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A empujones para ver a Benedicto XVI

Miles de fieles dieron la bienvenida al pontífice por las calles

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Ni curas ni monjas se libraron de los empujones. En un aglomerado Paseo de Recoletos, ríos de gente circulaban con dificultad en pleno acto de bienvenida al papa. Benedicto XVI hablaba en Cibeles, pero algunos estaban a otra cosa. 'Esto parece tercermundista', se quejaba una señora. Lamentaba que la gente no atendiera a la liturgia que se celebraba en la cercana plaza de Cibeles.

Un pequeño grupo de voluntarios trataba de organizar, sin éxito, el desorden. A Conchi, estudiante mexicana de 20 años, el vaivén constante de quienes querían ver mejor la misa, no le impidió disfrutar: 'Es una bendición poder ver al papa, aunque sea en una pantalla a 50 metros de él'.

Horas antes, en la Avenida de Pío XII, otros tantos miles de personas se agolpaban para ver cómo Benedicto XVI llegaba a la Nunciatura del Vaticano, donde reside estos días. 'Mamá, mamá, Dios se ha ido ya?', preguntaba un niño a su madre minutos después de que el papamóvil pasara ante ellos. 'Sí hijo, ya se ha ido, ¿cómo te sientes?', le respondió la mujer. 'Muy bien, mucho más contento y feliz, no sé por qué', aseguró la criatura.

El ambiente festivo, con cánticos e himnos, predominó entre quienes quisieron presenciar los primeros minutos del papa en Madrid. Sobre las 13.30 horas, 13 motos y 12 coches precedían al papamóvil de Benedicto XVI. Tras el papamóvil, 29 coches de policía. 'Se nota, se siente, el papa está presente', gritaba un grupo de chicas cuando el papamóvil pasaba frente a ellas. 'Me siento mejor persona, en armonía, mi corazón está contento', reconocía Honza, un peregrino checo.

Pero algunos sintieron decepción: 'Ha pasado demasiado rápido, no me ha dado tiempo ni hacerle una foto', lamentaba una gallega que pasa estos días en Madrid con sus tres hijos. A su lado, María Jesús, de 86 años, sollozaba: 'Pensé que moriría sin ver este momento, ya puedo morir en paz'.

Menos suerte tuvieron quienes acudieron por la mañana a recibir al papa en el aeropuerto de Barajas. Muchos desconocían que era necesaria una invitación para acceder al Pabellón de Estado, donde aterrizó Ratzinger. 'Si no estás en la lista, ya puedes rezarle al papa que no entras'. Cuatro tunos, de las facultades de Agrícolas de Sevilla y de Agrónomos de Orihuela, se quedaron a las puertas por un problema burocrático. Sus compañeros sí pasaron el control. Por suerte, más tarde, sí pudieron acompañar al pontífice por las calles de Madrid.