Publicado: 21.11.2012 13:00 |Actualizado: 21.11.2012 13:00

Un empresario arruinado asalta un banco para ir a la cárcel, pero el juez le pone en libertad

El fiscal consideró el hecho una falta de coacciones, y no un delito.

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Un empresario atracó el lunes la sucursal bancaria de La Caixa situada en la calle Martínez Maldonado con el objeto de entrar en la cárcel ya que se sentía ahogado por las deudas y las circunstancias personales. Sin embargo, tras ser detenido y declarar ante el fiscal, éste le puso en libertad.

Poco antes de las dos de la tarde del  pasado lunes, un trabajador de la mencionada oficina llamó a la Policía Nacional para alertar de que un hombre armado había entrado en su sucursal para atracarla. Tras esta advertencia, los efectivos de la Policía rodearon la zona y desplegaron el dispositivo habitual ante un posible atraco con rehenes.

La situación en el interior de la sucursal, según publica este miércoles el diario Sur, era completamente normal ya que los trabajadores continuaban ejerciendo su trabajo, mientras el supuesto atracador confesaba a los rehenes lo que le había llevado a atracar el banco. "Esto es un atraco", anunció mientras caminaba hasta el primer mostrador de la oficina y se dirigió al empleado que estaba al otro lado. "Voy armado pero no les voy a hacer daño ni vengo a robar nada", confesó. "Llamen a la Policía, yo solo quiero que me metan en la cárcel", manifestó el supuesto atracador, según confirmaron fuentes cercanas al caso. El intruso entró en la sucursal con la cara destapada, pero guardaba un objeto bajo su abrigo. Poco después, le pidió a uno de los trabajadores de la oficina que llamara a la Policía. Éste obedeció y trasladó el mensaje. Según relataron fuentes del caso, había más tensión fuera de la sucursal que en su interior.

Cuando los efectivos policiales cercaron la sucursal, un negociador llamó al trabajador que había dado el aviso y le pidió que le pasara el teléfono al supuesto atracador, que confirmó a los agentes su intención de entregarse. El hombre explicó a su interlocutor que iba a dejar las armas (un palo de madera de unos 60 centímetros y un cuchillo de cocina) sobre una mesa y que él iba a esperar arrodillado en el extremo contrario de la oficina. Una vez los agentes entraron en la oficina, no tuvieron ni que reducir al intruso, que les esperó arrodillado en el extremo contrario de la sucursal.

Los efectivos de la policía tranquilizaron al ya detenido, y tras la lectura de los derechos, se dispusieron a trasladarlo en un coche patrulla a la comisaría de la capital, cumpliendo una de las condiciones que había pedido, que fue que le cubrieran la cara al trasladarlo a las dependencias policiales. El hombre, de 35 años, pasó el martes a disposición del Juzgado de Instrucción número cuatro de Málaga, en funciones de guardia. Por su parte, el fiscal, tras escuchar su declaración, calificó los hechos como una falta de coacciones, en lugar del supuesto intento de robo del que había sido imputado inicialmente por la Policía.