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Elección plebiscitaria

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La rutina en la cobertura de las elecciones generales quizá haya evitado reflexionar sobre un hecho que era el común denominador de las encuestas hasta ahora y que, a la luz de los datos del Centro de Investigaciones Sociólogicas (CIS) de ayer, queda en evidencia como un potente aldabonazo.

Otra vez, con el zorro y el principito de Antoine Saint-Exupéry, lo esencial era invisible a los ojos. Casi ni siquiera estamos ante unas elecciones, sino más bien ante un plebiscito, ese método tan caro a Napoleón le petit, según bautizara Víctor Hugo a Luis Napoleón Bonaparte, pero al revés en el caso del 20-N convocado por Zapatero. Unas elecciones que se vuelven consulta plebiscitaria.

La mayoría absoluta que anuncia el CIS cambia el guión de Rubalcaba

Por ello, los sesudos análisis de los sondeos, que reflejan la apuntada rutina, así como los debates televisivos, son más que nunca de cartón piedra.

Sobre todo cuando los programas de los dos partidos contendientes se están aplicando ya en una división del trabajo complementaria: Gobierno nacional y gobiernos autonómicos y ayuntamientos. Socialistas, populares y nacionalistas (CiU, más concretamente), están en lo mismo. Por encima, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, los auténticos gendarmes que velan por el orden europeo de la austeridad.

Zapatero restó ayer aún más credibilidad al candidato del PSOE

El PP necesita recortar, solo recortar, su distancia con el PSC en Catalunya, y consolidar sus avances en el frente de Andalucía. La catástrofe que anuncia el CIS en esa región va a misa. Y coincide, además, con otros sondeos que en las próximas horas se van a publicar. Por tanto, con esas dos cartas en la mano, más todas las que ya tiene en el bolsillo del resto de España, Rajoy consigue una holgada mayoría absoluta.

Y, por ello, Alfredo Pérez Rubalcaba ha cambiado su guión. A la analogía aceptada por el candidato socialista según la cual es más fácil que el Real Madrid le gane al Barça a que él logre remontar la distancia que le lleva Rajoy le sigue su presentación como candidato perdedor. Uno de los últimos recursos para sacudir la indiferencia del electorado socialista.

La conclusión sería la siguiente: Rubalcaba piensa un poco menos en el 20 de noviembre y cada vez más en el 21. Es decir, en el día después. Ahora que tenemos a Grecia en la mira, digámoslo. Rubalcaba piensa en la catarsis del PSOE: en el efecto de la tragedia sobre los dirigentes y sobre la base del partido.

El voto plebiscitario contra Zapatero-Rubalcaba que anticipan las encuestas el 20-N es un voto mixto: de castigo y desesperación. La idea es que el PSOE ha fracasado ante la principal tarea de superar o al menos mitigar la crisis depresiva de la economía española. Hay, pues, que confiar la tarea a otros a ver si lo consiguen.

El mandato sería el de acabar con la crisis. ¿Podrá hacerlo Rajoy con sus reformas? A nadie le interesa mucho. ¡Just do it!, viene a decir la gente.

Claro que, como se vio ayer en Francia, con el fracaso, y no por la Grecia de Papandreu, precisamente, de la reunión del G-20, habría que darle la vuelta a la célebre fórmula vacía que le dio la victoria a Obama para decir, como apuntaba Tyler Durden en Zero Hedge: 'No, we can't'. No, no podemos.

Zapatero, por otra parte, restó algo más de credibilidad al discurso de Rubalcaba al confirmar, una vez más, la defensa del ajuste y la austeridad. Y los compromisos para reducir el déficit fiscal.