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Trabajar sin dotes sociales

Los autistas acceden al mercado laboral con el apoyo de preparadores y en puestos concretos

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Jorge, de 38 años, tiene sueño, pero aún así, va ilusionado a trabajar en El Garden del Carrefour de Las Rozas (Madrid). Aunque le gustan las plantas, prefiere su otro empleo en la cafetería del centro universitario La Salle, porque “hay más ambiente”. Combina estos dos trabajos con otro en el comedor de la asociación para autistas Nuevo Horizonte, donde, a pesar de su autismo, le consideran un “relaciones públicas”. Siete de cada diez personas que padecen esta enfermedad son aptos para trabajar con ayuda, según la Federación de Castilla y León.

Más allá de talleres ocupacionales y empleos protegidos, los autistas con alto funcionamiento o síndrome de Asperger (inteligencia normal pero con problemas de relaciones o comportamientos sociales inadecuados) tienen posibilidad de triunfar en el mercado ordinario. Son el 20% del colectivo (el otro 80% tiene asociada una discapacidad intelectual) y su acceso al trabajo mejora su autoestima, calidad de vida, variables neuropsicológicas y la memoria, entre otras.

Pero necesitan ayuda para meter la cabeza en el mercado laboral. La Asociación de Padres de Personas con Autismo (APNA) alerta del “poco apoyo” social y pide trabajos adecuados. “Hay una disonancia entre sus capacidades e intereses y las ofertas laborales, que se orientan más a discapacitados intelectuales”, denuncia la psicóloga de APNA, Rosa Ventoso, alertando de que la mayoría “está en su casa sin hacer nada porque no encaja en un taller de empleo”.

Los familiares de personas con autismo demandan más agentes de empleo y preparadores que consigan orientar a las empresas sobre el trabajo a ofertar y definir el perfil laboral de cada autista. En general, son las entidades privadas las que aportan estas figuras. Hay excepciones, como en Galicia, donde la asociación BATA impulsó en 2000 un servicio de inserción laboral con dinero privado, que la Xunta comenzó a financiar a los dos años.

Jorge y Ricardo, otro autista con el que trabaja en la tienda de plantas, cuentan con una preparadora laboral. Marina Jodrán presta más ayuda al segundo, de 31 años, que es “muy bueno” en labores manipulativas pero necesita que una persona de confianza le dé las claves. El objetivo es retirar el apoyo “cuando antes” y que lo reciban de cualquier compañero de la empresa, señala Ignacio Rey, coordinador de BATA. Jorge y Ricardo se llevan bien con Rafa, el proveedor de plantas, y su jefa, Mercedes, que señala que con los clientes “son muy amables” y nunca han rehecho su trabajo.

Los tiempos de retirada del preparador pueden oscilar desde los 15 días a los cuatro años. La Confederación Autismo-España lo achaca a que cada uno tiene síntomas diferentes y en distinto grado, pero agradece que el tejido empresarial permita diseñar puestos más específicos. Así, sus jornadas van desde unas horas semanales a ocho diarias. García-Villamisar defiende el “rechazo cero” en el empleo con apoyo porque cualquiera puede hacer un trabajo competitivo. Ahora, lo difícil es su “fidelización” al puesto.