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Los dudosos réditos electorales del fin de ETA

Los expertos niegan que el Gobierno pueda capitalizar el final de la violencia. La cercanía de las elecciones tienta a los partidos a incluir el terrorismo en su agenda

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El debate sobre el terrorismo ha recuperado protagonismo en el escenario político con el giro de Batasuna y las especulaciones sobre un posible final de ETA, tras su anuncio de alto el fuego el 5 de septiembre. En el fondo subyace un pulso entre el Gobierno y el PP por la incorporación del terrorismo en sus discursos y los supuestos réditos electorales que generaría la desaparición de la banda al partido en el Gobierno.

El pasado martes, el presidente del Gobierno quiso zanjar las críticas recibidas por los conservadores, después de que días atrás señalase que los pasos de la izquierda abertzale ilegalizada no serían 'en balde'. Así, José Luis Rodríguez Zapatero subrayó en el Senado que 'para que alguien vuelva a estar en las instituciones democráticas, o rechaza y condena la violencia de ETA, o ETA desaparece'. Ante la insinuación de que busca 'colgarse la medalla de poner fin al terrorismo', el presidente aseveró: 'Jamás desde que tengo responsabilidades en la vida pública he mirado la lucha contra ETA en una perspectiva política, ni a corto ni a largo plazo, y menos de interés partidista'.

Zapatero reclamó que el terrorismo quedase fuera de 'nuestra contienda política'. En las filas del PP, su líder, Mariano Rajoy, ha optado por un perfil bajo. No así otros miembros de su partido. Y la ultraderecha se ha echado a la calle para reclamar 'no más mentiras, no más treguas trampa'. Los expertos consultados por Público no sólo dudan de que en estos próximos meses el terrorismo de ETA llegue a su fin, sino también que el Gobierno pueda capitalizarlo.

Seguidor de la tesis de que 'no veremos un final de la banda sino que va a ser un proceso gradual', el profesor de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid Ignacio Sánchez-Cuenca no cree que, dada la complejidad del proceso, haya 'un momento en el que el Ejecutivo pueda reclamar' como éxito la desaparición de ETA y apuntarse un tanto. '¿Cómo podría hacerlo y cuándo?', se pregunta el politólogo.

Ruiz Jiménez no ve que el debate sobre ETA le diera al PP ventaja electoral

En esta línea, el profesor de Ciencia Política de la UNED Juan José González pone en duda que el final de la banda suponga réditos electorales para el Ejecutivo: 'No creo que se pueda atribuir a un único partido'. Principalmente, añade, porque es un objetivo 'a medio-largo plazo que no se consigue de una legislatura a otra'. Cuestión a la que no son ajenos los ciudadanos.

El responsable del gabinete de prospección sociológica de Presidencia del Gobierno Vasco, Víctor Urrutia, apunta que 'la desaparición del terrorismo, si finalmente se produce, aunque creo que estamos asistiendo a un juego de intereses de la izquierda abertzale, tendría algunos réditos, pero no serían abultados'. La razón que esgrime es que el 'hartazgo de la sociedad ante el terro-rismo' impediría que fuese tanto como algunos sugieren.

'Establecer una relación causa-efecto entre la desaparición de la banda y la capitalización del Gobierno es reduccionista', apunta Rogelio Alonso, profesor de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos, quien admite que los atentados pueden tener efectos en las elecciones. Sin embargo, sostiene que su influencia en el resultado depende 'no tanto del acto en sí como de la respuesta que den los actores políticos'. Como ejemplo, señala que en las elecciones del 14-M, lo que más influyó no fue el atentado en sí, sino la reacción que tuvieron tanto el Gobierno de Aznar como la oposición después del 11-M.

Juan José González dice que el fin de la banda no se podría atribuir a un partido

Sin embargo, en la reciente historia democrática de Es-paña, los efectos han sido diferentes. Sánchez-Cuenca recuerda que en los ochenta y la primera mitad de los noventa, 'el terrorismo no era una variable relevante', principalmente porque los ciudadanos no responsabilizaban al Gobierno de estos actos. A partir de 1996, 'los gobiernos del PP decidieron incluir la política terrorista entre las dimensiones de la competición partidista', como aprecian los politólogos José Ramón Montero e Ignacio Lago en el libro Elecciones generales 2004.

Por último, según ha analizado la responsable del área de Sociología de la Universidad Pablo Olavide, Antonia Ruiz Jiménez, el PSOE ha ido incrementando en su discurso la presencia de este tema. Con la campaña de 2008, quedó comprobado que los socialistas han 'entrado abiertamente en la competición electoral en temas que se han considerado tradicionalmente más favorables a la derecha'.

Fijándose en la experiencia británica, donde Tony Blair dimitió dos años después de que el IRA cesase la lucha armada, Alonso resalta que 'el efecto [del final de la violencia] no se mantiene constante en el tiempo'. También subraya que 'la eficacia en la lucha contra el terrorismo puede beneficiar en términos de imagen, pero no tiene que traducirse en votos'. Esto depende 'de cómo sea la gestión de los actores políticos, los medios y como se construyan los encuadres'.

La percepción ciudadana sobre la capacidad de los partidos para enfrentarse al terrorismo ha variado en los últimos años. Aunque la derecha siempre ha sido mejor percibida para encargarse de estas cuestiones, según los expertos, esa tendencia se vio alterada recientemente.

Así lo reflejan los sondeos del Centro Sociológico de Investigaciones (CIS). Desde 2006, los socialistas aventajan a los conservadores en esta materia, aunque la percepción ha ido empeorando a pesar del incremento de detenciones y la reducción de la percepción de la violencia de ETA como problema. En el barómetro de octubre, sólo el 6,9% de los encuestados señalaron el terrorismo como una de sus inquietudes.

El hartazgo social hacia ETA limita el rédito en las urnas, dice Víctor Urrutia

Después de estudiar las razones del voto en España, González resalta que la 'influencia del terrorismo es paradójica. No influye porque haya más o menos víctimas sino por cómo se debate sobre él'. En la pasada legislatura, subraya, 'el partido de la oposición consiguió colocar el terrorismo en primer plano', aunque el número de víctimas era mínimo. El discurso, remarca, giró en torno a 'si el Gobierno había vendido Navarra'.

González considera que este tema entra en campaña porque 'es fácil de dramatizar'. A diferencia de otros asuntos ideológicos, como las pensiones, que se mueven en el eje izquierda-derecha, la violencia de ETA es transversal. 'Lo importante es si el Gobierno es transparente o si miente', señala.

En este sentido, Ruiz Jiménez corrobora que 'en elecciones pasadas, especialmente las de 2004, el PP ha enfatizado el tema del terrorismo' con la creencia de que 'le resultaba beneficioso electoralmente'. Sin embargo, de sus análisis extrae que no es evidente que ese debate le 'otorgara algún tipo de ventaja electoral'. También apunta que el PSOE aumentó el volumen de su discurso dedicado a estos temas en 2008.

Visto el ruido de campañas anteriores, Sánchez-Cuenca es prudente sobre el escenario que se abre para los partidos sobre si introducir la política antiterrorista en el debate, aunque cree que los conservadores no lo han descartado. 'El nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como vicepresidente le plantea una tentación muy fuerte a la derecha' para hablar del tema, explica.

Sánchez Cuenca: 'A la derecha le interesa no desviarse de la economía'

No obstante, sostiene que pesa más el factor económico. 'A la derecha, lo que más le interesa ahora es no desviar la atención de la economía'. González incide en este argumento: 'Es la ventaja incomparable del PP, dado que la derecha siempre es mejor valorada para gestionar temas económicos'. Por ello, entiende que el terrorismo puede actuar como elemento disuasorio. Salvo si hay visos de que la izquierda aber-tzale concurra a las próximas elecciones locales y forales.

Desde el País Vasco, Víctor Urrutia estima que el acuerdo de Gobierno entre PSOE y PP es tan firme que hará que los líderes nacionales 'se tienten la ropa' antes de entrar en un debate agrio como en etapas anteriores. 'Si Rajoy o algún líder utiliza el terrorismo como un arma arrojadiza en campaña, le castigarán los electores', sostiene.