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"Los diputados de Amaiur se han comportado perfectamente, no he tenido queja de ellos"

El presidente del Congreso de los Diputados considera que las protestas cerca de la sede parlamentaria son una expresión de la democracia, pero cree que son minoritarias. Admite que hay que reformar la Constitución, el Senado y el reglamento

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Jesús Posada Moreno (Soria, 1945) es presidente del Congreso de los Diputados desde el 13 de diciembre de 2012 al inicio de la X Legislatura en la que el PP, su partido, tiene mayoría absoluta. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y economista (formaciones adquiridas en la UPM y en la UCM), tiene una extendida fama de persona de talante conciliador, tal vez por acumular una densa experiencia como político: gobernador civil de Huelva (1979-1981), procurador en las Cortes de Castilla y León (1963-1993), consejero de Fomento con Aznar como presidente de esa autonomía, sustituto de Aznar entre 1989 y 1991, senador territorial en la IV Legislatura y diputado por Soria desde 1993 hasta hoy. Ha sido, además, ministro de Agricultura (1999-2000) y de Administraciones Públicas (2000-2002).

¿Qué siente cuando miles de personas se reúnen a solo unos metros de su despacho y gritan 'no nos representan'?

Pues es un sentimiento..., hombre un poco de tristeza porque te gustaría que todos te dieran la razón... pero tampoco de sorpresa. La democracia es pluralidad, visiones distintas, incluso contrapuestas, entonces que haya un grupo, no diría que minoritario pero tampoco muy numeroso, que considere que los diputados no les representan pues, bueno, entra dentro de la salud democrática y aunque no me gusta entra en la normalidad.

En cualquier caso, ¿está fallando algo?

No, yo no creo que haya un fallo estructural. Hay cosas que no funcionan bien, que se podrían mejorar... indudablemente. Pero, insisto, no hay fallo estructural. La democracia en España es una democracia verdadera, tiene unos cauces de participación para hacer política en todos los ámbitos. Las elecciones representan lo que piensa el pueblo. La democracia, como tal, está consolidada y es buena. ¿Que podemos mejorar algo? Sí, pero cambiarla no.

Han pasado más de 35 años desde las primeras elecciones. ¿Es suficientemente conocido el trabajo parlamentario?

Quizás tuvieron mayor relevancia las cámaras parlamentarias de finales de los setenta y principios de los ochenta cuando se estaba haciendo la arquitectura democrática. Luego la creación del Estado de las autonomías ha estado ocupando mucho la atención. Sí, tal vez el trabajo del Congreso de los Diputados y del Senado no tenga la relevancia que debiera.

El prestigio del diputado está a la altura del betún. ¿Qué hay que hacer para que abandone ese sitio o no se hunda todavía más?

Hombre, yo no puedo aceptar la mayor, eso de que el prestigio del diputado esté al borde del betún. Sí es cierto que tendríamos que hacer algo porque el prestigio del diputado no está por los cielos, pero tampoco está por los suelos. Hay un tema que influye en ello, que es la crisis. La crisis es un asunto que perjudica a todos los ciudadanos y quieren que alguien les arregle la situación. La atención se dirige hacia los políticos y, más en concreto, a los diputados. Y como las cosas no se arreglan de forma inmediata pues los diputados son mal vistos. Y luego, cada vez que hay un caso de corrupción, que son pocos, quiero insistir en que son pocos (eleva levemente el tono para poner énfasis en la frase), tiene un efecto devastador para todos los diputados y no solo para los de su partido. No no, afecta a todos. Cuando ocurre una cosa de estas creo que hay que trabajar para que el prestigio suba; y en eso estamos.

Junto a ese desprestigio la imagen que se transmite del diputado es de aquella persona que pierde su tablet, hurga en un agujero de una muralla y... que cobra mucho. ¿Hay manera de parar todo esto?

¡Pues no lo sé! Claro, la noticia es que el hombre muerde al perro, no al contrario. No es noticia el trabajo legislativo del diputado. La noticia, tal vez, es el lado negativo, pero no es lo que representa en realidad, ni mucho menos.

Los sueldos.

Sí, en cuanto a que cobra mucho. Cada uno pensara lo que quiera, pero yo quiero decir aquí que un diputado, de tipo medio, con alguna responsabilidad en una comisión y que sea de una provincia fuera de Madrid, en 2012 cobra un 12% o un 13% menos de lo que cobraba en 2007, de verdad. Y luego, eso es un dato contrastado, el diputado español es el parlamentario que menos cobra de toda la Unión Europea. Ahora, siempre habrá quien diga que cobra demasiado. Eso es la democracia, que cada cual piense lo que quiera.

Usted tiene una buena imagen, de político tolerante. ¿Le va a utilizar Rajoy para prestigiar la política?

¡Hombre, qué pregunta! Yo creo que si doy imagen de tolerante es porque lo soy, y a Rajoy pienso que le gusta porque de no ser así no me hubiera propuesto para que me votaran como presidente del Congreso de los Diputados. Me conoce bien y sabe cómo me comporto; creo que respondo a lo que se pretende que se haga en esta responsabilidad.

El presidente Marín ha sido el único presidente que ha expulsado a un diputado del Hemiciclo. ¿Teme que vuelva aquel estado de cosas que envolvió aquella situación? ¿Hay riesgo?

Riesgo siempre hay. Yo espero, con toda sinceridad, que no. Llevamos un año de legislatura y cuando ha habido ocasión (de tensión) yo siempre he dado la palabra para contestar o ser contestado. Hemos encauzado bien esa necesaria tensión en los plenos, porque los plenos del Congreso no son reuniones de la cualquier academia, es otro tipo de reunión, claro. Insisto, espero que no; pero, vamos, si tuviera que actuar con dureza no le quepa la menor duda de que lo haría.

¿La apuesta soberanista del president Mas va a complicar el trabajo de la cámara?

Ya veremos. Lo que sí puedo decir es que esta cámara, como todas las instituciones, tiene que actuar bajo el imperio de la ley: La Constitución y el reglamento, que se seguirán aplicando. Vamos a ver qué ocurre, pero yo el único mensaje que mandaría a todos, a la Generalitat de Catalunya, al Parlament, y a los ciudadanos en su conjunto, es que la ley hay que cumplirla.

CiU, PNV y nacionalistas minoritarios suman alrededor del 11% de la cámara cuando las reivindicaciones de más autonomía dan paso al concepto del soberanismo. ¿Le preocupa?

A mí me preocupa desde el momento en el que el presidente (Rajoy) me cuenta cuál es la situación y recibo la opinión de todos los grupos parlamentarios, también de los nacionalistas cuyas perspectivas debo conocer. Hasta ahora han sido encauzadas. Muchos de ellos están en el Grupo Mixto y pese a la situación difícil que se creó al principio con la creación de este grupo pienso que hemos conseguido resolverlo bien para que todas las voces se oigan. No creo que el futuro vaya a ser distinto a lo que ha sido este año.

¿Cuál ha sido el comportamiento de los diputados de Amaiur? ¿Le han causado algún tipo de problema?

No. Los diputados de Amaiur, desde el primer momento, se han comportado perfectamente dentro de los parámetros que acordamos para el funcionamiento del Grupo Mixto. Yo no he tenido ninguna queja de ellos.

Como ministro de Administraciones Públicas, en 2001, hablaba de la necesidad de alcanzar una madurez en el desarrollo del Estado de las autonomías, pero no de cerrar el proceso, ya que la Constitución no es un texto cerrado. ¿Opina ahora lo mismo?

(Sonríe) ¡Claro! Es que aquella reflexión se basaba en una Constitución que es la misma, no se ha modificado en los artículos de competencias. Ahora, si la pregunta es sobre la conveniencia, creo que sería conveniente dar por cerrado el proceso, al menos políticamente. Porque, claro, el texto de la Constitución sigue manteniendo lo que mantiene.

Como presidente de las Cortes Generales, unión de las dos cámaras parlamentarias, ¿qué piensa que hay que hacer con el Senado? Hay gente que lo ve inútil y no pagaría un funeral por su cierre.

Yo no tengo esa opinión, y no sólo como presidente de las Cortes Generales. Creo que el Senado ejerce una función importante, creo que es necesario. Cumple bien su función de segunda cámara y de manera muy beneficiosa para la legislación española. Ahora bien, coincido en que no está siendo lo que hubiéramos querido que fuera: Una cámara territorial que representara de verdad las voces territoriales. Eso no lo es y entonces, ante la opinión pública, da una imagen que no refleja esa labor de segunda cámara, de segunda lectura. Eso es importante, pero se conoce poco y la sensación que da es que no es útil. El presidente del Senado ha abierto una ponencia para ver qué se puede hacer y me gustaría que tuviera éxito. El Congreso lo apoya. Pero sí, la reforma del Senado es necesaria.

¿Son buenas las mayorías absolutas para el ejercicio del parlamentarismo?

Eh, vamos a ver. Desde luego, para el Gobierno del país y en unos momentos difíciles, sin duda alguna, y lo digo con el corazón en la mano, son buenas. Visto con perspectiva, aquella mayoría del PSOE de 1982 fue fundamental para afianzar la democracia y alcanzar el progreso que tenemos. Creo que en estos momentos tan difíciles para todos los españoles esta mayoría del PP es buena para el país. Es lo que creo. En concreto para el parlamentarismo no cabe duda que las épocas de mayorías absolutas dan menos posibilidades de movimiento que cuando no las hay.

Entonces, presidente, al cumplirse el primer año, ¿se puede decir que va a ser una legislatura aburrida?

No. Que haya una mayoría absoluta no significa que sea una legislatura aburrida, ni mucho menos. Hay muchas cosas que hay que hacer por consenso. Lo he dicho y lo reitero: la mayoría absoluta permite gobernar el día a día y que se manifieste una oposición a la que no le gusta. Pero hay otro tipo de medidas importantísimas, a meses vista, para las que es necesario el consenso. Esa búsqueda de acuerdos es posible.

¿Cómo cree que se puede evitar esa imagen letal para el crédito de la cámara que ofrece el Hemiciclo con sus escaños semivacíos en sesiones plenarias?

No es fácil, porque es una imagen cierta pero no es toda la realidad. Con unos plenos muy largos, en los que en ocasiones se debaten temas muy específicos o particulares, con unos diputados que llevan una carga de trabajo de sus circunscripciones o de su grupo, pues es muy difícil pensar que va a haber una afluencia muy elevada en el pleno. Pongamos por caso un martes a las seis y media de la tarde cuando se tratan temas muy concretos que interesan a muy pocos diputados cuando tienen muchas otras cosas que hacer. A esa hora se puede hacer una foto, pero no hay que sacar conclusiones. Los diputados no se han ido al cine. Esa imagen, de verdad, no significa que los diputados no trabajen.

¿En el trabajo parlamentario debe primar el papel del grupo o el del diputado individual?

Claramente el del grupo. Tal y como está establecido en la Constitución y redactado el Reglamento, el protagonista de la vida política son los grupos parlamentarios. Y creo que es lógico que así sea: ni el diputado de a pie ni el líder. Se vota un programa electoral reflejado en unas listas que son las que integran el grupo parlamentario.

El presidente Marín fracasó, con gran disgusto, en su empeño de modificar el reglamento de la cámara. ¿Lo va a conseguir usted?

Pues no lo sé, esa es la respuesta con verdad. Yo seguí el esfuerzo del presidente Marín, extraordinario, loable, cuatro años dedicados a eso, y cuando ya se había avanzado mucho, por una cuestión de lenguas fracasó. ¿A mí me gustaría cambiarlo?, sí, ¡claro!, pero todos tenemos que aprender del pasado y yo fui testigo de esa frustración, porque esa es la palabra, del presidente Marín al no poder lograrlo y entonces no puedo asegurarlo.

¿Qué es lo mejor y lo peor del parlamentarismo español?

Lo mejor es el respeto, aunque haya gente que no lo crea, que se tienen unos diputados a otros y, en conjunto, hacia la cámara. Esa es para mí una demostración de la dignidad del parlamento español. ¿Lo peor? Pues que a veces no se presta suficiente atención a las intervenciones del resto de los grupos, se viene con las ideas preconcebidas y el esfuerzo no es tanto en atender al otro como en esmerarse en explicar lo propio. A mí me gustaría que eso se corrigiera.

¿La Constitución necesita un repaso de arriba a abajo?

Yo soy muy prudente en estas cosas. Hemos conseguido una Constitución que es de todos, aunque es verdad que hay muchas personas que no la votaron, los menores de 50 años. ¿Se puede cambiar? ¡Claro que se puede cambiar! Y hay cosas que deben cambiarse, pero yo pediría que los cambios tuvieran un apoyo similar al que tuvo en 1978. Las anteriores constituciones cayeron porque eran de una mayoría sobre una minoría, no fueron de todos.

¿Cuándo va a desaparecer el papel de la cámara? ¿Cómo va la digitalización de todos los procesos internos?

Va muy rápido. El diario de sesiones, de las comisiones y de los plenos, ya no existe en papel (se imprime un ejemplar para mantener la colección escrita del archivo de la cámara). Tengo que decir que el proceso lo impulso con cierta pena porque a mí me gusta el papel (ríe abiertamente) Pero la vida es como es.

Para acabar, una curiosidad. ¿Le sorprendió la reacción en las redes sociales tras su primer tuit con la imagen religiosa de la felicitación navideña?

Sí, sí, me sorprendió, claramente. No creo que nadie pueda sentirse ofendido por el hecho de que yo de esta felicitación de Navidad. He visto también, al final, que hay una mayoría que le parece bien y pienso que una minoría la que está en contra. Pero me sorprendió, sí, y me ratifica en lo que les digo a los diputados: el trabajo político es como cruzar las cataratas del Niágara como un equilibrista porque cualquier pequeño fallo ahora tiene una repercusión tremenda e inmediata; por lo tanto hay que poner mucha atención en lo que se dice y lo que se hace.