su puesto, o que la dirección haría lo mismo, o que criticaría al juez instructor. Pero nada de eso ha pasado', se felicitaba quien ayer le reemplazó en la tarea de dirigir la reunión, Ramón Luque. 

Porque enemigos, los hay, y ahora empieza la “guerra” contra ellos. Y están en la federación de Reneses, la madrileña, en la que antes tenía a sus aliados, el bloque de Ángel Pérez, portavoz en el Ayuntamiento de la capital. A este grupo atribuye el exnúmero dos de Lara la procedencia de la denuncia por acoso. Ayer, a nadie pasó desapercibido que ningún miembro del núcleo de la ejecutiva madrileña, ni siquiera su líder, Gregorio Gordo, apareció por la sede federal. Prueba del grado de enconamiento de los distintos bandos.

“Lo de Madrid ya es insostenible, hay que actuar ya”, repetían varios dirigentes, hastiados de las eternas luchas de poder en una federación hoy rota y, ya sí, a punto de saltar por los aires.

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