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Cerca de 30 parlamentarios no han presentado ninguna pregunta ni pedido informes al Gobierno en la legislatura que se cerró el pasado martes

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¿Preguntas orales al Gobierno? Cero. ¿Preguntas por escrito? Cero. ¿Solicitudes de informes al Ejecutivo? Cero.

Hasta 29 diputados en el Congreso podrían responder lo mismo, presentar idéntica hoja de servicios. Pero las situaciones no son homogéneas y las estadísticas, vistosas o no, no reflejan al cien por cien el trabajo de un parlamentario, como se esfuerzan en explicar las direcciones de todos los grupos de la Cámara.

Para medir cuantitativamente la actividad de sus señorías, basta con revisar, en la web del Congreso, la ficha personal de los 350 diputados que han acabado la IX Legislatura en el momento de la disolución de las Cortes, el pasado martes. Y contar cuántas preguntas orales, escritas y peticiones de informes han registrado en la Cámara. Son los tres tipos de iniciativas que más identifican el trabajo personal y visible de los parlamentarios y los que posibilitan hacer una primera criba.

Los datos confirman una radiografía previsible: la labor de los diputados del PP y de los minoritarios (CiU, PNV, ERC-IU-ICV y Mixto) es más intensa que la de los miembros del grupo que sustenta al Ejecutivo. Son ellos los que controlan la acción del Gobierno y los que, por lo pronto, cuentan con más herramientas a su alcance, como las preguntas orales al jefe del Ejecutivo o las interpelaciones en pleno a los ministros, vetadas para el PSOE, porque así lo quiso, por higiene democrática, José Luis Rodríguez Zapatero, a su llegada al poder en 2004.

De los 152 diputados del PP que han finalizado la legislatura, sólo una decena acumula diez o menos iniciativas. Y sólo cuatro tienen completamente a cero el marcador. En tres casos, se trata de parlamentarios que se han incorporado al Congreso tras las elecciones autonómicas y municipales del pasado 22 de mayo, con pocas semanas de las Cortes a pleno rendimiento. El cuarto, Carlos Aragonés, jefe de Gabinete de José María Aznar en sus ocho años en la Moncloa, tiene su ficha vacía: ni iniciativas ni intervenciones parlamentarias, ni en pleno ni en comisión. Nada de nada.

De 169 diputados socialistas, 24 no tiene registrada casi actividad

Entre los 169 diputados del PSOE, 24 no tienen ni preguntas ni requerimientos de informes y 69 suman diez o menos iniciativas. Pero aquí la casuística es amplia. Porque entre esos 69 se incluyen el propio Zapatero o miembros de su Gobierno con escaño a la vez en la Cámara –Elena Salgado, Carme Chacón, José Blanco–, exministros –Alfredo Pérez Rubalcaba, Miguel Ángel Moratinos, Mariano Fernández Bermejo, Elena Espinosa, Mercedes Cabrera y María Antonia Trujillo–, representantes de la Mesa del Congreso –José Bono, Teresa Cunillera y Javier Barrero– o el portavoz parlamentario, José Antonio Alonso, que no pregunta al jefe del Ejecutivo en las sesiones de control de los miércoles. Otros llegaron hace poco al hemiciclo. No obstante, la mayoría de esos 69 sí que ha intervenido los debates de pleno o comisión en alguna ocasión.

Las calvas casi no existen en los grupos pequeños, obligados a atender todos los fuegos con menos efectivos. Sólo Sagrario Guinduláin (UPN) y Fernando Ríos (Coalición Canaria), aterrizados en el Congreso en mayo y junio de este año, han llevado a la Cámara menos de diez iniciativas.

'No me oirá nadie ninguna crítica al trabajo de los diputados socialistas. Su posición es distinta'. El capote lo echa no un dirigente del PSOE, sino el secretario general del Grupo Popular, José Luis Ayllón. Pero la reflexión es compartida. 'Si estás en la oposición, tienes menos contacto con el Gobierno y necesitas hacer más preguntas e iniciativas. Pero si perteneces al grupo que apoya al Ejecutivo, tienes más comunicación con él, una relación directa, te tienes que coordinar con él –explica Mamen Sánchez, número tres del Grupo Socialista–. En las sesiones de control, por ejemplo, el diputado es libre de preguntar, pero otras preguntas te vienen sugeridas por el Gobierno'.

Los mayoritarios niegan que alojen en sus filas a compañeros vagos. Ayllón y Sánchez coinciden en que la coyuntura ha beneficiado a los portavoces del área económica, como en la pasada legislatura (2004-2008) se lucían más los encargados de los temas sociales. Y añaden que parte del trabajo de un parlamentario no es mensurable ni está bajo los focos: muchos se dedican a la fontanería, a horas y horas de negociación con otros partidos, a tareas de organización, a la reunión con colectivos. Otros se vuelcan en sus circunscripciones. En el PSOE, por ejemplo, los exministros volvieron a la Cámara 'cuando estaban repartidas todas las funciones, pero no han parado de ayudar a los portavoces de su ramo'. 'No voy a hablar de un diputado u otro. Me pongo yo de ejemplo –alega Ayllón–. No he preguntado en el pleno ni en comisión. No salgo en las estadísticas. Pero, como parte de la dirección del grupo, todo pasa por mí'.

De los 152 del PP, sólo una decena acumula diez o menos iniciativas

Sánchez relata que el trabajo fluye de arriba abajo: de la dirección del grupo a los portavoces de área y a estos se les pide que 'repartan el máximo juego posible'. 'A veces algunos diputados rechazan un tema', concede. Sin embargo, la excepción, insisten todos, no puede sustentar el tópico: 'Unos sólo aplaudirán y votarán, pero los hay altamente cualificados', justifica Francisco Jorquera, del BNG. 'Hay diputados vagos, pero muchos contra su voluntad, porque no les dejan participar', sentencia desde el PNV Emilio Olabarria. Pere Macias, portavoz adjunto de CiU, remacha la idea: en los grupos grandes hay 'parlamentarios castigados, como en su día lo fue Manuel Pizarro', el fichaje estrella de Mariano Rajoy en 2008.

Gaspar Llamazares, portavoz de IU, traza una crítica de fondo: 'Al parlamentario el Reglamento le deja la pregunta como iniciativa propia. Lo demás es visado por el grupo. Se convierte así en un escribidor. Y eso es una aberración que se hereda de la Transición, donde se temían un Parlamento inestable, a la italiana. El sistema está basado en exceso en el partido y la disciplina. Y el grupo que apoya al Gobierno se hace gregario, se convierte en una trinchera'. Jorquera avala esa lectura: 'Reducir un grupo a ser sostén del Gobierno de turno, sin que tenga mayor influencia en este, como se vio con la reforma constitucional, es criticable'. PP y PSOE frenan el argumento. 'Perteneces a un grupo y el grupo tiene que controlar: la dirección tiene toda la información. El grupo plasma su firma y responde ante la opinión pública de forma consonante y coherente', defiende Sánchez. Ayllón señala el 'debate interno' como prueba de que las decisiones, en los mayoritarios, se toman de forma mancomunada.

Los grupos insisten en que los números no sirven para medir todo el trabajo parlamentario

¿Vale como regla que los grupos pequeños trabajan más? Unos y otros lo rechazan. 'En los mayoritarios, los diputados se especializan más –indica Sánchez–. Las minorías a veces ni han podido ver y estudiar las iniciativas porque trabajan con varias al mismo tiempo. Ahí entra la solidaridad de los grandes con ellos'. Ayllón distingue: una cosa es 'estar' –y los diputados de las formaciones minoritarias 'están interviniendo constantemente'– y otra 'trabajar'.

Ocupar un escaño no es únicamente inquirir al Gobierno, pedir informes. 'Un diputado completo no es sólo uno laborioso, ni un buen orador, que también, sino el que conoce el Reglamento al dedillo, el que tiene cintura negociando', advierte Joan Ridao, portavoz de ERC. 'Hay muchas maneras de trabajar', agrega Macias. 'No me vale un diputado que haga miles de preguntas, preparadas por su asistente y repetidas, si no va jamás a las reuniones de grupo. ¿Qué parlamentario es ese? Al grupo no ha respondido', apunta Sánchez, sin descubrir el disparo. Como concierta Llamazares, importa más la 'calidad', la actividad discreta en los pasillos. Más 'difícil de evaluar', pero más ajustada al guión político real. Y pone deberes para estos cuatro años: ahondar la 'relación entre diputado y ciudadano'. Para difuminar la 'sima' entre ambos. Y para hacer caso a la voz que se oye en la calle, el 15-M.

-Tres parlamentarios del PP suman más de 20.000 iniciativas en la IX Legislatura