Publicado: 04.12.2013 07:00 |Actualizado: 04.12.2013 07:00

La embajadora de la causa animal

La psicopedagoga madrileña Amanda Romero dejó de comer carne cuando conoció las entrañas de las granjas intensivas. Desde entonces, ejerce de portavoz del veganismo

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Al principio, resultaba cansino. Bastaba rechazar la invitación a una cena o ignorar la tapa del bar para que comenzase la misma cantinela. Amanda Romero (Madrid, 1987) no tenía falta de apetito ni estaba mal del estómago. ¿Eres vegetariana? ¿No comes carne? ¿Pero cómo puedes saber que no te gusta sin probarla antes? Claro que fue carnívora, pero un día lo dejó. Y sí, le gustaba. "Nada sucede de repente sino que forma parte de un proceso. A los dieciocho me hice vegetariana. Luego estuve varios años titubeando hasta que abandoné los huevos y los lácteos. Finalmente, influida por lecturas y por vídeos que reflejan la explotación en las granjas intensivas, dejé de comer carne".

Amanda es vegana desde hace un lustro. Y ya no le incomoda tener que justificarse cada vez que comparte mesa con alguien que acaba de conocer. Ahora aprovecha para argumentar por qué los humanos deben poner fin al especismo. "Es positivo que la gente pregunte y hasta que no lo entienda, pues despierta la curiosidad y supone la primera llamada de interés. En ese sentido, siento el compromiso de explicar en qué consiste el veganismo. Nuestra labor también es ser un ejemplo o, si lo prefieres, ejercer de embajadora de la causa animal", afirma con orgullo.

Consciente de que aún es un movimiento joven en España, pese a su calado en Reino Unido o EEUU, Romero cree no sólo es importante el mensaje sino la forma de transmitirlo. "Las sociedades avanzadas se alejan de la carne, hasta el punto de que el futuro pasa por hacernos vegetarianos, ya que los actuales patrones de producción y consumo son insostenibles. Aquí, en cambio, todavía estamos luchando por abolir las prácticas que implican un maltrato y una crueldad evidentes, como la peletería, los circos con animales o la tauromaquia. Sabemos que la alimentación, tan enraizada en la cultura y en las costumbres de un pueblo, es lo último que se cuestiona".

Diplomada en Magisterio de Educación Especial y licenciada en Psicopedagogía, ejerció con menores en riesgo de exclusión social hasta que concentró sus esfuerzos en el animalismo.  "En nuestro país, el discurso era muy teórico, pero debe ser pragmático para que llegue a la gente y cambie sus hábitos. Ahora bien, el veganismo, además de una práctica, también es una postura ideológica: hay que tener en cuenta a los animales en nuestras decisiones cotidianas".

Amanda recuerda que empatizamos con quien es más parecido a nosotros, por eso ellos son los últimos. "Su defensa es sinónimo del desarrollo y el bienestar de una sociedad", añade esta activista de la organización Igualdad Animal, que ha exportado su lucha embrionaria a otros países. "Es a muy largo plazo, pero la cada vez mayor responsabilidad hacia los animales ya es una tendencia", asegura esta psicopedagoga madrileña, cuyo árbol genealógico hunde sus raíces en Andalucía.

"Me gusta bajar a Sevilla o a Huelva porque siempre encuentro algún tabernero comprensivo que me prepara un plato especial fuera de carta. El factor social (es decir, comer fuera) dificulta el veganismo, aunque en Madrid cada año abren nuevos cafés, restaurantes y tiendas. Las alternativas aumentan porque los hosteleros se han dado cuenta de que somos un público interesante para sus negocios". Marchando dos con leche. "Pero de soja, por favor".