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"En España, la corrupción es vista como un problema menor"

Baltasar Garzón denuncia las consecuencias de las demoras en la Justicia

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Acusado de prevaricación en tres causas distintas, Baltasar Garzón, el juez más perseguido en los últimos tiempos, sobre todo después de querer investigar los crímenes del franquismo, reconoce abiertamente que los magistrados pueden sentirse presionados cuando tratan de luchar contra la corrupción, un ámbito asociado más que nunca a la política. En su discurso, aunque sin mencionar explícitamente al PP, pone ejemplos que evocan a los casos relacionados con este partido, como la trama Gürtel, investigada inicialmente por él. Ayer, participó en un ciclo de conferencias sobre el impacto de la corrupción económica en los países, organizado por la Escuela Andaluza de Economía. En la entrevista con Público el juez sólo admitió preguntas circunscritas al tema de su intervención.

¿En qué medida la política fomenta la corrupción?

'En el caso 'Gürtel' ha habido intereses cruzados, habrá que esperar al juicio'

No se puede hablar con carácter general, pero sin duda la política es uno de los ámbitos en los que la corrupción pública y privada, en cuanto la privada tiende a influir en la esfera de lo público, se produce. Y no ya en España, sino con carácter general en todos los países. La propia cuestión relacionada con la financiación de los partidos es un ámbito clásico. La ineficacia de las instituciones o la falta de coordinación de las mismas pueden favorecer que en determinados ámbitos, como los relacionados con el suelo o el medio ambiente, se produzca la corrupción.

¿Se puede decir que la política es una de las causas de la corrupción?

Está íntimamente relacionada con ella, pero no se puede decir con carácter general que sea la causa de la corrupción. Es más bien un ámbito en que la corrupción y, sobre todo, los grupos que la practican van a tratar de controlar, de buscar los espacios más favorables para conseguir el beneficio económico que persiguen.

'Importa no tanto el comportamiento corrupto como que te sorprendan'

Pero parece que esas actuaciones al final no tienen coste, ni político ni judicial. Es como si la sociedad estuviera acostumbrándose a la corrupción. ¿Lo cree así?

Sí, en España es curioso el fenómeno, porque las encuestas dicen que más del 60% de la población asume que la corrupción está arraigada y el 54% se muestra contrario a ella. Pero luego, en la votación en las urnas, se vuelve a elegir a aquellos que están señalados por o presuntamente por la corrupción.

¿Por qué?

'El capitalismo tiene las manos sucias, manchadas por actuaciones así'

Porque creo que hay una especie de conciencia en España no a favor, pero sí de que la corrupción es un problema menor. Importa no tanto el comportamiento corrupto como que te sorprendan. Porque también hay una inclinación individual hacia la corrupción, y también a creer que aquello que tú haces no tiene relevancia social, sino que la relevancia viene por parte de otros.

Eso es justamente lo que ha pasado, por ejemplo, con el caso Gürtel' o el caso de los trajes', ambos relacionados con el PP. Estallaron en su momento y ahora parece que se han descafeinado.

Yo no puedo hablar mucho de ese tema porque fui el juez que inicialmente llevó la investigación, pero eso suele suceder cuando las investigaciones se dilatan en el tiempo, que la sociedad pierde el punto de referencia. Y también cuando se producen informaciones muy contradictorias acerca de ese fenómeno.

¿Como cuáles?

En este caso en particular ha habido intereses cruzados muy potentes para que el mensaje no fuera el que exactamente se desprendía de la instrucción. El devenir judicial de una causa tiene su importancia y cuando se extiende en el tiempo y se trata de actividades presuntamente delictivas organizadas, se pierde esa fuerza que inicialmente tiene. En todo caso, habrá que esperar a que se visualice la acción de la Justicia en un juicio para llegar a una conclusión definitiva. Aun siendo investigaciones complejas, no pueden dilatarse en el tiempo hasta el punto de que se pierda la referencia de los hechos que se investigan.

¿Esa dilación convertiría en cómplice de la corrupción a la Justicia?

No, eso lo que demuestra es que la Justicia y sus tiempos deben ser un tema de estudio en profundidad y de resolución. La acción de la Justicia debe ser ágil y eficaz. La ultima encuesta conocida hoy [por ayer] del Consejo General de la Abogacía incide en esto. No se reprocha a los jueces que pierdan su imparcialidad, sino que las dilaciones existen y acaban produciendo una desconfianza profunda en la Justicia. Por tanto, hay que solventar eso y de una forma contundente. No se puede permitir que la Justicia esté en entredicho y, sobre todo, que no genere la confianza que los ciudadanos demandan, sobre todo teniendo en cuenta que, aunque se le puedan poner muchos peros a las encuestas, no es una encuesta sobre la situación en general del país. Normalmente, las personas que opinan sobre la Justicia es porque han tenido algún contacto con ella. No nos vale, por tanto, a los jueces minimizar la importancia de esas encuestas.

Pero partiendo de esa imparcialidad, ¿se producen casos en los que los jueces se sientan presionados por luchar contra la corrupción?

Pueden producirse, en ese y en otros muchos casos, en crímenes organizados, en crímenes que afecten a ámbitos de acciones terroristas... El problema no está ahí. El delincuente o aquel que comete hechos graves puede tener la tendencia de influir en el juez que está investigando, que está juzgando. El problema está en el juez que se deje presionar o intimidar, es decir, que no denuncie el hecho o que no se retire en el momento en que ese hecho se produzca. Consentir esa situación es lo que genera un comportamiento delictivo en el juez.

¿En qué medida el capitalismo fomenta la corrupción?

El capitalismo ha pasado de ser una especie de sistema de expropiación de bienes a ser un sistema en el que los lobbies, los grupos mafiosos, criminales, están robando los valores y por tanto hay que plantearse muy seriamente cuál es esa situación. La crisis es un buen ejemplo de ello. El capitalismo tiene las manos sucias, las manos manchadas con comportamientos no sólo de la corrupción, sino con otros que han propiciado la situación. Por tanto el cambio tiene que ser más profundo. Si sólo se combaten los efectos y no las causas, se volverá a repetir y las consecuencias serán más graves. Sí tiene una responsabilidad y, sobre todo, la tienen los que han interpretado que el capitalismo salvaje es una fórmula para solventar los problemas cuando es lo que los está generando.