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España acoge a un afgano de la prisión de Guantánamo

Es el tercero de los cinco reclusos que quiere enviar el Gobierno de EEUU

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Un avión de las Fuerzas Armadas estadounidenses tenía previsto aterrizar mañana por la noche en la base aérea de Torrejón (Madrid) por tercera vez en cinco meses con un preso de Guantánamo a bordo. En esta ocasión, se trata de un afgano al que el Ejecutivo español ha decidido acoger dentro del acuerdo de colaboración entre Washington y la Unión Europea para cerrar la cárcel ilegal instalada por los norteamericanos en su base de Cuba.

Al igual que los otros dos presos procedentes de Guantánamo que ya residen en España, el que llegará en las próximas horas está incluido en la categoría cleared for release (contra los que no se han presentado cargos). A partir de ahí, el Gobierno analizó su caso y concluyó que podía residir en España sin suponer un riesgo para la seguridad. Como ocurre con el palestino entregado en febrero y el yemení que llegó en mayo, el afgano no tiene vínculos con Al Qaeda ni en el historial de la CIA se le atribuyen atentados terroristas.

El preso no pertenece a Al Qaeda y no le constan atentados

En este caso, como en el resto de todos los presos acogidos hasta ahora por países europeos a excepción de dos que fueron enviados a Italia para ser juzgados allí por delitos anteriores, la llegada del afgano se enfrenta a la contradicción que supone acoger a un extranjero por motivos humanitarios, sin que tenga reclamaciones judiciales en su país de origen ni en terceros, y haciéndolo limitando sus movimientos. El Ejecutivo español optó por regularizar la situación de los presos de Guantánamo a través de la Ley de Extranjería, que en su apartado 28.2 incluye la posibilidad de aplicar una restricción excepcional para abandonar el territorio nacional por motivos de seguridad.

El reo afgano que entregará Estados Unidos fue capturado cuando combatía en su país junto a los talibanes. Como en el caso de Walid Hijazi, el palestino que llegó el 24 de febrero, responde al perfil prioritario para España en el proceso de selección: jóvenes influenciables que habían vivido un corto proceso de radicalización antes de ser capturados y a los que la brutal estancia en el penal no ha empujado a radicalizar sus planteamientos.

De lo que no se libran Hijazi ni el yemení Yasim Mohammed Basardah es de las graves secuelas psicológicas que presentan los ex presos de Guantánamo, más patentes en el caso del palestino. Sin resultar conflictivo para su entorno, Hijazi mostró un trastorno evidente desde que llegó a finales de febrero, de tal forma que las autoridades han optado por trasladarlo del hotel del norte de España al que lo enviaron a la residencia de una ONG. Al poco de llegar a España, sus cuidadores encontraron las clavijas de los enchufes de su cuarto metidas en vasos llenos de agua.

Como ocurrió con Hijazi y con Basardah, quien pondría en riesgo su vida si volviera a su país por haber colaborado con los estadounidenses, el Gobierno intentará que el afgano pase desapercibido en su destino español. Al igual que en los otros dos casos, será fundamental la colaboración de las administraciones local y autonómica y de la ONG que colabora activamente en su difícil proceso de integración, al término del cual se espera que pueda trabajar y ser autosuficiente. Mientras tanto, y al igual que el resto de acogidos, sobre él se mantiene una discreta vigilancia policial.

Los dos primeros acogidos presentan graves secuelas psicológicas 

Washington aún aspira a que España sea el país de la Unión Europea que más presos de Guantánamo acoja, un total de cinco. El acuerdo entre Bruselas y Washington alega que devolverlos a sus países de origen los expondría a riesgos procedentes de sus propios gobiernos. Así es en ocasiones, pero en la práctica hay otros motivos. Por ejemplo, la familia de Hijazi quiere que vuelva a Gaza, pero esa posibilidad se enfrentaría a la radical oposición de Israel.

En el caso de Yemen, EEUU ha interrumpido las repatriaciones después de que al menos dos antiguos reclusos ocupen ahora puestos de responsabilidad en Al Qaeda de la Península Arábiga, organización que adiestró al terrorista que intentó atentar en un avión con destino a Detroit las pasadas Navidades.