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De empresario a sin hogar

Cada vez es más rápido el proceso en el que una persona de clase media acaba en la indigencia, según los expertos

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Juan Luis, de 49 años, vive en el centro de Madrid. Sin embargo, no lo hace en ningún edificio ni ocupa ninguna habitación de hotel. Su casa es un cajero automático. Antes era autónomo. En apenas un año, Juan Luis ha pasado de empresario en Santander a persona sin hogar en Madrid. Ana Eva, de 39 años, vive en casa de sus padres en Valencia. Tanto ella como su pareja viven de la pensión de los padres de Ana Eva. Su casa fue embargada por el banco al no poder pagar la hipoteca.

Como ellos, en España, más de nueve millones de personas (el 21,8%) son pobres o están en riesgo de caer en la pobreza. Expertos y organizaciones de ayuda alertan de que con la crisis el tiempo que pasa entre perder el trabajo y caer en la indigencia se ha acortado. La caída cada vez es más rápida. En el caso de Juan Luis fue de un año. Además, el peligro de verse en la calle ya no es algo exclusivo de los que menos tienen.

Juan Luis emigró de Santander a Madrid para ocultar a su hija que tenía que dormir en la calle

Para los expertos, lo preocupante no es sólo que la tasa de pobreza esté en el 21, 8%, sino que cuando había crecimiento económico (desde los noventa hasta la crisis) ese porcentaje se mantuvo estable y sólo dos puntos por debajo de las cifras actuales: alrededor del 19%

Luis Ayala, catedrático de Teoría Económica de la Universidad Juan Carlos I, señala: 'Esto es un claro ejemplo del problema que existe en el modelo de desarrollo social español. Hay un núcleo de pobreza que no se consigue erradicar en la época de bonanza y que durante la crisis se dispara', asevera. 'Hasta ahora la red familiar ha conseguido evitar esta caída, pero las familias ya están muy mermadas por tantos años ejerciendo de colchón y porque el paro se está cebando con los cabezas de familia', prosigue Ayala.

Juan Luis es un ejemplo del auge y caída de la economía española. Hasta hace dos años era el propietario de una pequeña empresa de limpieza de edificios recién construidos. No le faltó el trabajo nunca, según reconoce, e incluso en verano sólo disfrutaba de dos semanas de vacaciones porque 'había mucha faena'. Hoy hace de gorrilla y gana unos 20 euros al día. Nada que ver con lo que ingresaba como empresario, unos 2.000 euros al mes. Pero luego su negocio se fue, poco a poco, a pique: 'Notas cómo cada vez tienes menos pedidos, te cuesta más de lo normal cobrar los trabajos y poco después, casi sin darte cuenta, te comen los acreedores'. Hace cuatro meses, Juan Luis se vio obligado a dejar de pagar el alquiler de la casa donde residía en Santander. Entonces emigró a Madrid, la gran ciudad, en busca de una nueva oportunidad que de momento se le resiste.

Hay un núcleo de pobreza que en la época de bonanza no se erradica y se dispara con la crisis

Además, está obsesionado con el anonimato. Este hombre tiene una hija de 23 años que estudia una carrera universitaria en Logroño. 'Ella no sabe ni sabrá nunca que su padre es un vagabundo', señala. 'La veré dentro de poco en Santander, dormiré en casa de amigos y le contaré que en Madrid me va genial y que me han dado unos días de vacaciones en el trabajo', añade.

Es la hora de la cena y Juan Luis está en su cajero con un cartón de leche y unas lonchas de embutido. Comparte la cena con Dorian, un hombre de 50 años de nacionalidad rumana. Sólo tiene un diente y huele a alcohol. 'Es mi compañero de cuarto y aunque tenga esa pinta tiene un corazón inmenso', comenta Juan Luis.

El último dato de la Encuesta sobre Población Activa señala que en España hay 4.978.300 parados. Es decir, que el 21,5% de las personas con edad y dispuestas a trabajar no encuentra ocupación. Este dato, traducido a las familias, supone que 1.425.200 hogares no tienen ingresos de ningún tipo. Las familias, como le ha pasado a Juan Luis, ya no sirven de colchón económico. 'Es un indicador muy crudo de la pobreza, es el número más alto de familias sin ingresos desde que a mediados de los año ochenta el INE comenzara a registrar este dato', apunta Ayala. 'En época de crisis, los parientes suelen ayudarse los unos a los otros, pero en esta ocasión la recesión está afectando a todos: padres, madres, hermanos o hijos', advierte.

Expertos alertan de que el tejido social que se está destruyendo ahora no se podrá recuperar

Además, el catedrático señala que a diferencia de otras crisis, en esta ocasión no conseguiremos recuperar el tejido social que se está destruyendo. 'Siempre se cree que cuando recuperemos los indicadores económicos positivos todo habrá pasado, pero en una crisis de larga duración no será así', explica Ayala. 'Hay gente que quedará excluida y otra que nunca recuperará su nivel de vida anterior', añade.

Carlos es una de esas personas cuya vida no volverá ser la misma. Tiene 38 años y no tiene formación. Hasta hace poco menos de dos meses trabajaba en una pequeña tienda de flores en Madrid frente al estadio Santiago Bernabéu y vivía de alquiler. Su salario nunca fue suficiente ni siquiera para soñar con una hipoteca, pero le permitía tener un techo. Ahora duerme frente al Museo del Prado. De noche, mientras está sentado en un banco con una mochila de excursionista y escuchando la radio, se pregunta: '¿Cómo iba a pensar hace unos años que iba a acabar aquí?'. Carlos aún no ha perdido la calma. 'Pero no sé si yo acabaré algún día como muchos locos que me encuentro por la calle, desesperado y conquistado por la situación', añade.

Robert, polaco, trabajaba como carpintero y ahora es asiduo de los comedores sociales

A Carlos le importan poco las elecciones del 20-N ni lo que pase después. 'Da igual el partido político que entre, no hay trabajo. Y si se crea algo de empleo, el mercado no podrá reabsorber a los más de cinco millones que estamos sin nada. Yo creo que soy de los que he salido y nunca entraré', relata. A punto de entrar en la cuarentena, Carlos afirma que ya ha terminado de vivir: 'A partir de ahora sólo sobreviviré'. Cuando piensa en lo que ha sido su vidaCarlos ya habla en pasado recuerda que lo único que merece la pena ha sido el amor. 'Me he enamorado cientos de veces, decenas de ellas en el Camino de Santiago. Una vez fuera del sistema es lo que más importancia tiene', concluye.

Jordi Roglá, director de Cáritas Barcelona, advierte de que el problema de la crisis no es sólo económico, sino también de 'salud social'. 'Ir a comer a un centro social y depender de la beneficencia es un golpe muy duro. Hay un deterioro psíquico enorme de las personas que sufren el desempleo y que afecta a sus relaciones familiares y sociales. Esta persona nunca más volverá a ser la misma', sentencia Roglá, quien añade que una de las cosas que más le irritan es escuchar que en unos años todo será como estaba antes. 'Como si antes hubiésemos vivido en un paraíso', comenta. 'Los políticos aseguran que en tres, cuatro o siete años volveremos a como estábamos. Es decir, a un paro de dos millones de personas. ¿Nos podemos permitir esto? ¿Condenar a tantas personas a recibir la Renta Mínima de Inserción y ser pobres de por vida?', se pregunta.

1.425.200 hogares en España no disponen de ningún tipo de ingresos, ni siquiera el paro

Robert es una de esas personas que dependen de la beneficiencia. Este polaco visitó por primera vez un comedor social hace dos semanas. Hasta hace tres meses trabajaba como carpintero. 'Si la gente no compra muebles, los carpinteros no trabajamos', resume. Robert llegó de Polonia en el año 2000 en plena burbuja inmobiliaria. Con un perfecto español explica cómo trabajaba unas 12 horas al día en un grupo de 'chapuzas'. Después mejoró sus condiciones de trabajo dando forma a la madera. Robert nunca ahorró demasiado, lo mandaba todo a Polonia, para sus tres hijos y su exmujer. Hace apenas una semana dejó su vivienda en alquiler y ahora ocupa una habitación en un hostal madrileño. 'Aguantaré en una habitación mientras me quede dinero, unas dos o tres semanas más', prevé. ¿Y entonces qué pasará? Robert abre sus grandes ojos azules, se encoge de hombros y da una larga calada a su cigarro:'No lo sé'.

Entre enero y junio de 2011, los juzgados españoles han recibido más de 32.000 solicitudes de procedimientos de desahucio, según los datos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Una cifra que se traduce en una media de 175 procedimientos al día. Uno de esos casos tiene el rostro de Ana Eva. Tiene 35 años, con 25 dio el 'salto' de su vida y se compró una casa. 'Me pusieron todas las facilidades posibles, me hablaron de flexibilidad de pagos, de bajos intereses y yo confié. ¡Yo quería una casa!', recuerda. Hace seis meses Ana Eva fue desahuciada por el banco. Ahora vive con su novio en la casa de sus padres. Ambos están en paro, así que tienen que vivir de la pensión de jubilación, congelada, de los padres de Ana. 'Sino fuera por ellos estaríamos en la calle', reconoce. 'Cuando pienso en la época en que me compré la casa me acuerdo de la ilusión que tenía por vivir de manera independiente. No sé, creo que fui absorbida por una necesidad brutal de independencia', señala.

Un experto: 'Hemos empujado a muchos jóvenes a vivir por encima de sus posibilidades'

Para Jordi Roglá, la situación de estos nuevos pobres es 'moralmente inadmisible, socialmente injusta y éticamente malvada'. 'Como sociedad hemos empujado a muchos jóvenes a comprarse una casa, les hemos seducido con anuncios de familias felices y jóvenes, con el sueño americano, obligándoles a vivir por encima de sus posibilidades', explica. 'No critico que el Estado ayude a los bancos, pero ¿qué pasa con la otra parte? Con la parte formada por personas sencillas, inexpertas? ¿No hay fondo de rescate? El Estado ha permitido que se queden en la calle', prosigue.

No obstante, Roglá considera que España y Europa saldrán de la crisis. 'Saldremos, no hay dudas, pero a un precio muy alto', señala. 'Muchas personas se han quedado en la cuneta y ya nunca se reengancharán. Cuando España vuelva a crecer nos olvidaremos de ellos, giraremos la mirada al pasar a su lado y haremos como que nada de esto ha sucedido', concluye.